PEREIRA — Jorge González busca con sus propias manos a su tía bajo las ruinas de un edificio de cuatro pisos en Pereira, una de las ciudades más devastadas por el fuerte terremoto en Colombia que deja al menos 240 muertos.
La ciudad devastada por el sismo quedó sin electricidad y cuenta con Internet y red de celular de forma intermitente. Las calles están llenas de vidrios y de ladrillos
PEREIRA — Jorge González busca con sus propias manos a su tía bajo las ruinas de un edificio de cuatro pisos en Pereira, una de las ciudades más devastadas por el fuerte terremoto en Colombia que deja al menos 240 muertos.
Como cientos de voluntarios y rescatistas, ha pasado horas buscando a su tía y otros sobrevivientes del sismo de magnitud 7,4 que el lunes de mañana golpeó con fuerza esta capital cafetera, a unos 320 km al este de Bogotá.
El hombre, de 35 años de edad, trabaja sin descanso sobre una pequeña montaña de escombros, pero ha perdido la esperanza de encontrar con vida a la mujer que considera como una madre. Entre pedazos de muros vio el baño “lleno de sangre” en el piso en el que vivía su tía Nubia Bonilla, de 87 años de edad.
“Desde ayer llegué y no me he ido, hasta que no me entreguen el cuerpo no me pienso ir de acá”, dice González. “Ella era lo único que tenía y se me fue, ya quedé solito”, añade con lágrimas en los ojos.
El saldo de muertos y heridos aumenta con el paso de las horas. Pereira es por el momento la segunda ciudad más afectada, después de Cali.
El presidente Abelardo De la Espriella, que asumió el poder hace apenas cuatro días, prometió llegar el martes a Pereira, de casi medio millón de habitantes, para supervisar la emergencia.
En la mañana, los pobladores regresan a sus viviendas maltrechas para rescatar algunos bienes antes de que colapsaran por completo. El agua y algunos alimentos ya escaseaban en supermercados y tiendas.
Casi toda Pereira quedó sin electricidad tras el sismo ocurrido a las 07:34 am del lunes. Sus habitantes tienen acceso intermitente a Internet y red celular. Las calles están llenas de vidrios y pedazos de ladrillos.
Es una “ciudad zombie”, opina Juan David Gaitán, de 30 años de edad.
A Jesús Piñeros el terremoto lo dejó por segunda vez sin hogar. Hace tres años llegó en autobús a Colombia huyendo de la crisis de la vecina Venezuela.
Pero con el terremoto la casa donde vivía con hermanos y sobrinos quedó en pedazos.
“Uno de migrante viene de pasar cosas fuertes allá en el país de uno y no se imagina que iba a pesar de esto”, dice este obrero de la construcción de 28 años de edad.
La familia se refugió en la casa de un familiar que quedó en pie. Varios niños duermen en colchones a lo largo de la acera, frente a la vivienda. Intentaron pasar la noche adentro, pero el techo rugió y los aterrorizó.
Cientos de viviendas colapsaron o tienen grietas. En las calles hay automóviles destrozados por paredes caídas y cables de electricidad colgando.
Piñeros asume la tragedia como un desafío para reconstruir sus vidas por segunda vez.
“Venimos desde abajo, nos toca levantarnos nuevamente igual que todos”, dice.
El aeropuerto de Pereira permanece cerrado. El transporte terrestre hasta la ciudad también enfrenta varios cierres por derrumbes.
Stella Galvis recuerda los momentos de pánico, el polvo, y ella corriendo con su niño y esposo segundos antes de que el edificio de cuatro pisos colapsara.
“Nos quedamos sin nada, lo perdimos todo”, dice en medio del llanto la contadora que vivía en una planta baja.
“Nos salvamos de milagro”, añade.
La vendedora ambulante Maribel Verano, de 46 años de edad, busca angustiada a su madre y hermana desaparecidas. Ambas estaban en un pequeño hotel que quedó reducido a escombros en una zona comercial de la ciudad.
Su madre Luz Marina, de 72 años de edad, sufrió recientemente una trombosis, y su hermana Sandra, de 38 años de edad, quedó en silla de ruedas por una meningitis.
“Espero encontrarlas con salud”, dice la mujer sin ocultar su tristeza.
La invaden los recuerdos de otras catástrofes de pesadilla, como el gigante terremoto que sacudió la misma región en 1999 y dejó casi 1.200 muertos. Y otra que le tocó vivir de niña, en 1985: la erupción del volcán Nevado del Ruiz que arrasó con un pueblo entero llamado Armero y dejó 25.000 muertos.
FUENTE: Con información de AFP
