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MIAMI.- El abogado constitucionalista venezolano, Orlando Viera Blanco, sostuvo que la solución a la crisis en su país depende de dos aspectos fundamentales: que el pueblo se mantenga en la calle hasta que caiga el régimen chavista y que la comunidad internacional utilice la herramienta de la condena para denunciar, en forma sistemática, los atropellos del Gobierno en contra del pueblo.
Viera, quien es asesor de la Asamblea Nacional, deploró la Constituyente propuesta por el presidente Nicolás Maduro, y señaló que estamentos como la Corte Penal Internacional de La Haya y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas “no pueden ser parte de una articulación burocrática y lenta”, en donde prime “la diplomacia del caviar y la champaña”, que no termina de colocar sus ojos en Venezuela.
¿Cuál sería el verdadero trasfondo de la Constituyente propuesta por Maduro?
Perpetuidad; eternizarse en el poder. Es como pretender con esto matar varios pájaros de un solo tiro. Un estado comunal puede ser muy peligroso. Esta es la circunstancia más delicada que ha vivido la República desde los tiempos de Bolívar. Aquí se está planteando el desmantelamiento institucional del estado con la creación de un poder comunal, que es la descentralización de la anarquía y, de alguna manera, del caos, donde esos soviets, o esas comunas, generarían un sistema de despojos y de disposición de la propiedad privada.
¿Esto tiene un olor a castrismo?
Peor, porque por lo menos en el castrismo sí hay una dictadura, en donde hay un dictador que, aunque se vive en una situación mísera en la isla, por lo menos garantiza seguridad, y en donde hay una cierta sinceridad sobre qué le corresponde al estado castrista como tal. Aquí no. Aquí se está descentralizando el caos. Esto es peor; aquí ni siquiera se garantiza la seguridad porque en Venezuela la garantía de vida, la garantía de la propiedad privada, de los derechos civiles han venido convirtiéndose en algo absolutamente banal para el Gobierno.
¿Está Venezuela a las puertas de un colapso total o ya está viviendo ese fenómeno?
Estamos ya viviendo un colapso que nos puede conducir a dos escenarios: un colapso que nos conduce al fin de una era, que yo califico como un accidente histórico que nos puede traer una profunda reflexión para no retornar a él, y otro colapso que puede traer la ocupación real del país hacia otro modelo peor que el que hemos vivido y que nos colocaría no solo en una situación dictatorial sino anárquica, con unos quiebres y unas fracturas sociales de profunda sensibilidad y en una situación de violencia inédita.
¿De qué forma podría solucionarse la crisis que se vive en Venezuela?
Nosotros no podemos seguir atados a los criterios tradicionales de no intervención cuando tenemos a un país ocupado, secuestrado, que no puede ejercer tal soberanía porque ni come ni vive. Entonces, la comunidad internacional sí tiene herramientas en este momento para ejercerlas en el campo de la justicia. Estamos hablando del Estatuto de Roma, de la Corte Penal Internacional de La Haya, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de toda una articulación que no puede seguir siendo pesada, burocrática, lenta; una diplomacia de caviar y de champaña, que no termina de colocar los ojos no solo en Venezuela sino en los fenómenos sociales, que como en el caso venezolano, afectan los derechos humanos. Un tema de no intervención o un derecho a la soberanía de los pueblos tiene su frontera en donde llegan los derechos humanos de esos pueblos. A partir de allí la comunidad internacional debe intervenir con mucha más fuerza, articulación y rapidez que como lo está haciendo, casi que solo y a caballo, el señor Luis Almagro, desde la OEA. Estados Unidos tiene no solamente mucho qué decir con relación a Venezuela, sino mucho de qué preocuparse.
Entonces, ¿la solución a la crisis venezolana está en las calles con el apoyo internacional?
En conclusión, es así. La indignación, el dolor, la ansiedad de cambio que vive el país va a mantener la calle viva, pero ese desbordamiento que estamos viviendo necesita del aliento que puede significar un pronunciamiento donde, por ejemplo, se formalice un movimiento desde el Consejo de Seguridad o desde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para enjuiciar por delitos de genocidio, de lesa humanidad y tortura a los actores que están en Venezuela cometiendo esos delitos, más allá de lo que ya se ha denunciado sobre el narcoestado. Ese solo pronunciamiento y esa determinación de una comunidad internacional, acompañada del pronunciamiento de democracias serias como la canadiense, que lo está haciendo con mucha fuerza, como la americana, y del mundo entero puede ser determinante en este proceso inédito que está atravesando el país.
