domingo 28  de  junio 2026
RESEÑA

"Palermo, una oportunidad", de Abel González Melo, llega a las tablas de Miami

Palermo es una historia de amor, casi en tono de telenovela, con un final de sorpresa, dejando que cada espectador saque sus propias conclusiones

Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- En su crecimiento constante como plaza cultural de importancia, Miami acoge el estreno mundial de Palermo, una oportunidad, dramaturgia de Abel González Melo, algo que marca además, el primer acercamiento de Pedro Balmaseda a la escena como director. Ambos acontecimientos en su conjunto resultan acertados.

Palermo es una historia de amor, casi en tono de telenovela, con un final de sorpresa, dejando que cada espectador saque sus propias conclusiones.

La pieza se puede resumir como el encuentro, más imaginario que real, de Luciano Herrera, protagonizado por Rodolfo Jaspe, un modelo que regresa a Palermo, Italia, justo al fallecer el esposo de Carla Bellini, personaje que interpreta Claudia Valdés como una muy reconocida diseñadora de modas, que a su vez aguarda la llegada de su hija para los servicios funerarios.

Todo indica que Carla sueña con ese encuentro, lo necesita en su nueva condición de viuda, pero a la vez sopesa todo lo que ocurrió durante el romance que vivió con Luciano 20 años atrás, que finalmente la dejó por Francesco, el fotógrafo principal de la casa de modas regentada por ella.

Ese encuentro imaginario va dosificando los distintos momentos de cada personaje, los escenarios que conformaron la vida de los dos protagonistas y los ausentes, como Francesco, el alcalde Bellini, el submundo de la mafia, la violencia, las ambiciones personales y la madre de Luciano. Todo ello teje la sublectura de un texto bien armado, aunque plano, muy cotidiano y tradicional, que transcurre sin sobresaltos mayores.

Abel González Melo ha ido enfocando su teatro hacia una dramaturgia comercial, un teatro para comer. El Melo de Chamaco y Nevada, intenso y desgarrado, ha sido eclipsado por sí mismo, para dar paso a un autor enfrascado en constantes residencias, como con Teatro Avante, en Miami, que ha dejado como fruto piezas desiguales como Ubú pandemia, En algún lugar del mundo y Bayamesa, así como otras comisionadas por Mario Ernesto Sánchez para el Festival de Miami como parte de la residencia de Melo, entre ellas Mejor me callo y Disonancia.

Parece que en esta corriente se encuentra Palermo, una oportunidad, resultado de su residencia en la gran ciudad siciliana. Por mucha experiencia que se tenga, siempre es riesgoso trabajar por encargo, sobre todo, porque hay una sobrecarga en el autor y un compromiso.

Para Palermo el director Pedro Balmaseda en su condición de especialista en decorados y vestuario en su empresa Nobarte, concibe otra de sus escenografías grandiosas, de altos puntales, ventanas exquisitas, en general elegante y funcional, reflejando la atmósfera de distinción y glamour de la modista. El detalle de la ventana con vista el exterior, sirve para disponer distintos momentos, como la fiesta donde se conocieron Carla y Luciano, el paisaje de Palermo, la playa, en general un efectivo recurso comodín.

Las escenas están muy bien definidas. En la primera y en la de cierre, Carla está en su casa, elegantemente vestida, donde combina su dolor de viuda y el recuerdo con Luciano, con el que tuvo una relación de trabajo y pasión dos décadas atrás. Lo que marca como irreal el encuentro es que la actriz nunca mira al hombre que está a su lado. Sin embargo cerca del cierre, hay un contacto visual entre ambos, que siembra dudas en el espectador. No se puede definir si fue intencional o resultado de una pifia.

Palermo está llena de claves que se van dosificando a lo largo de los 1 y 30 minutos de espectáculo. Una pieza armada con cuidado, siguiendo las reglas del diseño, pero que se enfría, o la enfría un poco la banalidad de la historia y otro poco los propios actores.

Claudia Valdés como Carla está muy bien, domina la escena y atrae con sus movimientos la atención del público, que atento va descifrando las raíces de su relación con Luciano. Su contraparte Rodolfo Jaspe posee el físico para una pasarela de moda. Es en general poco expresivo y eso limita su lenguaje corporal. En los momentos de contacto ambos salen airosos.

Sin que constituya un rechazo a los avances tecnológicos, resulta chocante que los actores usen micrófonos, que distorsionan la voz y dejan en el ambiente sonoro unas chispitas ruidosas, fruto de la estática.

La sala del Westchester Cultural Arts Center es relativamente pequeña e íntima, por lo que los actores bien podrían proyectar su voz. Como resultado de los micrófonos, en la escena en que Jaspe se quita la camisa y enseña su atlético cuerpo (incluido su six pack), le cuelga el cable a lo largo de la espalda.

Esta deficiencia se une a otra. Al tratarse de una obra de personajes de clase alta, la moda y el glamour, donde la exquisitez y la armonía son parte del encanto general, contrasta que ambos personajes exhiban sus tatuajes personales. Cuando Claudia Valdés abre sus brazos, rompe el equilibrio, el balance escénico se resquebraja. Como parte de la concepción de la obra se debió haber cubierto los dibujitos de los actores.

En general Palermo cuenta una historia bonita, porque en su esencia es un cuento de amor, de pasión y de juventud, que, como ocurre en la vida, el destino le hace trampas.

En general el público disfruta cada momento, el ambiente, la música, las luces, el vestuario, un conjunto que crea una intimidad y también, como dice el título, una oportunidad.

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