MIAMI – Daniel Ortega asume un nuevo mandato presidencial el 10 de enero y con ello inicia otro periodo en el poder, con desconocimiento internacional y aumento de la represión con 172 personas encarcelaras por razones políticas. Asimismo, dando un giro geopolítico para la nación centroamericana, una vez que restableció relaciones diplomáticas con China y afianzó su alianza con Irán y Rusia para “hacerle frente” a Estados Unidos, que sin embargo es el principal aliado comercial de Nicaragua.

Al finalizar el 2021 se contabilizaban en ese país un total de 172 prisioneros de conciencia, entre ellos los siete exaspirantes presidenciales que permanecen encarcelados, mientras crecen las expectativas de un “diálogo nacional” anunciado por el dictador para “después de las elecciones”, una propuesta que ha dividido más a sectores de la oposición, en cuanto a la participación.

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Al acercarse el acto de “investidura” de Ortega, solo 12 países del mundo han reconocido las manipuladas elecciones que tuvieron lugar en Nicaragua el 7 de noviembre: Irán, Cuba, Venezuela, Bolivia, Rusia, Corea del Norte, Vietnam, Siria, Palestina, Bielorrusia, Abjasia, Palestina y la República Árabe Saharaui Democrática, son quienes único reconocen a Ortega como presidente electo.

El académico Francisco Larios, de la comisión organizadora del “congreso de la unidad de los nicaragüenses libres”, sostiene que políticamente el régimen de Ortega es un “cascarón”, algo que considera quedó evidenciado el 7 de noviembre con el alto porcentaje de abstencionismo, que organismos que monitorearon las elecciones aseguran superó el 80%.

“El mensaje que envió el pueblo de Nicaragua al régimen y a todos nosotros es clarísimo, no queremos nada con ese régimen. Es mortal para un régimen porque nadie puede gobernar con un 90% de la población en contra de manera permanente”, afirmó.

“Por otro lado, son un grupo de gente que usurpan el poder. No es que no quieran irse, es que no pueden irse porque al abandonar el poder pueden perderlo todo, incluso la vida. De tal manera que estamos ante una situación en la cual no hay empate posible. Es una lucha a muerte porque ni el pueblo de Nicaragua puede soportar a un régimen que es como la ocupación fascista de su propio país a través de un montón de pandilleros paramilitares, ni los usurpadores pueden irse”, valoró Larios.

De acuerdo con algunos analistas, Ortega busca garantizar mantenerse en el poder ante el temor de perder las riquezas acumuladas al amparo del poder y de ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad que ha cometido durante el actual régimen sandinista, de acuerdo con investigaciones de organismos internacionales de derechos humanos.

Estilo norcoreano

Larios sostiene que lo que se viene para Nicaragua es la implantación de un régimen al estilo norcoreano, donde asegura que los nicaragüenses solo tienen dos opciones: permitir que el régimen vaya “poco a poco impidiendo el movimiento de la gente o vamos a una lucha a muerte contra la dictadura para sacarla por la fuerza. No nos engañemos”, exhortó.

En Corea del Norte se vive bajo censura, no existe respeto a las libertades fundamentales como expresión, reunión pacífica, asociación, movimiento, religión o creencias.

Para el analista, Ortega no se irá del poder por las buenas y en ese sentido crítica el diálogo que se avecina y cree que los que participen estarán legitimando la usurpación de dictador que busca limpiar su imagen ante la comunidad internacional, evitar nuevas sanciones y que le suspendan las ya designadas por Estados Unidos, la Unión Europea y otros países por corrupción y violaciones a los derechos humanos.

Algunos sectores de la oposición, como la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), que aglutina al sandinismo disidente dijo a través de un comunicado que no existen condiciones para el diálogo, pero cree que podría ser un “mecanismo para la resolución de conflictos”. Entre tanto, otros sectores como el “Congreso de la unidad de los nicaragüenses libres”, sostiene que dialogar con Ortega sería legitimar su régimen y la continuidad en el poder.

“No quiere decir que estemos empezando la organización de un Ejército, la insurrección militar. Nosotros no sabemos qué cantidad de violencia va a ver en el proceso porque ya hay violencia armada en contra del pueblo de Nicaragua, pero lo que nosotros sabemos es que la lucha es eminentemente política en el sentido de organizar, potenciar ese descontento del pueblo e ir creando gradualmente estructuras e ir creando una estrategia que vaya aumentando los golpes contra los pilares que sustentan al régimen, que incluye no solo el Ejército, al FSLN, y a grupos muy poderosos que continúan beneficiándose con los arreglos del FSLN”.

“Es una batalla muy dura la que se avecina para que el pueblo de Nicaragua tenga libertad y al menos la esperanza de construir una democracia estable”, apuntó.

Crisis económica y migración

Ortega lleva a Nicaragua al aislamiento internacional y tendrá consecuencias económicas que provocarán un mayor empobrecimiento de la población.

“Eso no quiere decir que el régimen no tenga recursos porque desafortunadamente, a pesar de toda la retórica de los poderes foráneos, le han otorgado centenares de millones de dólares. Entonces, tiene recursos para mantenerse, pero la población no tiene defensa y económicamente camina más hacia el fondo de la ruina porque la economía no puede crecer, los negocios quiebran, el dinero va para las arcas del Estado no para la población. Con la incertidumbre política, qué inversionista privado serio que no sea un corrupto en alianza con el régimen va a poner grandes cantidades de dinero en el país”, cuestionó.

Factor desestabilizador

Para Larios la agudización de la crisis económica va a propiciar la crisis migratoria. “El potencial de que la crisis nicaragüense sea un factor de desestabilización en Centroamérica es alto y eso, en mi opinión, no lo están calculando bien en Estados Unidos”.

“El país se va convirtiendo en un polvorín donde tarde o temprano se repite el ciclo que hemos vivido porque no se puede suprimir permanentemente la voluntad de la gente y como no tenemos un sistema donde la voluntad de la gente exprese que es lo que ha ocurrido en Nicaragua, cada cierto tiempo hay una guerra”, aseveró.

“Hay gente que dice que es imposible la guerra, pero nunca es imposible. La guerra es la constante ante fracasos políticos de nuestro país, y queremos evitar que se llegue a ese punto y por eso estamos haciendo todo para organizar un esfuerzo político amplio que logre ser contundente y que resuelva esto de una vez por todas”, subrayó.

La alianza de Ortega con China tras la ruptura de relaciones con su gran benefactor Taiwán, también la alianza con Rusia, y su acercamiento a Irán, tienen el propósito de crear conflictos a Estados Unidos y lleva a una conflagración innecesaria a Nicaragua, a más aislamiento internacional.

Judith Flores
@FloresJudith7
Jflores@diariolasamericas.com

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