MIAMI.- El cuerpo habla lo que la psique calla. Una máxima que cada vez escuchamos más y más en la modernidad, pero que para los griegos —y otras civilizaciones antiguas— era una obviedad. Soma (cuerpo), Psique (alma) y Pneuma (espíritu) debían estar en concordancia para que un individuo pudiese gozar de salud. Una trinidad que, con el pasar del tiempo, se va escindiendo más y más con el ritmo titánico de la vida. Omitimos el ansía de trascendencia del espíritu y ahogamos los gritos de nuestra psique con trabajo que, aparentemente, nos adormece pero que termina dando dando como resultado el famoso burnout.
Como nos recuerda el doctor Lisandro López Herrera en su Alquimia del sufrimiento: la enfermedad como camino, “la manifestación de sufrimiento es la primera señal de enfermedad, es algo que envuelve lo psíquico y que luego puede trasladarse al cuerpo en forma de eventos fisiológicos”. Una realidad que, posiblemente, jamás asociaríamos con el cine de superhéroes (donde el protagonista parece ungido por los dioses, con una psique que metaboliza a 100km por hora todo lo que le sucede y haciendo gala de un cuerpo indestructible). ¿Qué sucede cuando el héroe padece como cualquiera de nosotros?, ¿cómo se vive la migraña, las lágrimas y la pérdida detrás de una máscara? Esta es la piedra angular que sostiene Spider-Man: Brand New Day, la cuarta entrega de la saga protagonizada por Tom Holland.
Ambientada tiempo después de los sucesos de Spider-Man: No Way Home y Thunderbolts, la historia nos presenta a un Peter Parker atrapado en una rutina frenética atrapando criminales, aislado en su apartamento trabajando para mejorar la tecnología que usa en su labor diaria y observando a través de las redes sociales la vida de su ex-novia MJ (Zendaya) y su mejor amigo Ned (Jacob Balaton). Escindido entre el “deber” del héroe que vive 24/7 luchando contra el crimen y el dolor del hombre que lo ha perdido todo, Peter comienza a somatizar aquello que no puede verbalizar ni se permite elaborar. A través de agudas migrañas y experimentando cambios en su cuerpo (como la producción de fluido arácnido descontrolado o la sobre estimulación sensorial), nuestro protagonista progresivamente se da cuenta de que su ritmo de vida es insostenible. Una situación que se agudiza cuando una misteriosa fuerza etérea empieza a tomar posesión de la gente en la ciudad, cometiendo delitos al azar, siendo Peter el único que puede captar su presencia y detenerla.
Escrita por Chris Mckenna y Erik Sommers (Spider-Man: Homecoming, Spider-Man: Far from Home, Spider-Man: No Way Home), esta nueva entrega marca un punto de inflexión dentro del arco dramático de Peter, transformándose en una suerte de rito de pase a la adultez. En esta ocasión, por primera vez, vemos desarrollada de forma satisfactoria uno de los dilemas clásicos del hombre arácnido: la lucha por definir su identidad entre el ser humano (de carne y hueso) y el héroe (que obedece a una proyección del colectivo). Dicotomía exacerbada por la ausencia de vínculos emocionales de Peter haciendo que toda su energía se vaya la construcción de la Persona que representa Spider-Man (enseñándole al mundo los aspectos ideales de su Ego que, detrás de la máscara, está completamente roto). Una situación que opera como una bomba de tiempo cuando los elementos colectivos y transpersonales —exacerbados por la antagonista— que hacen que Peter se de cuenta de la gran disonancia cognitiva que hay entre su realidad y la Máscara que debe sostener —trayendo como consecuencia un quiebre psíquico y físico. Este enfoque en la dimensión más personal de Peter dota a Spider-Man: Brand New Day de una madurez que la separa de sus predecesoras (hasta el punto de cambiar, finalmente, la suerte de running gag del home en cada título).
Contrario a lo que podríamos pensar, esta cuarta entrega dista mucho de ser depresiva, oscura o melancólica. Gracias a la dirección Destin Daniel Cretton (Just Mercy, Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings, Wonder Man) quien toma la batuta de Jon Watts (director Spider-Man: Homecoming, Spider-Man: Far from Home, Spider-Man: No Way Home), esta secuela está más cercana —tanto en puesta en escena como el ritmo— al mundo de los cómics que a la identidad visual definida que poseen algunos largometrajes de Marvel Studios. Más allá de presentar un puñado de villanos icónicos y emular viñetas emblemáticas de Spider-Man que los fans reconocerán de inmediato, las secuencias de acción de Spider-Man: Brand New Day tienen un ritmo trepidante y estilizado que responden más a códigos visuales del mundo de los videojuegos o la animación que al live-action (con uno y otro guiño al estilo hiper estilizado del cine de artes marciales asiáticos). Lastimosamente, aunque la cinematografía de Brett Pawlak (Just Mercy, Wonder Man, Echoes) es hermosa, la película sigue enmarcada en la paleta de colores oscuros que lleva rato empujando la mayoría del cine de superhéroes.
