La esposa del fallecido actor Robin Williams, Susan Schneider, publicó una conmovedora carta para la revista Neurology donde habla sobre la enfermedad neuronal que padecía el su esposo, y que fue uno de los motivos que lo llevaron a suicidarse a los 63 años.

En la carta titulada El terrorista dentro del cerebro de mi marido, Schneider, la pareja de Williams durante siete años, habló también sobre la demencia con cuerpos de Lewy, un desorden neurodegenerativo que afecta a la memoria y a las capacidades motoras, y que destruyó la vida de uno de los actores más queridos de Hollywood, quien, además, sufría de párkinson.

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“La demencia con cuerpos de Lewy es lo que mató a Robin”, comentó la esposa, que no descubrió que su marido padecía esta enfermedad hasta que le dieron el informe completo de la autopsia tras varios meses después de su muerte.

La enfermedad le causaba al actor “paranoia, alucinaciones, insomnio, fallos de memoria” así como “respuestas emocionales que nada tenían que ver con su carácter”, explicó en el escrito que ha publicado en la revista oficial de la Academia de Neurología de Estados Unidos.

Ambos, desconocían las causas de esos síntomas, y por eso el último año de vida del actor vivieron rodeados de frustración, y según Schneider, él solía decir: “Solo quiero reiniciar mi cerebro”.

“Nunca sabré la verdadera profundidad de su sufrimiento o lo duro que estaba luchando. Pero desde mi posición, vi al hombre más valiente del mundo interpretando el rol más difícil de su vida”.

Además, aprovechó para descartar que Williams estuviera sufriendo una depresión, como se dijo en el momento de su muerte.

“Robin estaba limpio y sobrio, y, de alguna manera, rociamos esos meses de verano con felicidad, alegría y las cosas simples que amábamos: comidas y celebraciones de cumpleaños con la familia y amigos, meditar juntos, masajes y películas, pero, por encima de todo, simplemente coger la mano del otro”.

Desde entonces, Susan Schneider ha estado en contacto con varios médicos profesionales durante un año para poder entender la enfermedad. “El terrorista iba a matarlo de todas formas. No hay ninguna cura y el rápido declive de Robin estaba asegurado”.

Ahora, trabaja con la asociación estadounidense de esta enfermedad para darle una mayor visibilidad para poder ayudar en su diagnóstico. Un propósito que la ha llevado ahora a escribir una carta tan personal.

Aparecen en esta nota:

 

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