MEXICALI.- Existe un hotel en el norte de México que alberga solo a personas deportadas de Estados Unidos y a migrantes que buscan cruzar la frontera por el "sueño americano". Se trata del "Hotel del Migrante" de Mexicali, ciudad fronteriza al sur de California.
"Los migrantes deportados son los olvidados del sistema", dice el director de la organización Ángeles sin Fronteras, Sergio Tamai, un comerciante que incursionó en el activismo social hace unos años durante la llamada "crisis de los deportados".
El inmueble de 50 habitaciones, operado por su organización, fue construido en la década de 1930. Se ubica a unos metros del punto de cruce fronterizo rodeado de bares y prostíbulos.
Durante décadas permaneció abandonado hasta que la organización Ángeles sin Fronteras decidió habilitarlo como albergue para los migrantes mexicanos que eran expulsados de Estados Unidos y no contaban con un lugar donde dormir.
El sitio tiene capacidad para 600 personas. Ante la alta demanda de hospedaje se han instalado 150 tiendas de acampar en la azotea para acomodar a más migrantes, pero con la llegada del invierno este espacio temporal deberá cerrarse.
Los activistas que dirigen el albergue temen que la situación se agrave si la administración de Donald Trump, que asumirá el 20 de enero, emprende las deportaciones que prometió durante la campaña.
En 2009 más de 600.000 migrantes fueron deportados desde los Estados Unidos hacia México. Tamai fue testigo de cómo sus compatriotas llegaban a Mexicali desorientados, hambrientos y sin un lugar donde dormir.
"Yo no podía creer que no recibieran ningún tipo de apoyo del Gobierno, luego de que enviaran a México tantas remesas", recuerda, haciendo referencia a los más de 21.000 millones de dólares que enviaron los migrantes mexicanos a su país ese año.
El hotel abrió las puertas en enero de 2010. No tenía camas, ni agua ni luz eléctrica. Básicamente se ofrecía un espacio donde dormir y una cobija para taparse. "Aun así era mejor que dormir en la calle", asegura su fundador. "Aquí no corrían el riesgo de ser asaltados o detenidos por los policías".
El abandono había devastado el inmueble, uno de los más antiguos y con más historia de Mexicali. Durante la década de 1940 -una época de bonanza de la producción de algodón en Mexicali- solía llamarse "Hotel Centenario" y hospedar a los empresarios atraídos por "la fiebre del oro blanco".
"Aquí se hospedaba gente de mucho dinero, empresarios extranjeros que venían a hacer negocios y disfrutar de los bares, las casas de apuestas y de los espectáculos con bailarinas", explica Tamai, nieto de japoneses que llegaron a Mexicali a principios del siglo pasado.
La iniciativa de Ángeles sin Fronteras fue respaldada por la sociedad civil con donativos de comida, ropa y cobijas. Con el paso de los años mejoró el estado y la capacidad del hotel hasta llegar a su capacidad actual.
La organización también ha logrado emprender proyectos productivos para reducir la dependencia de donativos, al mismo tiempo que prestan servicios de comunicación y alimentación a los migrantes a precios accesibles. En la planta baja del edificio operan un cibercafé y un restaurante de comida económica.
En la cocina está Jesús Ramírez, un migrante mexicano que vivió 45 años en Los Angeles, California, antes de ser deportado a Mexicali. Por ahora vive en el hotel y trabaja como cocinero, oficio que aprendió en los Estados Unidos.
"Yo ya no quiero regresar (a Estados Unidos), estoy aquí mientras ahorro y poco de dinero y me establezco en la ciudad", dice Ramírez, que cocina un platillo de carne con papa.
Lo acompaña en la cocina una migrante haitiana llamada Hade. Ella es una de los 3.000 migrantes provenientes de Haití que arribaron a Mexicali este año, huyendo de la pobreza que agravó en su país un fuerte terremoto en 2010.
Hade se hospeda en el hotel y trabaja también como cocinera, mientras espera la fecha de una cita con las autoridades migratorias de Estados Unidos para solicitar asilo. "Yo quiero ir allá porque quiero una mejor vida para mi familia", afirma la migrante haitiana.
Para el especialista en migración José Moreno, la situación actual para los albergues de Mexicali es difícil, pues no cuentan con capacidad suficiente para atender las demandas de los migrantes que arriban diariamente a la ciudad.
Sin embargo, su mayor temor son las deportaciones masivas que prometió Trump. "No estamos preparados ni el Gobierno ni las organizaciones ni nadie", advierte Moreno, de la Coalición Pro Defensa del Migrante.
Tamai dice que les queda claro que tienen por delante "un grave problema". El Hotel del Migrante no tendrá capacidad para atender el problema humanitario que podría estar en puerta.
También advierte de otro riesgo: algunos de los mexicanos que llegarán a Mexicali serán expulsados de cárceles de Estados Unidos. "Muchos son criminales o pandilleros, pero finalmente son hermanos nuestros, mexicanos, y tenemos que recibirlos".
FUENTE: dpa