La programación genética de las personas las manda a comer cuanto puedan. Si nuestros antepasados hubieran estado programados de modo de comer de forma medida y variada, lo más probablemente es que se hubieran extinguido. Y es que, si bien hoy en día vivimos en sociedades con excesos de comida, antes no era así. Pero en esto reside justamente el problema: la oferta permanente de comida vuelve difícil la disciplina.

Perder peso no es tan fácil, sobre todo para las personas que usan la comida para manejar sus emociones. Quien come porque está enojado o triste muchas veces tiene dificultades para decidir cuándo acabar.

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Sin embargo, a veces también hay motivos corporales que hacen que el peso sea una carga. Las alteraciones hormonales, como los problemas con la glándula tiroides, pueden complicar mucho la pérdida de peso. Algunos medicamentos también pueden mover la aguja de la balanza. Y a veces hay una predisposición familiar que tiene que ver lisa y llanamente con la genética.

Si se tiene mucho sobrepeso, lo mejor es buscar ayuda en un especialista. Una recomendación inicial de muchos nutricionistas para las personas que desean bajar de peso es que lleven un diario. Allí, la persona que quiera perder peso tiene que anotar qué y cuándo lo come. No se trata solo de "cambiar el chip". Las personas no somos máquinas que modifican actitudes con sólo mover una palanca. La alimentación es un proceso dinámico. Por eso, lo ideal es preguntarse: "¿Qué me es importante, dónde puedo decir que no, qué puedo reducir? ¿Qué costumbres alimenticias tienen que ver conmigo y con mi vida?".

Lo mejor es ir dando pasos pequeños y no exigirse demasiado ni de menos. Nuestro sistema límbico pide recompensa. Y la comida es una de las formas más simples de gratificarse. Si se renuncia a ella, hay que ofrecerle un reemplazo al cuerpo y al espíritu, como leer un buen libro o encontrarse con amigos. O reemplazar cantidad por calidad: mejor una barrita de cereal que un chocolate entero.

Los expertos coinciden: cuando la gente dice "he intentado de todo pero no bajo de peso", por lo general tiene que ver con que han probado lo que no sirve. Las dietas restrictivas que indican comer la mitad o sólo un alimento determinado no sirven de nada. El cuerpo necesita una alimentación equilibrada para perder peso de forma duradera.

Equilibrada significa verduras y nueces en la cantidad que se desee, proteínas, no demasiada carne e hidratos de carbono. Las grasas "buenas" como el aguacate y el aceite de oliva están permitidas y reemplazan los hidratos de carbono y las grasas animales.

Para saber cuánto peso hay que medirse la cintura, ya que su ancho es decisivo. Para las mujeres, el máximo debe estar por debajo de los 88 centímetros, para los hombres bajo los 102. Toda cifra superior indica que hay adiposidad, ya que la grasa que enferma se ubica en la mitad del cuerpo.

FUENTE: DPA

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