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ESPECIAL/LA HABANA: El año 2003 fue tremendo. En enero, el régimen de Fidel Castro acrecentó su campaña mediática contra la oposición pacífica y el periodismo libre.

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Con una sonrisa cínica, el dictador pedía paciencia a sus partidarios. Según la narrativa del régimen, el pueblo reclamaba mano dura contra la disidencia. Recuerdo que una noche, en uno de sus extensos discursos, dijo: "No debemos apurarnos, no se puede matar cucarachas (en referencia a los disidentes) a cañonazos".

Era una jugada cantada que la dictadura planificaba una amplia redada contra la oposición. Lo único que no sabíamos era el día, la fecha y el número de disidentes a encarcelar.

El extraordinario poeta y periodista Raúl Rivero, recientemente fallecido en Miami, sin una pizca de dramatismo una tarde lluviosa me dijo: “Anda con una cuchara y un cepillo de dientes en la mochila que en cualquier momento nos meten presos”.

Y no se equivocó. En la tarde del 20 de marzo, un exagerado operativo policial lo condujo a una celda en Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado.

En dos días, el 18 y 20 de marzo de 2003, la dictadura apresó a 75 disidentes, entre los cuales se encontraban varios periodistas independientes. Fueron sancionados a largas condenas, solo por tener criterios políticos diferentes.

Sus armas eran los libros y las máquinas de escribir. Años después, Rivero me contó que el sarcasmo de la autocracia verde olivo llegó al extremo, de trasladar a los presos de la Primavera Negra en ómnibus de turismo.

Los que no fuimos detenidos sufríamos de una paranoia enfermiza. Una noche, camino a casa, una patrulla sonó su sirena para que me detuviera. Palpé que tenía mi cepillo de dientes, una cuchara y el aparato de asma en la mochila. Cuando el policía me permitió continuar, respiré hondo.

Tenía miedo. Pensaba que la oposición y el periodismo libre iban a desaparecer. Cuando un periodista enviaba una nota desde la isla, no aparecía su firma. Era una manera de proteger la identidad de reporteros que en cualquier momento podíamos ser detenidos.

Pero un día me saqué de encima el policía interior que llevamos dentro todos los que vivimos en sociedades totalitarias. Y me propuse asumir abiertamente mi forma de pensar. No era un delincuente. Le dije a los editores que pusieran mi firma. A la vuelta de un par de años el número de activistas se multiplicó.

En abril de 2007 los colegas Juan González Febles y Luis Cino tuvieron la osadía de publicar un periódico disidente: Primavera de Cuba. Yoani Sánchez abrió su blog Generación Y, que tuvo gran repercusión. Paralelamente, las Damas de Blanco tenían en jaque a las autoridades cuando salían a protestar, gladiolos en mano, para exigir la libertad de sus esposos, padres, hijos o hermanos encarcelados. Eran reprimidas ferozmente. Reporte desde algunas de esas marchas.

Recuerdo que Laura Pollán y Berta Soler, cuando les preguntaba el lugar de la marcha, lacónicamente respondían: "Síguenos, por el camino te decimos".

En medio de la intensa vigilancia y represión que sufrían, las Damas de Blanco optaron por aplicar reglas elementales de la lucha clandestina. Traigo a colación esta anécdota, por dos razones: la primera, el viaje hacia la democracia es un camino sinuoso, cargado de sorpresas, decepciones y dificultades. La segunda, no se puede ser ingenuo.

La plataforma ciudadana Archipiélago, que en menos de tres meses llegó a tener más de 30.000 seguidores, casi la mitad residente en la isla, es el grupo contestatario que más seguidores confirmados ha tenido en Cuba. Algo positivo. Su narrativa socialdemócrata es compartida por numerosos intelectuales, profesionales y cubanos de a pie. Y ha sido capaz de llamar la atención de pesos pesados de la cultura cubana como Pablo Milanés, Leo Brower y Chucho Valdés, entre otros.

Yunior García Aguilera es un líder natural. La plataforma tiene una dirección colectiva y diversas voces con excelente preparación. Es una agrupación variopinta con artistas, emprendedores, médicos, abogados, estudiantes universitarios, obreros... Un auténtico ajiaco cubano.

Saben a dónde van y lo que quieren. La inesperada salida de Yunior García y su esposa Dayana Prieto hacia España, el miércoles 17 de noviembre, ha levantado una ola de comentarios dentro y fuera de Cuba. Su viaje no debiera debilitar el excelente trabajo de la plataforma Archipiélago. Al contrario.

Hay que entender la tremenda presión que debió recibir Yunior y su familia. Lo sé porque lo he vivido en carne propia. García Aguilera sufrió detenciones arbitrarias, linchamientos verbales y amenazas. Dos días antes de la Marcha Cívica del 15N le dijeron que si salía a la calle lo encarcelarían en el Combinado del Este.

Sin embrago, también es comprensible la decepción que han manifestado muchos compatriotas y activistas demócratas tras su salida de Cuba. El papel de un líder es muy importante en cualquier sociedad. Pero muchos en Cuba solemos ser demasiado apasionados con las voces más visibles de la disidencia. Se convierten en personas públicas y reciben tanto inmerecidos elogios como feroces críticas, olvidando que son personas con virtudes, valores y defectos, como todos los seres humanos.

Habrá que escuchar sus argumentos. Pero la inesperada decisión de Yunior de viajar a España con visa de turista ha dejado un mal sabor de boca en una parte de la oposición local y también en cubanos comunes y corrientes. Muchos se sienten traicionados, engañados. Un bodeguero comentó: “Gasté cantidad de dinero comprando megas para seguir a ese muchacho. Ahora mira la mierda que hizo”, como si Yunior fuera un jugador de fútbol que falla un penalti en un campeonato.

Luis Manuel Otero, Maykel Osorbo, Yoani Sánchez y otros activistas o periodistas independientes, en determinado momento han recibido insultos por una frase que dijeron. O no dijeron. Quienes se destacan, suelen ser auscultados con lupa.

Un segmento amplio de la población cubana quiere un cambio de modelo económico y político. Y apuestan por tal o más cual líder opositor como si fueran caballos de carrera. Pero la vida nos ha enseñado que el más poderoso protagonista del cambio en Cuba es todo el pueblo. Las masivas manifestaciones del 11 de julio así lo confirmaron.

La decisión de Yunior es personal y debe ser respetada. Ahora debemos multiplicar la campaña mediática para liberar a Luis Manuel Otero, Maykel Osorbo, Luis Robles, Esteban Rodriguez, Lázaro Yuri Valle Roca, decenas de activistas y disidentes y los más de 600 presos del 11J.

La pasión que genera el activismo político es un ejercicio sano de democracia. Decía Séneca: "Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le hace falta abrir la boca para caer en ella". Que no cunda el desaliento por la decisión de Yunior García de marcharse de Cuba. En Cuba hay muchos líderes. Miremos el vaso medio lleno.

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