LA HABANA.- Sentado delante de una computadora y rodeado de estantes de madera repletos de DVD pirateados de canales estadounidenses, Marcos, graduado de biología hace tres años, oferta en memorias flash, seriales de televisión, telenovelas y filmes, a media docena de clientes que revisan en una extensa lista, además de discos.

Para atenuar el calor del singular invierno tropical, un ruidoso ventilador chino en posición fija expele un chorro de brisa que los consumidores agradecen. En su tenderete, usted puede conseguir lo último en materia audiovisual producido en Estados Unidos.

“Cualquier cosa, Quantico, Presidente Designado, Lista Negra y otros que ahora mismo pasan por la televisión de USA. También copio películas de 2015, documentales y por la izquierda vendo 'pellejo'”, dice Marcos, refiriéndose a materiales pornográficos, de alta demanda en Cuba.

En los timbiriches de ventas de DVD, barberías, paradas de ómnibus y en los viejos taxis colectivos, se habla de béisbol, fútbol, la dura situación económica que vive el país y, a ratos, de Donald Trump.

Por casualidad, un cliente que desea comprar las cuatro temporadas de House of Cards, compara a Claire, esposa del ficticio presidente Frank Underwood en el serial, con el matrimonio Clinton de la vida real.

“Esa bruja se parece a Hillary. Para mi gusto, Fired y House of Cards son de los mejores seriales de la televisión americana”, alaba Marcos y enseguida se arma un debate espontáneo sobre lo que se puede esperar del próximo inquilino de la Casa Blanca.

“Olvídense de cómo serán sus políticas hacía Cuba. Trump puede ser lo peor que le puede pasar a Estados Unidos en mucho tiempo. Es verdad que la yuma es más un negocio que un país. Pero la política no es un negocio. El tipo es tonto, ególatra, y apuesta por un aislacionismo caduco. Estados Unidos va a retroceder diez años en materia estratégica y geopolítica debido a sus intenciones de aliarse con Rusia y debilitar la OTAN”, analiza Hiram, quien menudo viaja a Miami a visitar a sus hijos.

“Los cubanos vamos a tener que morder el cordobán. Este año la Ley de Ajuste Cubano se va del aire. Los que se quieran ir, que apresuren el viaje”, apunta Marcos.

Debido a la mala prensa internacional, que suele vapulear como a un muñeco de trapo a Donald Trump, un segmento amplio de cubanos intuye que se avecinan tiempos difíciles para Cuba, América Latina y el resto del mundo.

“Que Dios nos coja confesados. Pero este tipo (Trump) no es trigo limpio. Lo recuerdo de un reality que él tenía que se llamaba El aprendiz. El programa era un pujo. De verdad que al hombre le falta un tornillo. Yo no sé cómo los americanos votaron por ese loco”, se pregunta Felicia, empleada en una tienda en el oeste de La Habana.

Curiosamente, la prensa estatal todavía no ha estallado con su amplio repertorio de análisis y perfiles vitriólicos redactados por sus ‘estrellas’ amanuenses, como Iroel Sánchez o Sergio Gómez.

“Es que el gringo se está dando besitos en la boca con Putin, y como el zarecito ruso es amiguito del gobierno [cubano], hay un compás de espera, a ver qué hace Trompito”, comenta un bicitaxista en la parte antigua de la ciudad.

Para Gregory, graduado de ciencias políticas, resulta incomprensible que los medios oficiales fustigarán con extrema rudeza a Obama y hagan un silencio cómplice con “las barrabasadas que una detrás de la otra suelta Donald Trump. Un tipo errático donde los haya. En nombre de la clase trabajadora habla de hacer grande otra vez a América y, pero el men es millonario y el equipo que ha montado viene del mundo financiero o de los negocios. Allá los estadounidenses que votaron por él. Les vendió un espejismo. El pasado nunca regresa. La globalización, gústenos a o no, es un hecho. Si Trump fuera presidente en un país bananero de África o América Latina, seguro le daban un golpe de Estado”, subraya Gregory .

Desde luego, los cubanos de a pie más preocupados son aquéllos que tienen planes de emigrar o viajan frecuentemente a Estados Unidos.

“Tengo que apurar la pira (salida), pues cuando Trump se instale en Washington, la Ley de Ajuste tiene sus días contados. Según mi familia en Miami, casi todos los congresistas de origen cubano, desde Marco Rubio hasta Carlos Curbelo, quieren tirarla abajo. Si no me largo en 2017, echaré raíces en Cuba”, subraya Diosbel, 24 años, desempleado.

Muy cerca de un agromercado en la Plaza Roja en la barriada habanera de La Víbora, Carmelo insiste en que “ese tipo va a acabar con la quinta y con los mangos. El gobierno se va a lamentar de no haber cuadrado la caja con Obama. Mira cómo tiene a los mexicanos. Si a Trump le da por cogerla con Cuba, nadie nos salva de un nuevo período especial”, asegura.

Como todo lo que está de moda, a la gente le gusta opinar sobre el fenómeno Trump. Pero lo cierto es que a muchos habaneros les resultan indiferentes los tejemanejes de la política estadounidense y sus probables efectos nocivos hacia la Isla.

“A mí me da igual lo que venga. Con Bush, Obama o Trump los cubanos seguiremos igual de jodidos. ¿En qué se ha beneficiado el pueblo con el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos?", se pregunta Jorge, almacenero de una panadería en Centro Habana y el mismo se responde: "En nada, no nos hemos beneficiado en nada”.

Y es que, al margen de sus opiniones, los cubanos que desayunan café sin leche comprenden que los problemas en Cuba pasan por el Palacio de la Revolución y responden a un nombre: Raúl Castro.

Castro II es quien tiene la llave para ofrecer soluciones a los ciudadanos de su país. Si se lo propone, claro. Pero por ahora, el general-presidente se encuentra en estado de hibernación.

 

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