MIAMI.-Tras cinco años de ausencia de los estudios de grabación, el aclamado músico Arturo Sandoval regresa con una magistral y refrescante propuesta, en la que vuela con alas propias ese instrumento que ha sido su inconfundible voz: la trompeta.

Se trata de Ultimate Duets, el álbum número 44 de la discografía del artista y, a la vez, el primero en el que recopila las voces legendarias de grandes figuras de la música e incluye a las nuevas generaciones.

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Entre los 11 temas que conforman el material, brilla Quimbara, con la voz de Celia Cruz, su homenaje a la Reina de la Salsa. También resaltan People, con Stevie Wonder; La bilirrubina, con Juan Luis Guerra; Granada, con Plácido Domingo y el guitarrista Vicente Amigo; Corazón Partio, con Alejandro Sanz; y Don’t You Worry ‘Bout A Thing, con Prince Royce.

“Nunca había hecho un disco de dúos, y mucho menos con cantantes. Y pensé que sería interesante llamar a un grupo de artistas que admiro y respeto. La lista al principio era mucho más larga, pero nos quedamos con los 11 que respondieron inmediatamente con una disposición increíble”, reveló Arturo Sandoval a DIARIO LAS AMÉRICAS.

El disco, que vio la luz el viernes 18 de mayo, es tan magnífico como variado, algo que, según indicó, es justamente lo que lo vuelve atractivo.

“Creo que una de las cosas más bonitas que tiene el proyecto es la variedad para llegarle a gente de diferentes edades y predilecciones. Esa mezcla es muy interesante”, señaló.

“La buena música es solo una. Y cuando se junta, siempre da buenos resultados, sin importar quién la compuso, dónde o cuándo. Una buena canción siempre lo será”, agregó.

Sin más intenciones que hacer buena música, la única que sabe concebir, el jazzista entregó al mundo una joya musical revestida de lo vintage y lo nuevo, luego de una pausa en su discografía.

“Estaba en una transición entre disqueras. Y yo diría que, de cierta manera, quería refrescar un poco, porque había hecho muchos discos continuamente. Y creo que fue saludable tomar un descanso de los discos”, dijo.

El trompetista repasó su primer encuentro con ese estilo, que hasta hoy lo mantiene enamorado.

“Un periodista aficionado al jazz que tocaba saxofón me preguntó si yo había escuchado esa música, y me hizo escuchar un disco de Charlie Parker. Eso me fascinó y hasta el día de hoy estoy tratando de descifrar lo que esa gente tocaba en los años 40. Me impresionó de tal manera que me convertí en un fanático, sobre todo, de ese estilo muy innovador que se llama bebop”, recordó.

“El bebop rompió con todos los esquemas en los años 40, en pleno esplendor del swing. Al principio tuvo muchos detractores y fue criticado fuertemente, porque no lo entendían. Ese género tiene mucha información; hay que concentrarse muy bien para poder descifrar lo que uno está haciendo. Impone un reto al músico, porque hay que estar muy preparado y tener la mente muy aguda. Es un estilo bastante difícil, pero cuando se domina, abre muchas posibilidades”, añadió.

Asimismo, lamentó que la voz de la estadounidense Natalie Cole (1950-2015) se apagara antes de que Ultimate Duets fuera materializado.

“La primera que estuvo dispuesta e incluso habíamos hecho un arreglo antes de que surgiera la idea de este disco, fue Natalie Cole, porque yo toqué en su último disco. Y ella se había comprometido conmigo a cantar en este disco. Desafortunadamente, cuando iniciamos las grabaciones, ella se enfermó gravemente y murió. Eso me dio mucha tristeza, porque fue la primera que estuvo dispuesta”, recordó.

También le entristece que Al Jarreau (1940-2017), uno de sus cantantes favoritos, muriera 10 días después de haber grabado con él After All, tema que quedó recogido en este álbum.

“Me dio mucha tristeza, porque soy un fan fiel de su talento. Y era una persona encantadora, un tipo súper nice, pero ahí está su testimonio y su voz impecable, porque sonó mejor que nunca”, expresó.

Quiso recordar que es esencial que haya unión entre los artistas sin importar las diferencias entre géneros o generaciones.

“Creo que es imprescindible que los artistas nos llevemos bien, sobre todo, que haya respeto y colaboración en cuanto a lo que hacemos. Y a defender la música, que es lo más importante. Cuando se ama la música, lo demás pasa a un segundo plano”, afirmó.

“Y eso es muy bonito en todos los tiempos. Desafortunadamente, cada quien vive encerrado en su propio trabajo y sus propias obligaciones, pero creo que admirar y respetar a los demás es sumamente importante y estar dispuesto a colaborar. Yo he hecho muchísimas colaboraciones y he tocado en infinidad de discos de otros artistas. Y muestra de ello es la manera cómo todos esos artistas me respondieron”, añadió.

El trompetista, que hace casi 30 años abandonó su natal Artemisa, en Cuba, aún conserva un sabor agridulce de su salida de la isla, donde tuvo que despedirse de sus padres por un tiempo.

“Allí nací, me crie y pasaron muchas cosas buenas a las cuales trato de aferrarme, pero también allí sufrí y me insultaron mucho, fueron muchas humillaciones. Por supuesto que llevo a mi país en el alma y me duele muchísimo todo lo que está sucediendo”, manifestó.

“Salí en el 89 y parece que fue ayer. Mis padres se quedaron y esa separación fue terrible; fue un dolor muy grande”, agregó.

Sandoval no olvida la jugarreta que el régimen se gastó con sus padres, en aquel entonces, dos septuagenarios listos para viajar a EEUU a reencontrarse con su hijo.

“Los citaron a la oficina de Inmigración en La Habana y les pidieron los pasaportes y los pasajes. Cuando mi mamá los entregó, se los rompieron en pedacitos y los botaron a la basura. Y uno de los oficiales de la Seguridad del Estado les dijo que llevaba un mensaje de Fidel Castro: que se olvidaran del viaje, porque ellos nunca podrían salir de Cuba”, recordó.

“Mi mamá entró en un coma diabético; fue mi triste. Al final, pudieron escaparse en una balsa con otras 11 personas, en enero de 1993. Los cogió un mal tiempo y se dieron muchos golpes; mi mamá se fracturó seis vertebras y estuvo seis meses en silla de ruedas. La lanchita los abandonó en una roca al sur de Cayo Hueso. Yo estaba en Japón y no pude ir a su encuentro; mi esposa y mi hijo fueron al hospital”.

Precisamente, ese episodio no le permite despojarse de esa mezcla de sentimientos que al intentar explicar se hace un nudo en su garganta.

“Me creó una especie de rencor y odio contra ese sistema, que es algo que no he podido sacarme de encima, ni me lo sacaré nunca. Y hay mucha gente que, como no ha sufrido eso, no entiende ese dolor. Pero me importa un bledo, porque cada quien tiene su realidad”, dijo.

“Fueron cosas muy tristes y desgarradoras de cómo un sistema puede ser tan abusador, oprobioso y tan cruel con las personas. Solo por tomar venganza conmigo, como si yo hubiera cometido un crimen. Yo solo quise irme de ese país para realizar mi sueño y darle una mejor vida a mi familia. Mi único delito fue querer ser feliz. Y me castigaron, porque después de 30 años, en Cuba no se escucha mi música. La mayoría de los jóvenes ni sabe que yo existo. Eso es uno de los crímenes que comete ese régimen: te borra del mapa”, finalizó.

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