martes 17  de  marzo 2026
PATRIMONIO

Museo del Prado escoge claustro histórico para honrar a la escultura del siglo XIX

El nuevo espacio que incorpora Venus y Marte, del entorno de Canova; el Cupido, de José Álvarez Bouquel, y La Caridad romana, de Antonio Solá

MIAMI.- El Museo del Prado de Madrid ha convertido su claustro histórico en el escenario elegido para dar valor a la escultura del siglo XIX, un nuevo espacio que incorpora Venus y Marte, del entorno de Canova; el Cupido, de José Álvarez Bouquel, y La Caridad romana, de Antonio Solá.

Así lo manifestó este martes la dirección de la pinacoteca, que suma estas obras a las ya expuestas en uno de los espacios más emblemáticos de la institución, con las que se "enriquece la lectura del desnudo decimonónico gracias a su calidad técnica, su diversidad estilística y su relevancia dentro del neoclasicismo escultórico".

A través de estas piezas, el Prado ofrece un recorrido renovado que combina la herencia clásica con los lenguajes formales de su tiempo, "poniendo en diálogo la tradición neoclásica, la reinterpretación del canon y las visiones idealizadas y orientalizantes que marcaron el siglo XIX", argumenta en un comunicado.

La nueva disposición permite leer de manera armónica la evolución del desnudo en este periodo, reforzando el valor histórico y museográfico del claustro. De esta manera se culmina la reordenación de ese espacio, que adquiere una "nueva lectura museográfica que refuerza su valor histórico y arquitectónico".

Las esculturas aparecen reorganizadas según criterios cronológicos, estilísticos y formales, lo que permite recorrer con mayor claridad la evolución del desnudo en el siglo XIX a través de algunos de los conjuntos más destacados de las colecciones del Prado.

Estructura de la exhibicicón

El recorrido comienza con Venus y Cupido, modelado por José Ginés en 1807. Junto a él se presenta Joven con un cisne, de José Álvarez Cubero, inspirado directamente en la obra y enseñanzas de Antonio Canova, con quien se formó en la capital italiana.

Del entorno directo de Canova procede Venus y Marte, donde la armonía entre las figuras simboliza la unión entre la guerra y la paz, condensando los valores estéticos del neoclasicismo.

A esta obra se suma Cupido, de José Álvarez Bouquel (1805-1820), considerado un testimonio del talento prometedor del escultor, cuya carrera se vio truncada por su temprana muerte.

Uno de los episodios más singulares del conjunto es la figura de Hermes/Mercurio, iniciada por Bertel Thorvaldsen y concluida en 1824 por sus colaboradores tras una caída y la aparición de vetas en el mármol.

En la reordenación se encuentra La Caridad romana, de Antonio Solá, interpretada con una contención característica del neoclasicismo aprendido junto a Thorvaldsen. Después la Esclava, de Scipione Tadolini (1862), ejemplo destacado del gusto orientalista del siglo XIX.

El recorrido concluye con el retrato de Charles Bennet Lawes, realizado por John Henry Foley hacia 1872. La figura, concebida como un atleta victorioso en reposo, combina realismo anatómico y una sensibilidad clásica, alejándose deliberadamente de la idealización juvenil.

La nueva museografía del Claustro de los Jerónimos ofrece así una lectura renovada del desnudo decimonónico, potenciando el diálogo entre la arquitectura histórica, la luz natural y la materialidad del mármol

FUENTE: EFE

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