MIAMI.- Según datos de la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay en el planeta alrededor de 580 millones de personas con más de 65 años de edad, y las estadísticas indican que esta cifra aumentará inexorablemente. De hecho, se calcula que para el año 2020, habrá 1.000 millones de ancianos en el mundo.

Esta realidad se ha convertido en motivo de preocupación para una comunidad internacional centrada en las limitaciones asociadas a la vejez, que se sustentan en una serie de falsos mitos que menosprecian esta etapa de la vida olvidando que el envejecer es un proceso natural, un camino que todos tendremos que recorrer.

Viejo es igual a enfermo

Uno de los más grandes mitos es el relacionar el envejecimiento con la enfermedad, un grave error considerando que si bien el paso de los años implica una disminución de las capacidades físicas, sensoriales y cognoscitivas del ser humano, no es directamente responsable por la aparición o el desarrollo de padecimiento alguno.

El creer que todas las personas mayores son iguales, es otra equivocación, pues se trata de un grupo heterogéneo, porque cada quien envejece a su manera y en función a diversos factores entre los que destacan el género, la raza, la cultura a la que pertenecen, y lo más importante, los hábitos que lo acompañaron a lo largo de su vida.

Se cree también de forma errónea que los hombres y las mujeres envejecen igual, esta es sin duda una falsa premisa, pues está científicamente probado que ellas son bastante más longevas que ellos por razones biológicas.

Gente capaz y productiva

Otra gran mentira es que tras superar la barrera de los 65 años de edad y como consecuencia del deterioro físico natural, nos volvemos improductivos. En Estados Unidos, por ejemplo, más de tres millones de personas que forman parte de este grupo etario están implicadas en actividades voluntarias en escuelas, facultades, instituciones religiosas, organizaciones sanitarias y actividades políticas; y es bastante común que una vez retirados, quienes alcanzaron un nivel de experticia en su carrera profesional se conviertan en consejeros de numerosas instituciones.

Aunque ciertamente muchos deben asumir el retiro o jubilación por presión social, la mayoría de las personas mayores continúa trabajando, con remuneración o sin ella, y por tanto representan una contribución económica importante para la sociedad.

Sociables y sexuales

Una de las realidades más dura a las que se enfrenta el ser humano cuando supera la etapa adulta es el aislamiento social, que se han empeñado en decir es propio de la vejez, una postura equivocada porque lo cierto es que precisamente la sociedad la que limita la participación de las personas mayores. También se le adjudica a quienes envejecen un carácter inflexible, pero eso no es producto de la edad, sino de su personalidad.

Y finalmente, el tema de la vida sexual en la tercera edad es otro mito, porque la ciencia ha demostrado que es posible llevar una vida sexual activa, saludable y plena en la madurez, porque a pesar de que ciertamente disminuye la potencia sexual, el deseo sexual nunca desaparece.

Las personas mayores lejos de ser frágiles, mantienen una elevada capacidad funcional, y eso es algo que como sociedad no deberíamos olvidar.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario