BRASILIA.- La tradicional acampada anual de miles de indígenas en Brasilia arrancó oficialmente este lunes con críticas al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, por una demarcación de tierras ancestrales que consideran lenta.
Los indígenas afirmaron que están “firmes en la defensa de sus derechos”. Marcharán hasta las sedes del Ejecutivo y del Legislativo
BRASILIA.- La tradicional acampada anual de miles de indígenas en Brasilia arrancó oficialmente este lunes con críticas al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, por una demarcación de tierras ancestrales que consideran lenta.
El arribo de los pueblos indígenas brasileños a la capital de Brasil fue este domingo, 5 de abril y se quedarán en la zona hasta este próximo viernes. Entre cánticos y bailes tradicionales, indígenas de todo Brasil se concentran en el Campamento Tierra Libre para hacer llegar sus principales reivindicaciones a las autoridades.
El llamado Campamento Tierra Libre reúne a representantes de los pueblos originarios de Brasil desde 2004. Los organizadores esperan entre 7,000 y 8,000 asistentes este año, que en su mayoría hacen largos viajes en autobuses y botes para llegar a la capital.
Asimismo, Manchineri destacó la importancia de que los pueblos ancestrales estén "unidos" para enfrentar los desafíos.
En una carta publicada hoy, los organizadores valoran ciertos avances durante la administración de Lula, como la mayor presencia de indígenas en puestos de responsabilidad o las acciones para retirar a los invasores de los territorios ancestrales.
Sin embargo, dicen que estas medidas "están lejos de lo necesario" y apuntan a la lentitud en los procesos de reconocimiento de tierras por parte del Ejecutivo, a menos de seis meses de unas elecciones presidenciales que pueden alterar el equilibrio de poder.
"La demarcación tímida de pocas tierras indígenas incumple el compromiso político de garantizar todos nuestros territorios", afirma la misiva.
Esa lentitud ha llevado, según los organizadores, a un aumento de las invasiones, así como de actos de violencia e intentos de explotación de los recursos naturales en las regiones habitadas por las etnias.
En ese sentido, recuerdan la obligación del Estado para consultar a los pueblos antes de la realización de grandes obras y exigen "acción concreta" para la regularización fundiaria.
Durante la semana que dura el campamento, los indígenas discutirán sobre los mayores desafíos que enfrentan y el jueves participarán en una marcha que desfilará frente a las sedes de los tres poderes del Estado y cuyo lema este año es 'Demarca Lula: un Brasil soberano es tierra demarcada y protegida'.
Las comunidades originarias reclaman el derecho sobre tierras en el mayor país de América del Sur, frente al poderoso sector agrícola y sus aliados en el Parlamento.
El Congreso, de mayoría conservadora, aprobó en 2023 una ley que limita los reclamos de los pueblos nativos de Brasil a los territorios donde estaban presentes cuando la Constitución fue promulgada en 1988.
Los indígenas rechazan esta tesis y argumentan que muchos pueblos autóctonos fueron expulsados a lo largo de la historia de sus territorios ancestrales, especialmente durante la dictadura militar (1964-1985).
La cuestión es analizada por la corte suprema brasileña.
Mañana, martes, y jueves los indígenas van a marchar hasta las sedes de los poderes públicos en dos manifestaciones dirigidas al Congreso y a da Silva, respectivamente.
Lula gobierna con una coalición amplia que cuenta con respaldo de los indígenas, pero también incluye a sectores del agronegocio.
Los indígenas, sin embargo, exigen que el gobierno vaya más allá y demarque sus territorios.
FUENTE: Con información de EFE y AFP
