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Leonardo Docarmo y Julia Fernández se conocieron hace 20 años en un gimnasio de su natal Venezuela y en ese momento no les pasó por la cabeza que sus vidas, en un futuro lejano, viviendo en otro país y acostumbrándose a otra cultura, estarían unidas no sólo por un lazo sentimental sino también por la franquicia de un negocio que, en corto tiempo, ha sido exitoso en Miami.

Los dos conforman una pareja moderna, alegre, amable. Cuando él habla de un asunto, ella lo complementa o viceversa. Están compenetrados de tal manera que ambos creen que si Hugo Chávez no hubiera llegado al poder en Venezuela, y su país no estuviera en bancarrota por los desatinos del mal llamado “socialismo del siglo XXI”, todavía estarían en Valencia, la ciudad del estado Carabobo que los vio partir hace un año y medio con más sueños que realidades.

Leonardo incursionó en el mundo del fisicoculturismo cuando tenía 15 años, más que todo como una afición. Sus anhelos de tener una mejor vida estaban depositados en una empresa familiar dedicada a la metalurgia, en la que su padre y dos socios invirtieron tiempo y esfuerzos. Cuando su padre falleció, él quedó encargado de la parte de la sociedad que le correspondía a la familia.

Pero el gusanito del fisiculturismo seguía recorriendo las venas de Leonardo. Fue así como participó en varios cursos de fisicoculturismo en su país y se entrenó día y noche para asistir a competencias donde obtuvo importantes distinciones. Después de largos días de sudor y esfuerzo, una noche comprendió que del mundo de los metales en la empresa familiar al de las pesas sólo había un paso. Y no un paso cualquiera, sino uno que representaba un salto largo a otro país.

Julia es abogada y ejercía su profesión como una de las mejores, pero la corrupción que llegó junto con los “cantos de sirena” del chavismo hizo que el derecho se convirtiera en una actividad torcida en la ciudad de sus padres y abuelos. Sentía miedo por su vida. Entonces se entregó por completo al gimnasio. Leonardo ya era su esposo, socio y compañero en las buenas y en las malas.

La situación en Venezuela empezó a empeorar. Algo rápido pero acertado tenían que hacer. El hijo de la pareja, Diego, un niño juguetón que hoy tiene 7 años, ya empezaba a golpear sacos de arena atraído por el karate y comprendieron que debían tomar las mejores decisiones para el futuro del pequeño.

No había otra alternativa. Estados Unidos se les aparecía en sueños como una nueva oportunidad para crear empresa. Al principio pensaron en abrir un gimnasio en compañía de un amigo. Sin embargo, el proyecto no prosperó. En otro viaje de turismo se reunieron con el propietario de 9Round, en Carolina del Sur. Ambos coinciden también en que, de inmediato, quedaron enamorados del negocio.

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Una mañana recogieron sus pertenencias y abordaron un avión dejando atrás la otrora próspera nación que los vio nacer. Más tarde, su empresa comenzó a funcionar y se ha convertido en una historia de éxito en el suroeste de Miami, por tratarse de un gimnasio no convencional que incluye en nueve rounds (de ahí el nombre) técnicas de boxeo y kickboxing, el trabajo con pesas y el fitness.

Si Leonardo y Julia tienen algo bien claro es que trabajan duro por brindarle salud a la gente, además de poner a sus clientes en excelente forma. Entre sus proyectos futuros está abrir otra sede de la franquicia en otra zona de Miami.

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