lunes 19  de  octubre 2026
OPINIÓN

¿Por qué democracia?

Pedro Carmoina Estanga advierte sobre el debilkitamiento democrático en el mundo y el surigimiento de autocracias. Propone que en América Latina se luche por los valores democráticos

Por Pedro F. Carmona Estanga

En tiempos en que tanto se debate. Sobre el debilitamiento de la democracia en el mundo, y el auge de las autocracias, sin pretender incursionar en el terreno de los estudiosos de la filosofía política, es oportuno verter algunas reflexiones sobre los orígenes e implicaciones de ese fenómeno.

Se atribuye a Winston Churchill la CV la célebre frase pronunciada ante el Parlamento en 1947: “Se ha dicho que la democracia es el peor de los sistemas, a excepción de los demás que se han probado”. Fue una defensa realista de la democracia de parte de un hombre que vivió de cerca los totalitarismos del siglo XX, los cual llevaron al mundo a la tragedia de dos guerras mundiales en menos de medio siglo. Célebre es también su mensaje al país en mayo de 1940: “No tengo nada que ofrecer, salvo sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”.

Occidente, representado principalmente por Estados Unidos y Europa, asumió luego el papel de servir de bastión de la democracia, cuyos orígenes se inspiran en la Grecia clásica, aunque durante siglos prevalecieron formas autoritarias de gobierno, principalmente a través de monarquía absolutistas. En Estados Unidos nació la primera democracia constitucional moderna a finales del siglo XVIII. En la Europa de los siglos VIX y XX fue Inglaterra la partera del parlamentarismo moderno, dio una contribución importante a la democratización en el resto de Europa, y en Francia a raíz del pensamiento político surgido en la Revolución Francesa.

Los principios medulares sobre los cuales descansa la democracia han sido la soberanía popular, delegada en representantes que ejercen la autoridad en nombre del pueblo, la independencia de los poderes públicos: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y algo fundamental: principios y valores democráticos, entre ellos, el bien común, la libertad y el respeto a la dignidad humana.

La democracia es el sistema capaz de garantizar esos valores. No basta con el derecho al voto: la legitimidad de origen debe corresponderse con la legitimidad en el en el ejercicio de poder. La crisis actual de la democracia en el mundo parece obedecer por una parte a una crisis de liderazgo, y a los efectos nocivos de la guerra cultural imperante asociada, al relativismo y al posmodernismo, la corrupción, concentración de poder, y la pérdida de valores éticos y espirituales que van erosionando una premisa incontrovertible; que, sin valores y principios, no hay democracia duradera.

América Latina ha sufrido durante décadas largas dictaduras, entre ellas la de Trujillo en República Dominicana; Duvalier en Haití; la familia Somoza en Nicaragua; Gómez y Pérez Jiménez en Venezuela; Stroeessner en Paraguay; Odría y Velasco Alvarado en el Perú; Batista y Castro en Cuba; Castelo Branco en Brasil; Pinochet en Chile; Noriega en Panamá; Videla en Argentina y Ortega en Nicaragua. Algunos de esos regímenes contaron con el apoyo de Estados Unidos bajo las banderas de la guerra fría, teniendo como contraparte e eje soviético, cubano y chino.

Ha sido una historia de autoritarismo que han dejado un balance de privaciones, atraso y sufrimiento a sus pueblos, y de movimientos pendulares en cuanto a orientaciones políticas, influidas por la debilidad de los valores democráticos, y la tentación de gobernantes mesiánicos que buscan perpetuarse en el poder, vulnerándola la voluntad popular y la dignidad de los pueblos.

Con todo, en etapas como la de los años ochenta y noventa, privó en la región una tendencia democratizadora, como también en el presente lustro, en el que sólo destacan las autocracias en Cuba, Nicaragua y Venezuela, con esperanzas de un viraje en Venezuela.

En el caso de Europa Oriental, Asia y África es interminable el número de regímenes dictatoriales que han transcurrido a lo largo de la historia contemporánea, en unos casos impuestos por intereses foráneo, en otros por la ausencia de una cultura democrática, como se vie evidenció en el fracaso de la llamada Primavera Árabe. La excepción podría ser la India, donde tras su independencia en 1947, ha tenido continuidad la mayor democracia parlamentaria del mundo con sus 1.480 millones de habitantes.

