MIAMI.- La apertura de una nueva sala de teatro es motivo de celebración. Mejor aún si está dada por la puesta en escena de una buena obra teatral, que no sólo nos ayude a distraernos, sino que nos haga pensar y disfrutar una buena actuación.

El productor teatral Miguel Ferro, luego de superar el efecto del cierre del Paseo de las Artes, en Doral, vuelve a aventurarse con un nuevo espacio, tipo black box, de unas cien butacas, al que bautizó Paseo Wynwood, a unos pasos de la vigorosa Midtown, en Miami.

Y de eso precisamente trata Rojo, de la obra titulada en inglés Red, escrita por John Logan, ganadora de seis premios Tony y traducida al español y dirigida por César Sierra, que retrata la mente brillante y exasperada de un pintor que pide a la humanidad sentir la forma y la textura de sus pensamientos.

Ambientada en el estudio del artista, a finales de los años cincuenta, en Nueva York, la pieza proyecta la naturalidad a primera vista del joven Ken, que es empleado por el pintor Rothko (1903-1970) como ayudante y además debe lidiar con los conceptos estéticos del protagonista.

“¿Qué ves?”, pregunta con urgencia el pintor al comenzar la pieza, mientras señala un inmenso lienzo pintado de color rojo, que alguna vez Rothko realizó. Una pregunta con urgencia que denota en parte esperanza y en parte desesperación, pero más desesperación que esperanza.

De esta manera, Rothko arremete contra el rechazo de los críticos, los galeristas y los coleccionistas, a pesar de haberse hecho un hueco en la fama, y argumenta su eterno disgusto con el entonces creciente movimiento pictórico pop art, que lideraba Andy Warhol: “Hay algo a lo que sólo le tengo miedo”, plantea el pintor en escena, “de que el color negro se trague al color rojo algún día”, en alusión al avance de lo que consideraba “basura”.

¿Por qué rojo y negro? De hecho, el color rojo es asociado con la pasión, la violencia, la cólera y la aventura, mientras el negro es relacionado con lo desconocido, el poder y la autoridad.

En principio, el pintor, que se distanciaba de cualquier movimiento pictórico, plantea una tesis sobre la incomprensión de su obra, pero sobre todo establece un necesario discurso sobre la falta de atención al pensamiento y los sentimientos humanos.

Tantos las luces como la escenografía logran reproducir el universo más íntimo del pintor, que está saciado por la oscuridad que alababa y en la que realizaba muchas de sus obras.

Anthony LoRusso interpreta al joven ayudante Ken con frescura y carácter cuando reta al pintor con su contraparte, mientras el actor Orlando Urdaneta se mete en la piel de Rothko y convence al público que está en presencia de un hombre que está desesperado por ser comprendido y aceptado.

Salvo la escena en que ambos personajes se sientan en el suelo del escenario y la disposición de las butacas en nivel plano de la sala impide ver la interpretación, Sierra, de quien antes conocimos La Lechuga y Solo, logra realzar su puesta en escena con un contundente diálogo imaginario entre los personajes y el público.

No hay duda que tanto Rothko como Ken saben defender sus conceptos más particulares y que la pieza sirve para hacernos entender que la respuesta a muchos de nuestros males está en la falta de comprensión de unos a otros, y viceversa.

Sala Paseo Wynwood, 3000 North Miami Ave. Miami. Funciones viernes y sábado 9 p.m. y domingo 8 pm hasta el 8 de julio.

Consulte PaseoWynwood.com para más información.

Entradas disponibles por internet en www.myticketon.com

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