A pesar de tener muchos personajes nuevos Spider-Man: Brand New Day no depende demasiado de estar al día con el Universo Cinematográfico de Marvel (cosa que se agradece), tampoco abusa de los cameos y la nostalgia (que ya fue más que explotada en Spider-Man: No Way Home), haciendo que se sostenga por sí misma y se enfoque en desarrollar los conflictos que plantea más que de ser un puente más entre historias pasadas y el futuro de los Avengers. Además, es una película donde finalmente vemos a nuestro friendly neighborhood Spider-Man luchando contra el crimen en las calles de New York, lo que hace que se sienta que el personaje vuelva a sus raíces.
En el apartado del cast, todo está en su punto. Tom Holland nos da su mejor versión de Peter Parker hasta la fecha (una madura, que se balancea entre la tristeza y la esperanza, sin abusar demasiado del carisma y aprovechando la fuerza de los silencios). Zendaya, Jacob Batalon y Marisa Tomei, con sus apariciones puntuales, funcionan como un bálsamo para Peter (sin tener tanta presencia como en las entregas anteriores). En ese mismo orden está Liza Colón-Zayas, que funge como una suerte de side-kick / mentor para Peter (y, como en The Bear, nos roba el corazón con su sonrisa y carisma); juntos desarrollan una relación parecida a la de Batman y el comisionado Gordon transformándose en uno de los pocos vínculos que atesora Peter. Jon Bernthal sigue brillando como Punisher y gracias a su interacción con Peter podemos ver otra cara de su personaje (además, es sumamente divertido verlos siempre beligerantes). Mark Ruffalo y Hulk regresan a la dinámica Doctor Jekyll y Mr. Hyde, lo que se siente como un retroceso en el arco de su personaje (aunque nos regala una de las mejores secuencias de pelea de la cinta). Tramell Tillman vuelve al rol de burócrata nice, pero pasivo-agresivo sin ser tan encantador como en Severance. La presencia de Michael Mando fue como una visita de médico, dejándonos con ganas de verlo más tiempo en pantalla. La gran sorpresa y quien se roba el show por completo de la cinta es Sadie Sink, ofreciéndonos a una Jean Grey muy diferente a la que hemos tenido en pantalla. Con una interpretación emotiva y visceral, su presencia marca la llegada de los nuevos X-Men al UCM por la puerta grande.
Spider-Man: Brand New Day es una de las pocas secuelas que ha sido un acierto en el cine de superhéroes de los últimos años. Alejándose de la nostalgia, multiverso y cameos de su predecesora (que dejó la vara bastante alta), esta nueva versión se siente como un refresh a la versión de Tom Holland, poniendo el foco en su transición de “joven” a “adulto” (que el mismo público que sigue las película ha vivido), el eterno dilema entre ser Peter Parker o Spider-Man (dicotomía desarrollada de forma magistral por la trilogía de Sam Reimi y que dotaba al protagonista de una profundidad especial) y lidiar con la dimensión psicosomática del stress al que está sujeto el héroe (en la onda de Iron Man 3 o el Thor de Avengers: Endgame). El saldo final es más que positivo pues logra algo que parecía imposible para una cuarta entrega: sentir que podemos seguir explorando a este héroe en futuros largometrajes. Sin ser demasiado solemne, la película nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos: las exigencias autoimpuestas, la necesidad escuchar al cuerpo, la importancia de crear vínculos emocionales y la responsabilidad que tenemos de elaborar el duelo de forma generativa. Temas que parecieran ajenos al mundo del superhéroe pero que Spider-Man: Brand New Day sabe balancear con acción y comedia, humanizando a todos sus personajes (desde los antagonistas, hasta figuras tan tozudas como The Punisher) para al final ganarse nuestros corazones. Esperemos que las siguientes entregas de Marvel estén a la altura y que toda esta evolución no se pierda en la apuesta all in de Avengers: Doomsday.
Lo mejor: la exploración de la clásica dicotomía entre ser Peter Parker o Spider-Man. Las actuaciones de Sadie Sink, Tom Holland y su dinámica con Jon Bernthal. Es una película que se sostiene por sí misma. El cambio de director y la nueva visión que trae al personaje.
Lo malo: algunas secuencias de CGI dejan mucho que desear. Su resolución, aunque emotiva, recuerda a la Thunderbolts (lo que le resta potencia dramática). La escena post-créditos es completamente prescindible. Su tercer acto, a pesar de lo largo que es, deja cabos sueltos.
Sobre el autor
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guión, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes, miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.
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