MIAMI.- Casi uno de cada cuatro adultos mayores de 40 años padece osteoartritis dolorosa, una afección que dificulta los movimientos cotidianos y es una de las principales causas de discapacidad en la edad adulta.
Un pequeño cambio en la forma de caminar puede reducir el dolor de la artritis de rodilla e incluso a proteger las articulaciones de daños mayores
MIAMI.- Casi uno de cada cuatro adultos mayores de 40 años padece osteoartritis dolorosa, una afección que dificulta los movimientos cotidianos y es una de las principales causas de discapacidad en la edad adulta.
La enfermedad desgasta gradualmente el cartílago que amortigua las articulaciones. Una vez que se produce este daño, actualmente, los médicos no pueden revertirlo. El tratamiento suele centrarse en el alivio del dolor y el reemplazo articular se convierte en una opción cuando los síntomas se agravan.
Un ensayo clínico, realizado por investigadores de las universidades de Utah, Nueva York y Stanford, apunta a una posibilidad diferente: cambiar la forma en que una persona camina.
Y publicado en The Lancet Rheumatology demostró que modificar el ángulo del pie al caminar puede aliviar el dolor de la osteoartritis de rodilla y ralentizar el desgaste del cartílago.
La clave del éxito no es una recomendación genérica (como girar los pies hacia adentro o afuera para todos), sino una intervención personalizada. Cada persona tiene necesidades biomecánicas distintas; un ángulo incorrecto puede ser ineficaz o incluso aumentar la tensión en la rodilla.
Los participantes que recibieron reentrenamiento de la marcha experimentaron un alivio del dolor comparable al uso de medicamentos (desde analgésicos de venta libre hasta narcóticos) y mostraron un menor deterioro del cartílago en resonancias magnéticas.
Esta técnica permite a los pacientes manejar los síntomas durante años —especialmente a personas de 30 a 50 años que aún no son candidatas a reemplazo articular— sin necesidad de pastillas, cirugías o dispositivos ortopédicos permanentes.
Los participantes recibieron seis sesiones de entrenamiento con retroalimentación por vibración para automatizar el nuevo patrón de marcha, el cual practicaron posteriormente al menos 20 minutos al día.
Actualmente, el método requiere tecnología de laboratorio costosa y precisa para medir y prescribir el cambio adecuado. Por ello, los expertos enfatizan que no debe intentarse sin supervisión profesional.
Los investigadores trabajan en simplificar el proceso mediante el uso de sensores portátiles, teléfonos inteligentes o "zapatos inteligentes" para que este tratamiento pueda implementarse fácilmente en clínicas de fisioterapia.
FUENTE: Con información de The Lancet Rheumatology
