BUENOS AIRES.- El peronista Alberto Fernández juró el martes como presidente de Argentina ante el desafío poner de pie a un país “postrado” y proteger “a los más débiles” y la advertencia a los acreedores de que no están dadas las condiciones para cumplir con las obligaciones de deuda.

En un discurso ante el pleno de la Asamblea Legislativa, Fernández enumeró varias de sus metas, como el combate al hambre en el marco de un escenario de pobreza que afecta a más de 35% de la población y reformas en los cuestionados sistemas de justicia e inteligencia para poner fin a las “persecuciones”, esto en defensa exfuncionarios y la actual vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, que enfrentan procesos por corrupción, a lo que el nuevo presidente le da por llamar "persecución".

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El dirigente asumió el cargo marcando el regreso del peronismo al poder tras cuatro años de ser oposición al mandatario saliente, el conservador Mauricio Macri. Luego hizo lo propio la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) jurando como vicepresidenta.

Macri se transformó en el primer mandatario no peronista que completa su mandato desde el nacimiento del movimiento populista fundado por Juan Domingo Perón en 1945.

“Han pasado cuatro años difíciles... escuchamos decir que nosotros no volvíamos más, pero volvimos y vamos a ser mejores”, dijo Fernández desde un escenario montado en la Plaza de Mayo, donde se encuentra la casa de gobierno, y frente decenas de miles de militantes peronistas, miembros de organizaciones sociales y familias con niños.

Según Fernández, de 60 años, la primera reunión de su gobierno abordará un plan integral contra el hambre y sus políticas estarán dirigidas a alcanzar “el desarrollo con justicia social”, para lo cual descartó el modelo de ajuste de su antecesor, que llevó al país a su estado de “fragilidad”.

“Vamos a trabajar todos juntos... para que nunca más falte un plato en la mesa de los argentinos, vamos a poner fin al hambre, saber que hay un argentino que pasa hambre es algo que debe avergonzarnos”, sostuvo el mandatario con un tono encendido a la multitud que lo aclamaba.

En tanto, la vicepresidenta señaló que su compañero tiene por delante una tarea muy dura. “Le han dejado un país devastado, tierra arrasada, pero sé que tiene la convicción para cambiar esta realidad tan fea... tenga fe en el pueblo... y sepa que este pueblo maravilloso nunca abandona a los que se juegan por él”. dijo Fernández, señalada de ser la responsable dejar un país en crisis económica durante su mandato presidencial previo al de Macri.

Inmersos en un calor asfixiante, los simpatizantes celebraron previamente en un festival de música organizado en la Plaza de Mayo la llegada de Fernández al poder. Muchos asistentes llevaban camisetas que rezaban “Alberto presidente”, “Volvimos” y “Capitán Beto” en referencia al mandatario.

La docente Inés Campagnoli, de 52 años, dijo a The Associated Press que viajó cuatro horas en auto desde su provincia de Entre Ríos para sumarse al festejo.

“Confiamos en ellos, sabemos que tienen un proyecto que es muy viable. Lo más importante es que todos podamos vivir una democracia más justa con las riquezas compartidas”, dijo.

La mujer se lamentó de que “muchos chicos padecen el hambre porque los alimentos son caros”, pero se manifestó confiada de que “el presidente y Cristina van a mejorar la situación”.

En el complicado contexto económico y social existente, el mandatario indicó en su discurso que su gobierno buscará una relación constructiva con el Fondo Monetario Internacional y otros acreedores. Acotó que se va a encarar el pago de deuda, pero advirtió que “para poder pagar hay que crecer primero”.

“El gobierno que acaba de terminar su mandato ha dejado al país en una situación de virtual default”, afirmó Fernández, quien puntualizó que las premisas bajo las que asumirá “toda negociación de deuda” serán la “seriedad en el análisis y responsabilidad en los compromisos que se asumen para que los más débiles dejen de padecer”.

A la espera de señales están los acreedores externos del país, entre ellos tenedores de bonos y el Fondo. Se estima que la deuda total asciende a unos 100.000 millones de dólares y varios vencimientos están pautados para 2020.

La titular del FMI, Kristalina Georgieva, felicitó a Fernández y manifestó su disposición a colaborar. “Compartimos plenamente su objetivo de adoptar políticas que reduzcan la pobreza y fomenten el crecimiento sostenible. El FMI sigue comprometido a ayudar a su gobierno en este esfuerzo”, dijo.

Fernández enumeró algunos de los problemas que heredó: una inflación -que se prevé de 55% a fin de año- que es la más alta de los últimos 28 años y una pobreza que está en los valores más altos desde el 2008.

También hizo un llamado a la unidad nacional y pidió "superar el muro del rencor" producto de la polarización política de los últimos tiempos. "Vengo a convocar a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un nuevo contrato social que sea solidario", dijo.

Para diferenciarse de la imagen de corrupción que ha salpicado la gestión de la exmandataria y ahora vicepresidenta, el gobernante adelantó que impulsará la “absoluta transparencia de los recursos destinado a la obra pública”.

El juicio

Fernández de Kirchner afronta un juicio por la supuesta asignación arbitraria de obras viales a un empresario allegado y está procesada en otras causas judiciales por presunta corrupción.

El mandatario también anticipó que enviará un proyecto al Congreso para reformar la justicia y evitar así las persecuciones promovidas por el poder político y derogará un decreto firmado por Macri en 2016 que dispone que el presupuesto de la Agencia Federal de Inteligencia es secreto. "Esos fondos serán para financiar el plan del hambre", afirmó.

Fernández ha dicho, en consonancia con lo que sostiene su vicepresidenta, que ella es víctima de los ataques arbitrarios de jueces que han sido presionados por el gobierno saliente.

La influencia de la exmandataria en el nuevo gobierno es uno de los grandes interrogantes que despierta la administración de Fernández.

Fernández de Kirchner, de 66 años, sacudió el tablero político en mayo cuando, en medio de un panorama judicial complicado y viendo que carecía de un apoyo popular holgado, declinó postularse a la presidencia en las elecciones de octubre y promovió la candidatura de Fernández, su exjefe de gabinete de ministros.

Como vicepresidenta, Fernández de Kirchner será primera en la línea de sucesión y la titular del Senado.

Fernández se destaca por su perfil moderado y su conocimiento del Estado tras ser jefe de gabinete de Néstor Kirchner (2003-2007) y durante una parte del primer mandato de su esposa y sucesora.

Asume en una región convulsionada por las protestas sociales y en la que prevalecen presidentes de línea conservadora, como el caso de Jair Bolsonaro en Brasil, Sebastián Piñera en Chile y el recién electo Luis Lacalle Pou en Uruguay.

En un gesto de distensión hacia el vecino país luego de los cruces que mantuvo con Bolsonaro, Fernández manifestó su voluntad de fortalecer la relación estratégica más allá de las diferencias personales. El mandatario brasileño no asistió a la toma de poder pero envió al vicepresidente Hamilton Mourao.

A la ceremonia también asistieron el presidente paraguayo Mario Abdo Benítez, el mandatario saliente de Uruguay, Tabaré Vázquez, y su sucesor, y el cubano Miguel Díaz-Canel. A su vez se encontraban presentes los exmandatarios de Ecuador Rafael Correa y de Paraguay Fernando Lugo.

En nombre del régimen venezolano de Nicolás Maduro estuvo Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación. Fernández ha criticado la línea dura de la política exterior de su antecesor contra Venezuela y adelantó que no interferirá en sus asuntos internos.

FUENTE: CON INFORMACIÓN DE AP

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