MIAMI.- “Tengo 75 años, llevo bastante tiempo escribiendo y hemos cambiado. Ya no podría escribir La casa de los espíritus como la escribí entonces. En aquella época era el boom de la literatura latinoamericana y el estilo era recargado, barroco, el realismo mágico, un poco siguiendo la trayectoria de Gabriel García Márquez, y eso ya pasó. En los años 80 y 90 ya nadie escribía así. Por otra parte, me ha tocado una vida de cambiarme de lugar, he sido refugiada política, emigrante y ya llevo 30 años viviendo en inglés. Entonces lógicamente los estilos, los intereses y las circunstancias cambian. Por eso todos mis libros son diferentes”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS la escritora chilena, radicada en Estados Unidos, Isabel Allende, quien presenta su más reciente novela, Más allá del invierno, este miércoles en la Feria del Libro de Miami.

Allende es la autora viva más leída en el mundo de la lengua española. Sus títulos De amor y de sombra, Paula, La isla bajo el mar, El cuaderno de Maya y El juego de Ripper, bestsellers aclamados por la crítica internacional, han sido traducidos a más de 35 idiomas y han vendido casi 70 millones de copias.

Asegura no tener muy marcadas preferencias sobre sus propios libros, pues “basados en historias reales o imaginarias, son hijos de diversos momentos y todos los he escrito con pasión y sinceridad. La casa de los espíritus es una saga familiar muy chilena. Eva Luna y Los cuentos de Eva Luna, hablan de Venezuela. Después he escrito sobre California. También novelas de aventuras, históricas, libros para jóvenes y hasta un libro de cocina. Y todo me ha encantado en su momento. Mi literatura ha cambiado según he vivido. Ha ido transformándose de acuerdo a lo que he sido en cada etapa, que ha sido diferente, y cada una con sus preocupaciones”.

En Más allá del invierno, una de sus narraciones más personales, reúne a tres seres distintos en la actualidad en Brooklyn, en el pasado reciente de Guatemala y en la década del 70 en Chile y Brasil. A partir del estado de emergencia declarado en New York por una tormenta que paraliza la ciudad en los días de Año Nuevo, la novela aborda la identidad, la emigración y el descubrimiento de la esperanza en las segundas oportunidades y en el amor, un tema constante en su obra.

“Varios factores se juntan. Desde hace 25 años tengo una fundación que trabaja, entre otros temas, con emigrantes y refugiados. Entonces el tema de lo que pasa con los emigrantes en Estados Unidos me interesa. Y por supuesto, el tema del amor en la edad más madura. Cuando empecé a escribirlo tenía 73 años y hoy tengo 75”.

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Portada de la más reciente obra de la escirotra chilena Isabel Allende.
Portada de la más reciente obra de la escirotra chilena Isabel Allende.

Rencontrar el amor en la tercera edad es un fenómeno muy poco común. Pareciera necesario un milagro o poseer una especie de habilidad especial.

“No sé cómo será en el caso de otras personas, pero creo que lo que mayormente sucede es que cuando llegamos a cierta edad, da mucho miedo cambiar. Piensa en que tienes esa edad y que llevas una relación que desde hace tiempo no funciona. ¿Quién se va a divorciar a los 70 años si lo puede evitar? Mejor es quedarse con lo que uno tiene y conoce. Pero ese no es mi caso. No puedo. Si algo no está funcionando, prefiero correr el riesgo y dejarlo, y esa fue la decisión que tomé con mi relación anterior. Si ya habíamos hecho lo posible por cambiarlo y no funcionaba, pues lo más saludable era divorciarnos”, relató la autora de Afrodita, Hija de la fortuna, Retrato en sepia y El plan infinito.

“Y fíjate que cuando terminé aquella relación pensé en cuáles eran mis posibilidades. Porque para un hombre de mi edad es más fácil encontrar una pareja que para una mujer. Así que vendí la casa grande, me fui a una pequeña con mi perra, una especie de cabaña, a hacer una vida muy distinta a la que había hecho antes, a vivir una vida que no era una vida de pareja. Pero me fui con el corazón abierto a que podían pasar cosas buenas. Ocurren todo tipo de cosas en cualquier etapa de la vida, buenas y malas. Solo hice lo que he hecho siempre: darme la posibilidad de existir y tuve suerte de que apareció un señor que se enamoró de mí. Con decirte que vendió su casa y todo lo que tenía y se fue con su ropa a vivir conmigo. Un hombre de 74 años que tenía una vida organizada, un poco como el personaje de Richard en el libro. Claro que yo no conocía a Roger cuando escribí a Richard”.

El relato de cómo se conocieron, pareciera más una novela que una historia de la vida real.

“Él había leído La casa de los espíritus y un par de libros más, sabía quién era yo, pero un día me oyó por la radio y escribió a mi oficina, y no sólo una o dos, o tres veces. Durante 5 meses me escribió todas las mañanas y todas las noches, nada que pareciera acoso ni romántico. Lo conocí cuando ya tenía prácticamente escrito Más allá del invierno y tenía que ir a Nueva York. Ahí decidí conocerlo y empezamos una relación amorosa. Él sabía de mí más que yo de él. Creo que se enamoró primero del personaje que le parecía y luego de mí como persona”.

Aunque cree que ya ha escrito suficiente sobre amores en la tercera edad, no descarta la posibilidad de llevar a la literatura, como antes ya ha hecho, los acontecimientos más importantes de su vida.

“Ya he escrito dos libros en el que la parejas son ancianos. En El amante japonés tienen cerca de 80 años y en este nuevo tienen 60. No puedo seguir escribiendo sobre viejitos que se aman. Pero sí, es verdad que muy pocos escritores escriben sobre los romances en la tercera edad porque es un tema tabú. La idea de que la gente mayor pueda tener vida romántica, sexual y se muestren apasionados, le choca a la gente. Ya imaginarás tú la cara que ponen mis nietos. Los pobres, van erizados”.

Sobre la relación de la intelectualidad mundial con la larga dictadura cubana y la crisis en Venezuela, la autora de Mi país inventado y La ciudad de las bestias, contestó:

“No nos hemos olvidado. Hay perfecta consciencia de lo mal que están Cuba y Venezuela. Fíjate que miles de miles de chilenos encontramos refugio en Venezuela en los años 70 y 80, y ahora estamos recibiendo miles de venezolanos que vienen a Chile buscando lo mismo que ya nos habían dado ellos a nosotros, décadas antes. Estas oleadas tremendas de refugiados políticos que venían a Venezuela ahora salen de allí. Sí estamos conscientes de lo terrible que es”.

En la obra de Allende, además de las relaciones amorosas, persiste la indagación en la memoria, la recreación literaria del testimonio, el feminismo y el humor. Pero confiesa que lo que más le seduce es descubrir “historias profundamente humanas”.

Cuando oímos las estadísticas y titulares de casos terribles en Venezuela o en Cuba, no somos capaces de relacionarnos de corazón a corazón como cuando conocemos lo que realmente le pasó a esa persona. La historia personal es la que nos hace vibrar, y nos enseña que puede sucederle a cualquiera. Que su sufrimiento es igual al nuestro. Si se le muere un niño a una mujer en Bangladesh, que está escapando, por ser una refugiada miserable no sufre más o menos que una persona que viva en otro sitio, o lo que yo sufrí cuando se murió mi hija Paula. Es lo mismo. Luego de todos estos años escribiendo, lo que he aprendido es que lo único que realmente nos conecta con otra persona es escuchar su historia. Y por eso sigo escribiendo. Es la historia humana lo que nos apasiona”.

 

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