CIUDAD DE MÉXICO.- El día que tienes que llamar a una ambulancia en México puede ser el peor de tu vida, así lo plantea Luke Lorentzen, el director del documental “Midnight Family” (“Familia de medianoche”), para el cual pasó años filmando accidentes junto a una familia de paramédicos.

La película, que pone de manifiesto el frágil estado del sistema de salud local, llega este fin de semana a la cartelera mexicana tras haber sido galardonada en los festivales de Sundance y Guadalajara y de haberse proyectado en decenas de países.

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Sigue a los Ochoa, una familia dueña de una ambulancia que ofrece servicios privados de transporte a hospitales para cubrir parte del gran hueco que dejan las cerca de 45 ambulancias del gobierno en una ciudad con nueve millones de habitantes.

No ahonda en lo que pasa dentro de los hospitales públicos, que suelen tener sobrecupo y falta de medicamentos - “Llegamos con una persona con una bala en la pierna y esperamos 22 horas por una cama”, cuenta Lorentzen- o ser muy costosos en el caso de los privados. Simplemente muestra la odisea de llegar a ellos.

“No piensas en las ambulancias hasta que necesitas una, y si necesitas una es el peor día de tu vida”, dijo el director estadounidense en una entrevista reciente con The Associated Press.

“Creo que para empezar el gobierno se tiene que comunicar con las (ambulancias) privadas; no hay ningún tipo de comunicación entre las dos partes del servicio. En un mundo ideal, el gobierno debe estar pagando por los traslados que no pueden cumplir con sus propias ambulancias”, añadió.

El título del documental hace honor a las múltiples escenas nocturnas en las que vemos a los Ochoa compitiendo con otras ambulancias por recoger enfermos o heridos, lidiando con policías que los multan o les piden sobornos y con el tráfico de la ciudad.

La explicación es muy sencilla para Lorentzen: la mayoría de los accidentes ocurren de madrugada, cuando muchos conductores ebrios intentan llegar a sus casas.

“La mayoría son por droga o por alcohol. Es increíble”, dijo. “A las cuatro de la mañana en sábado, cuando se cierran los antros (clubs), ves cinco accidentes en media hora”.

La idea del documental surgió en 2015, cuando Lorentzen vivía cerca del Hospital General, un hospital público de la Ciudad de México. Pensaba hacer un cortometraje sobre autos y encontró la ambulancia de los Ochoa en la calle frente a su casa.

“Esa primera noche vi este submundo increíble, trágico, absurdo de ambulancias privadas que están llegando a accidentes que el gobierno no está llegando”, recordó. “Hubo muchas preguntas éticas muy interesantes: cómo puedes de un lado tener que poner comida en la mesa y del otro lado intentar salvar vidas. Y decidí quedarme en México”.

Dijo que en tres años filmó más de 1.000 accidentes que reafirmaban esas preguntas en su cabeza.

El padre de la familia protagonista, el señor Fernando Ochoa, trabajó en la Cruz Roja antes de comenzar su propio negocio con sus hijos Juan y Fernando como empleados; un amigo, Manuel Hernández, y hasta el hijo menor de Ochoa, Josué, quien pese a ser estudiante de primaria adora acompañarlos en sus travesías nocturnas.

Lo que más les cuesta trabajo no es enfrentarse a fracturas, choques o heridas de bala, sino cobrar por sus servicios. Muchas veces los pacientes se niegan a pagar. Los vemos atender a algunos que no tienen nada, pero también llevarlos a un hospital privado donde tienen asegurada una comisión. Como protagonistas, son una mezcla muy contrastada entre el bien y el mal.

“Vamos a un accidente y sí son ángeles, salvan la vida de un bebé y no cobran. En el próximo accidente llevan a alguien a un hospital que sí puede ser un poco más lejos porque ganan, pero así funciona el sistema”, dijo Lorentzen. “No es ilegal, es cómo funciona el sistema cuando el gobierno no está participando. Lo está dejando al mercado libre y el dinero va a decidir”.

“Lo que quiero mostrar es qué pasa cuando pones una buena familia que quiere ayudar dentro de un sistema muy roto”, explicó. “El menú de decisiones que tienen es limitado y tienen que hacer cosas que en otra vida no harían”.

Lorentzen, originario de Connecticut e historiador de arte, produjo la película junto al estadounidense Kellen Quinn y las mexicanas Daniela Alatorre y Elena Fortes. Para este año esperan estrenarla también en Netflix Latinoamérica.

El cineasta investigó cuántas ambulancias hay en otras ciudades de tamaños comparables con el de la ciudad de México. En Londres, dijo, el gobierno cuenta con 1.100 ambulancias. En cierto momento en el documental, Juan Ochoa dice que le gustaría que todas las ambulancias privadas dejaran de trabajar una noche para mostrar la falta que hacen.

Entre los momentos más complicados para el director estuvo el de una mujer que viajó al frente de la ambulancia con una hija gravemente herida. La joven falleció, y Lorentzen temió que la madre no le permitiría usar la escena, que estuvo entre las primeras que filmó.

Pero “su hija estaba estudiando periodismo y por eso me dejó”, señaló el director, quien se expresó sorprendido de que cerca del 50% de los pacientes le dieron entrada a sus vidas en momentos tan vulnerables.

Con un estilo de cinema vérité y un ritmo que mantiene al espectador al borde de la butaca, el filme tiene muchos momentos de dolor y crudeza, pero también espacio para el humor, como cuando Juan habla por teléfono con su novia para contarle qué ha hecho en su día.

“Tengo horas y horas de llamadas con Jessica. Puedo hacer un extra de cinco horas de llamadas con Jessica y cada detalle de su relación”, dijo Lorentzen.

FUENTE: AP

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