Tener que cambiar pañales y amamantar es un cambio radical cuando uno llevaba una vida de mil correos electrónicos, videoconferencias y multitasking. Para la mayoría de las parejas, hacer un giro tan drástico puede ser igual de difícil que regresar al trabajo.

La vuelta a la oficina suele generar mucha incertidumbre. ¿Qué habrá cambiado en la empresa? ¿El trabajo será distinto? ¿Seré capaz de retomar la rutina? ¿Estaré a la altura de lo que me piden? Tener todos estos interrogantes es lo más normal del mundo.

Pero hay formas para que esas preguntas no te invadan. Lo que siempre ayuda es mantener el contacto, por ejemplo, yendo a las reuniones de fin de año o participando en las excursiones del equipo. "También se puede pasar con el bebé por la oficina, aunque sea un minutito, para saludar, siempre y cuando la rutina de la compañía lo permita", explica Cornelia Spachtholz, que colabora con una asociación de madres trabajadoras.

Si uno tiene un buen vínculo con algunos compañeros de trabajo, también es bueno mantenerlo durante la pausa por maternidad, y luego, unos dos meses antes de reintegrarte, es bueno ponerte en contacto con el jefe del equipo para preparar el terreno. En esa conversación podrás aclarar los detalles.

Además de preguntar qué ha cambiado, si hay nuevos clientes y cómo se organiza la transición, es bueno que fijen los horarios. "Piensa muy bien qué puedes dar y cuánto puedes estar en ese momento", recomienda la asesora Michaela Deckert. Es muy importante que reveas lo que tenías planeado antes de ser mamá y evalúes si esa es la disponibilidad que realmente tendrás. "A veces es mejor comenzar con pocas horas e ir aumentando de a poco".

El regreso paulatino no sólo es útil para ir reincorporando de a poco las novedades del trabajo, sino también para que sea menos difícil la despedida diaria de tu hijo, algo que suele ser más complejo de lo que piensan muchos padres.

"Lo ideal es que el niño ya haya tenido un período de acostumbramiento a la niñera o a la guardería antes de que uno comience a trabajar", explica Cornelia. "Si la adaptación del bebé se hace en paralelo al regreso al trabajo puede ser problemático".

Las redes ayudan mucho, sea que tus padres, suegros o amigos te dan una mano. "Saber que hay alguien que puede ayudar y que está disponible si sucede algo da mucha tranquilidad a la hora de tener que trabajar y repercute en fora positiva en nuestro modo de actuar en el contexto laboral", explica Cornelia.

Si sigues todo al pie de la letra, pero te estresas, no te preocupes. Es normal, sobre todo porque no es que una vez que llegas al trabajo y el niño duerme puedes relajarte o mirar algo que te quedó pendiente. "Por eso, entre otras cosas, es fundamental que cuando retomes el trabajo hables con tu pareja y decidan juntos cómo repartir las tareas de la casa", recomienda la especialista Alexandra Stieper.

Las mujeres tienden a menudo a creer que son responsables de todo y asumen todo lo que haya que hacer, observa Alexandra. Para reducir el estrés, concentrate de a poco en lo que estás haciendo y pídele a tu superior hablar cada cuatro semanas como para tener un feedback de cómo va todo. Y si estás sobrepasada, dilo a tiempo. Hoy ya no es ningún tabú hablar de lo complejo que es querer compaginar el trabajo con la familia. Es mejor hablarlo con quien corresponda y adaptar las condiciones a tiempo. Muchas veces los colegas y los jefes conocen estas circunstancias y saben comprender por lo que uno está pasando.

Y no hace falta que te sientas mal si no lo puedes hacer, pero de vez en cuando, aunque sea cortito, te hará muy bien darte un rato para sumarte a alguna salida del grupo.

FUENTE: dpa

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