El deterioro estructural del régimen
La propia izquierda latinoamericana ha comenzado a admitir, aunque con vergüenza y resquemor, el carácter dictatorial del régimen cubano
El deterioro estructural del régimen
Un dramático panorama económico y social se agudiza día a día en Cuba. El régimen ha flexibilizado los controles migratorios para permitir que más ciudadanos abandonen el país. Las cifras más conservadoras hablan de un millón de personas en los últimos cinco años; otros estudios elevan esa cifra a entre 1,7 y 2 millones. En su amplísima mayoría, jóvenes.
Se trata de una válvula de escape desesperada para moderar la agitación y las protestas que se intensificaron a partir de 2021. Todo ello bajo la siempre presente represión y el control social sobre cualquier manifestación de disidencia. Los cortes de luz se han vuelto una constante creciente y solo tienden a agravarse.
La pérdida de Venezuela, la colonia más preciada del régimen carterista, constituye un golpe estructural. Durante años, Caracas entregó entre 20 y 22 mil barriles de petróleo diarios, cifra que llegó a superar los 100 mil hace una década. A ello se sumaban los miles de médicos y paramédicos cubanos que el chavismo pagaba generosamente, de cuyo monto el régimen retenía el 90 por ciento o más, además de las actividades ilícitas conjuntas desarrolladas por La Habana y Caracas. Todo ese entramado representa hoy un jaque y posiblemente un jaque mate.
Desde el inicio de su mandato en enero de 2025, Trump 2.0 dejó en claro que uno de sus principales focos, junto a las agencias vinculadas a Defensa y Seguridad Nacional, sería el hemisferio americano.
No son casuales sus reiteradas referencias a Canadá, Panamá, México, Venezuela y Groenlandia, su decidido apoyo a la Argentina, ni las sanciones a Brasil y Cuba. Ese enfoque fue articulado y sistematizado en la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 y en la Estrategia de Defensa Nacional de enero de 2026.
Las palabras se transformaron rápidamente en hechos con la quirúrgica operación militar en Caracas. A partir de allí, la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono multiplicaron sus declaraciones sobre la dictadura cubana, incluyendo la designación de La Habana como amenaza a los intereses vitales de Washington.
El objetivo es claro: consolidar y reforzar la presión económica, comercial y política sobre el régimen.
En ese marco, fue explícito el reclamo de Trump a su par mexicana para que reflexionara antes de asistir al castrismo con petróleo de origen mexicano. Desde el gobierno de Morena se respondió que, por el momento, no se enviaría energía, aunque sí ayuda humanitaria.
Sin embargo, cabe preguntarse si el gobierno mexicano no quedaría mejor posicionado frente a la historia y frente a su relación estructural con Washington liderando un esfuerzo regional orientado a facilitar la transición política de la isla hacia mayores grados de libertad y respeto a los derechos humanos, en lugar de convertirse en un tardío soporte respiratorio de la dictadura.
La propia izquierda latinoamericana ha comenzado a admitir, aunque con vergüenza y resquemor, el carácter dictatorial del régimen cubano. El último en hacerlo ha sido el saliente presidente Boric de Chile.
Respecto de Lula y su gobierno, puede plantearse una reflexión similar. Un Brasil que abandone la postura de justificar o sostener discursivamente al castrismo y que, en cambio, contribuya a una apertura política en Cuba alteraría significativamente el equilibrio regional.
Desde luego, esta sería una tarea compleja y políticamente dolorosa para Lula, antiguo aliado de Fidel Castro y socio en la creación del Foro de São Paulo tras el colapso de la Unión Soviética. No se trata de un simple giro táctico, sino de una redefinición histórica.
Tanto México como Brasil enfrentan una decisión estratégica.
Quienes hoy ocupan posiciones de poder en México y Brasil podrían cometer un serio error de cálculo si interpretan la ofensiva de Washington como algo transitorio o como un mero capricho de Trump y Rubio. Suponer que bastará un poco de cronoterapia para que todo vuelva a la normalidad y se retome la convivencia pasiva con una dictadura en la región podría resultar una apuesta equivocada.
Los próximos meses y años demostrarán si esa lectura es viable o si, por el contrario, estamos ante una reconfiguración más profunda del orden hemisférico.
Porque cuando una potencia decide redefinir su perímetro estratégico inmediato, no suele tratarse de un episodio. Suele tratarse de un ciclo.
Y los ciclos históricos rara vez esperan a quienes dudan demasiado.
Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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