domingo 22  de  febrero 2026
CINCUENTENARIO

Cien Años de Soledad cumple 50 años

La obra maestra del colombiano Gabriel García Márquez cumple medio siglo de vida. Como su autor, esta novela ha tenido varios reconocimientos, entre ellos la de ser una de las obras más importantes escritas en castellano
Diario las Américas | SERGIO OTÁLORA
Por SERGIO OTÁLORA

MIAMI.-Cuando Gabriel García Márquez recibió el premio Nobel de literatura, el 8 de diciembre de 1982, sintetizó, en breves líneas, las coordenadas invisibles que habían guiado la construcción de Cien Años de Soledad: “Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada [de América Latina] hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida”.

Hace 50 años, el 30 de mayo de 1967, ese libro de 491 páginas y veinte capítulos, salió a la calle en Buenos Aires publicado por la editorial Suramericana. Fue una edición de ocho mil ejemplares que impactó de inmediato no sólo la manera de narrar y de escribir, sino de ver y entender la desmesura de un universo que, según García Márquez, había sido escenario desde siempre de historias alucinantes, como lo contó el navegante florentino Antonio Pigaffeta -citado por el escritor colombiano en su discurso de aceptación del premio Nobel- en sus crónicas, en las que reseñó “cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara”.

Cien Años de Soledad parecía hecho a la medida de una década convulsa y creativa. En Londres, por esos mismos días, The Beatles lanzaban un álbum que cambió para siempre la música popular: Sargent Peper´s Lonely Heart Club Band. Y en San Francisco, nacía una revista (Rolling Stone) que abrió el espacio para otra revolución: el nuevo periodismo, mezcla de técnicas narrativas prestadas del cine y de la novela, con sus grandes sacerdotes como Tom Wolf, Truman Capote y Paul Scanlon, entre otros.

Y en Colombia, por esos años, la violencia bandolera de la década del cincuenta y principios de la del sesenta, daba paso a la guerra de guerrillas inspirada en varios catecismos: el foco guerrillero, la revolución permanente, la combinación de todas las formas de lucha. La revuelta era la consigna del movimiento estudiantil; el teatro y las artes plásticas exploraban nuevas formas y temas, y la literatura, con Cien Años de Soledad, sufría una conmoción profunda. La Hojarasca, El Coronel no tiene quien le escriba, La Mala Hora, novelas cortas que parecían bocetos, planos, ensayos técnicos e intentos de construir un universo totalizante, habían ya descrito una realidad local -la vivida por Gabo en sus épocas de formación- que se convirtió en universal con Cien Años de Soledad.

Macondo universal

El primero que se encargó de hacer un comentario crítico de la novela fue Mario Vargas Llosa con su ensayo “Historia de un Deicidio”, publicado en 1971. Fue su tesis doctoral de la Universidad Complutense de Madrid, y se convirtió en uno de los primeros análisis globalizantes de la obra de García Márquez. Vargas Llosa no sólo fue como una especie de relojero que desmontaba todas las piezas de un mecanismo complejo, sino dio las claves de esa relación entre sociedad, creación y poesía que había en esta obra.

Con el correr del tiempo y la multiplicación de sus lectores, Macondo –el pueblo donde viven y mueren las estirpes condenadas a cien años de soledad, sin una segunda oportunidad sobre la tierra- se volvió un referente planetario de lo absurdo, contradictorio, violento, misterioso, patético, no sólo de la realidad de América Latina, sino de cualquier hecho o persona que tocara los linderos del delirio.

A pesar de que Gabo en sus cuentos y novelas, antes de 1967, había utilizado técnicas de narración cinematográficas (el cine, otra de sus grandes pasiones), y tal vez por eso varios directores llevaron algunas de sus obras al cine, con Cien Años de Soledad ocurre todo lo contrario: como Rayuela, o El Aleph, o De Héroes y Tumbas, la obra maestra de García Márquez no tenía posibilidad de convertirse en un guión cinematográfico. Lo supo siempre su autor y por eso nunca permitió que se vendieran sus derechos. Tal vez cuando se convierta en patrimonio de la humanidad, como lo es El Quijote o Edipo Rey o la Biblia (tres libros que marcaron la formación de escritor de García Márquez) habrá quien tenga la tentación de volver película la saga de los Buendía.

Medio siglo después, con millones de copias desperdigadas por todo el mundo, en todos los idiomas posibles, Cien Años de Soledad sigue siendo un universo al que se le descubre algo nuevo con cada nueva lectura. Tiene la magia de la intemporalidad, de interpretar desde la poesía un mundo caótico, inasible.

Pero a diferencia de esa soledad inextirpable de un mundo sin salida más allá de su propia destrucción, Gabo dejó al final de su discurso en Suecia, hace 34 años, la otra cara de su visión de la realidad: “Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir (…)”.

Varios escritores latinoamericanos han buscado superar el llamado “realismo fantástico” y tratado de encontrar nuevos universos sin repetir las formulas narrativas y estilísticas que inmortalizó García Márquez.

Roberto Bolaño fue uno de ellos con sus Detectives Salvajes. A cincuenta años de Cien Años de Soledad, la literatura sigue sus búsquedas, lo mismo que las sociedades. Y habrá quien sienta la necesidad creativa de destruir ese universo macondiano para mirar con otros ojos el mundo. Estamos a la espera de una nueva sorpresa.

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