Venezuela vivió largos periodos dictatoriales a lo largo del siglo XX, bajo el régimen de Juan Vicente Gómez (1908-1935) y otros accidentado episodios políticos, pero durante cuarenta años logró una consolidación democrática entre 1958 y 1998 convirtiendo al país en un ejemplo de estabilidad política, solo alterada por los intentos de ruptura del régimen constitucional liderados por Hugo Chávez en 1992, quién finalmente llegó al poder por medios democráticos en 1999, para luego vulnerar la democracia desde adentro.

Paradójicamente, al asumir el poder, Chávez promovió una Asamblea Constituyente que dio luz a una nueva Carta Magna en diciembre de 1999, la cual consagro principio clave que definen a Venezuela como un Estado democrático y social de Derecho, cuyos valores superiores son la vida, la libertad, la justicia, la democracia, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político. También reafirmó que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, que los órganos del Estado emanan de la voluntad popular y a ella están sometidos, declarando que el gobierno de la República será por siempre democrático electivo descentralizado, alternativo, pluralista y de mandato revocables.

La Constitución de 1999 reafirmó además el derecho a la vida, a la libertad personal como un derecho inviolable, la prohibición de la desaparición forzada de personas, el derecho pleno a la integridad personal, la prohibición de torturas y crueles, la libre expresión de pensamiento, la libertad de conciencia, el derecho a manifestar, a la participación política, y la obligación de los jueces a asegurar la integridad de la Constitución

De allí que la Carta Magna venezolana puede considerarse inobjetable en cuanto a derechos humanos y políticos, pero en los 27 años de vigencia, mientras Chávez la exhibía como la mejor Constitución del mundo, sus principios fueron quedando en letra muerta, pues en su esencia ha sido violada sistemáticamente, llevando al país a una no autocracia en la cual han germinado la corrupción, la concentración de poder, la conculcación de los derechos humanos, y el debilitamiento institucional, incluyendo el poder Judicial, y el carácter apolítico de la Fuerza Armada Nacional.

Venezuela vive ahora una oportunidad histórica, en la cual podría reencontrarse la senda de la libertad y del progreso, si en la agenda tutelada por Estados Unidos se cumplen no solo la estabilización y recuperación económica, sino la transición política de una manera pronta sincera y efectiva.

Pese a las dudas existentes, y a que hay muchos aspectos, en los cuales no ha habido cambios relevantes, como el desmonte del sistema represivo, la mesa interparlamentaria constituida entre oposición y gobierno tiene a su cargo un papel importante en la construcción de los primeros pasos hacia la reinstitucionalización del país. Se trata de la reforma del Poder Judicial, del Tribunal Supremo de Justicia, la designación de un Consejo Nacional Electoral que funja como árbitro independiente para garantizar el ejercicio de la voluntad popular, y en la fijación de un cronograma electoral que permita elecciones presidenciales y legislativas juntas justas con garantías políticas plenas, no más allá del año 2027.

Es imprescindible que más allá de los intereses económicos de Estados Unidos, antes de fines del año se hayan renovado los mencionados órganos y se rescate el clima de libertades para el ejercicio político de los líderes, partidos o movimientos de opinión, así como la libre expresión en los medios de comunicación. Ese intento no se logrará sin la libertad plena de los presos políticos, o si se obstaculiza el retorno a país de líderes fundamentales como María Corina Machado.

Hago énfasis en Venezuela, no solo por tratarse mi país natal, sino por conformar un caso emblemático donde el camino democrático se ha extraviado a lo largo de casi tres décadas, y porque su proyección internacional tiene indudable relevancia económica y geopolítica

En suma, hay que preservar la lucha por el rescate de los valores democráticos en América Latina, para convertirá a la región en bastión de la defensa de la libertad y de los derechos humanos evitando que las tendencias autoritarias o populistas de izquierda o de derecha se inclinen hacia los radicalismos. Y es que la incapacidad de los gobiernos para cumplir con promesas populistas, Y es que la incapacidad de los gobiernos para cumplir con las encuentra luego en la desesperanza, un terreno abonado a tendencia autoritaria de un signo o de otro.

Hay que estar conscientes de que las posibilidades de impulsar el desarrollo y el mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos estarán siempre condicionadas por el respeto al Estado de Derecho y al ofrecimiento de seguridad jurídica a la actividad económica y la inversión, sin abusos, sobresaltos o arbitrariedades, desviaciones que estarán más resguardadas más resguardada bajo sistemas democráticos, que ofrezcan un marco de libertades, respeto perfectibilidad y alternancia.

FUENTE: Con información de economiapce.com

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