Tanto el pronóstico como la evolución de este tipo de tumor suelen ser favorables y la mayoría de ellos desaparecen espontáneamente
El origen de los angiomas es desconocido, aunque existen distintas teorías. (ARCHIVO)
Un angioma o hemangioma es una lesión rojiza, constituida por pequeños vasos sanguíneos, que se agrupan, formando un tumor benigno, que puede localizarse en cualquier área de la superficie cutánea, así como en la boca, la nariz, la vagina o el ano. Estos tienen un tamaño variable, y pueden ser planos o elevados. n
El origen de los hemangiomas es desconocido, aunque existen distintas teorías al respecto.
Una de ellas, refiere que estos son producto de pequeños trozos de placenta que se quedan adheridas a la piel del bebé; otra, que resultan de la falta de oxigenación de los tejidos durante el desarrollo embrionario, sin embargo, ninguna resulta concluyente.
Además, alrededor de los angiomas se tejen muchas historias y supersticiones, en las que se afirma que son producto de sustos, heridas, brujerías, golpes o medicamentos administrados durante el embarazo. n
Lo que si se ha confirmado, es que se trata de una anomalía en el desarrollo de ciertos vasos sanguíneos, que no tiene carácter hereditario, y que puede afectar a cualquier bebé, siendo muy poco frecuentes en adultos.
La incidencia de estos tumores benignos, a nivel global, está en el orden del 8 al 10% de los lactantes, en el caso de las niñas, los prematuros y los recién nacidos de bajo peso al nacer, las probabilidades se triplican. n Planos y sobreeleveados n
Básicamente, existen dos tipos de angiomas: Por una parte, están los llamados de fresa y cavernosos, estos suelen sobresalir de la epidermis, los primeros, son los más frecuentes y miden entre 2 y 5 cm de diámetro; mientras que los segundos deben su nombre al hecho de que los vasos estén agrupados debajo de la piel, otorgándoles un aspecto elevado y de color azulado, no tienen márgenes definidos, pueden variar de tamaño y adoptar un aspecto blando o colgante. n
Por otra parte, están las malformaciones vasculares, que incluyen el nevus flameus o mancha salmón, y la mancha en vino de oporto.
Los que corresponden al primer grupo, suelen ser lisos, y están al mismo nivel que la piel que los rodea, se trata de lesiones vasculares con tono rosado, en la que se pueden apreciar pequeños vasos capilares, y generalmente se localizan en la frente, dorso de nariz y región occipital. n
Mientras que la mancha en vino de oporto, es más bien una malformación vascular infrecuente de coloración violeta, que se localiza habitualmente en la cara y cuello, esta puede ser suficientemente pequeña para cubrir solo la mitad de un labio, o tan grandes como para cubrir toda la cara o parte del cuerpo. n Más que un problema estético n
Los angiomas o hemangiomas, aun siendo benignos, no son una banalidad o un problema simplemente estético, pues muchos de ellos resultan desfigurantes, distorsionando completamente el aspecto físico del niño y causando, en ocasiones, problemas como: dificultades permanentes de visión, compresión de las vías aéreas y limitaciones para la succión, además, muchos de ellos provocan un dolor intenso. n
Si bien, no suponen un riesgo vital, ni comprometen la función de algún órgano, afectan el desarrollo psicológico del niño, generando una sensación de inseguridad sobre su imagen, que lo acompañará hasta la vida adulta.
Por eso, es importante consultar con el especialista acerca de cómo enfrentar la presencia de estas marcas. n
No en todos los casos es necesario aplicar algún tipo de tratamiento, porque se trata de tumores que desaparecerán con el tiempo, sin embargo, en algunos casos se toman medidas cuando el niño llega a la edad escolar, especialmente si se trata de hemangiomas planos en la cara, pues estos deben corregirse a muy temprana edad, siendo los métodos más aplicados, el láser, la crioterapia y los medicamentos betabloqueadores, como propanolol.