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Existe un laberinto demasiado ancho y complejo entre Cuba y Estados Unidos que se llama política. Es muy difícil de sortear, incluso para las mejores intenciones. Es una trampa caótica donde ni siquiera la diplomacia del béisbol puede sobrevivir.

Cuando parecía que por primera vez se podía llegar a un entendimiento entre las Grandes Ligas (MLB) y la Federación Cubana de Béisbol (FCB), para que los peloteros isleños firmaran directamente con clubes estadounidenses, la realidad del diferendo político hizo recordar que seguimos atrapados en la misma encrucijada de hace 60 años.

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Esta semana, en una carta enviada por el Departamento del Tesoro a los abogados de MLB se les notificó que el acuerdo quedaba cancelado. Cierto que a ambos lados del Estrecho de la Florida muchos simpatizaban con una negociación de este tipo, aunque otros no tanto. Aun así, se debe separar el factor emocional de una justa perspectiva de los hechos, atenazados por el presente contexto político y bajo las actuales circunstancias sociales.

El acuerdo

Si bien el pacto significaba la apertura de una ventana de oportunidades deportivas nunca antes explorada, también su aplicación implicaba una agria controversia en términos económicos. A partir de ahí se puede intentar discernir, no sólo el fracaso del desafortunado convenio, sino también palpar la profundidad del trauma alcanzado por las extenuantes relaciones políticas entre los gobiernos de Cuba y EEUU desde 1959.

En el año 2014, con el restablecimiento de las relaciones bilaterales, el entonces presidente Barack Obama inició un proceso de deshielo entre los dos países que, en determinado momento, lo llevó a considerar a la FCB como una organización no gubernamental (ONG). Esa fue la semilla de la que germinaron ciertas conversaciones y que luego desembocaron en la firma del histórico acuerdo en diciembre del 2018.

“La razón por la que Obama lo interpretó desde un criterio más liberal fue con la idea de, primero, hacer crecer el acercamiento y el intercambio, dejando los cambios sustanciales para el futuro”, aseguró Willy Allen, abogado de inmigración en Miami y experto en temas cubanos, aunque valora que ese no era el mayor conflicto, sino el de la probable transacción económica entre las Grandes Ligas y una supuesta entidad cubana no gubernamental.

“Sabemos que no hay ninguna organización independiente en Cuba, todas deben estar sujetas a los deseos y al control del Gobierno”, explicó Allen y agregó: “El problema es que el Gobierno cubano iba a recibir parte del salario de los peloteros. Eso está en contra del embargo y hubiera estado en contra de las leyes del Departamento del Tesoro”.

¿Entidad independiente?

Pero, ¿qué determina en esencia las características de una ONG? Sin duda, su propia financiación, lo cual implica la facultad de poder utilizar los recursos económicos destinados para sus fines y, además, la potestad de elegir a sus dirigentes. De ningún modo pueden estar subvencionadas por gobiernos o partidos en el poder, porque perderían su condición de ONG.

Es el caso de los convenios laborales que existen entre Grandes Ligas y los circuitos profesionales de Japón (NPB) y Corea del Sur (KBO). En 2017, por ejemplo, los dueños de los equipos de MLB ratificaron un nuevo sistema de posta para que la estrella nipona Shohei Otani lograra salir de Japón y firmara un contrato en EEUU para la siguiente temporada. Esta decisión se tomó de forma autónoma entre los dueños de ambas organizaciones, sin ninguna mediación gubernamental, algo que en el acuerdo cubano sería imposible de ver.

Es absurdo pensar que la Federación Cubana de Béisbol tenga en su estructura económica la participación de capital privado o independiente. El salario de todos sus miembros sale de las arcas del Estado, quien además se involucra en la selección de sus dirigentes y les exige integración y fidelidad al Partido Comunista, único permitido en Cuba y en el poder desde el siglo pasado. Resulta evidente que la decisión de Obama poseía una frágil legitimidad frente a las leyes del embargo. Teniendo en cuenta el actual contexto doméstico de EEUU y la posición del Gobierno cubano ante la situación política de Venezuela, le resultó muy sencillo a la administración Trump revocar dicha medida.

Los peloteros

Sin embargo, acorralados entre las dos facciones de la discordia se encuentran los peloteros cubanos. “Desgraciadamente la política una vez más ha influido”, señaló Rey Vicente Anglada en conversación exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS.

El exjugador de los equipos capitalinos y del equipo Cuba, lamentó lo que ha sucedido: “Sobre todo por la frustración de estos muchachos, que pueden llegar ahí, que tienen un anhelo de poder alcanzar las Grandes Ligas y ahora ven truncado su sueño”.

A pesar del variado matiz de expectativas que existían sobre el pacto, el actual director de la selección nacional consideró que se había dado un enorme paso de avance. “MLB es una organización muy seria, y todo el mundo creyó que eso se podía llevar a efecto, sin pensar que la política podía interferir”, afirmó.

Anglada, quien es consciente del desangramiento de talento que ha sufrido el béisbol cubano en los últimos años, confía en que este no sea el principio de otro nuevo éxodo. “Ojalá que no suceda, que no ocurra lo que estaba pasando hasta ahora”, y desea que no mueran del todo las esperanzas de los atletas para salir a jugar de manera legal. “Pero hay que esperar, imagínate son muchachos jóvenes, algunos casi adolescentes y no se sabe lo que pueden pensar o qué cosa quieran hacer”, enfatizó.

En 1991, cuando el lanzador René Arocha abandonó las filas del equipo Cuba durante una competencia internacional, detonó una válvula de escape que ha llevado a cientos de beisbolistas a huir de la isla con el propósito de conseguir un contrato profesional. Pero esta emigración, ilegal y desenfrenada, también ha estado ensombrecida constantemente por la intromisión de obscuros intereses de traficantes y contrabandistas que generaron un sinnúmero de abusos, extorsiones, engaños, fraudes e irregularidades, donde los más afectados siempre han sido los peloteros cubanos.

El acuerdo entre Grandes Ligas y la Federación Cubana, de algún modo también pretendía remediar esta triste situación. Pero como sucede en las relaciones Cuba-EEUU, béisbol y política, jamás han logrado conciliarse con su verdadero significado semántico, sino que han devenido en argumentos encontrados cual pilares de la famosa paradoja del vaso medio vacío o medio lleno, donde algunos aprecian que el contenido es únicamente político, mientras que para otros sólo existe el béisbol.

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