Miami tiene un significado especial para el latinoamericano más brillante que ha jugado en la NBA y uno de los mejores extranjeros. Fue aquí donde Manu Ginóbili sufrió, donde vivió uno de sus momentos más difíciles de su carrera, pero al que también, fiel a lo que ha sido su vida, dejó atrás y se recuperó. Fue en esta ciudad, que visita en esta semana, que en 2013, durante el sexto juego de las Finales, donde los Spurs de San Antonio perdieron la gran oportunidad de coronarse y terminaron cayendo ante el Heat, en un choque en el que el argentino tuvo ocho pérdidas de balón.

“Por primera vez mi cerebro me falló”, recordó Ginóbili en una entrevista a ESPN. “Me relajé después del quinto juego. Sentí que estaba satisfecho. Eso me hizo débil. Nunca había pasado antes. Mi cabeza es lo que siempre me ha impulsado”.

Tras aquella catastrófica final en la que los Spurs perdieron en siete desafíos, aseguró que se recuperaría y que pese a haber caído a lo más bajo -al menos así lo consideraba- seguiría siendo el mismo de siempre, la “alocada” figura que desequilibraba no sólo las defensivas contrarias, sino las estrategias de su mismo equipo, el hombre capaz de hacer cambiar la forma de pensar de un legendario técnico -Gregg Popovich- y toda una organización. Doce meses después, cumplió su promesa. Los Spurs aniquilaron al Heat en cinco juegos para conquistar su quinto título de la NBA, y el cuarto para Ginóbili.

Siempre con todo

Desde que empezó a jugar baloncesto, Ginóbili ha luchado contra las barreras que otros veían y que él jamás comprendió. A los 16 años, en su natal Bahía Blanca, no impresionaba a nadie.

“Había por los menos 15 chicos que jugaban mejor que él”, recordó Pepe Sánchez, quien tuvo una breve pasantía por la NBA y fue compañero de Ginóbili en el equipo olímpico argentino que ganó el oro en 2004. “Cuando se iba hacia la canasta, lo destrozaban. Era tan pequeño y tan frágil”.

Pero lo que le faltaba en fortaleza, lo compensaba con inteligencia. “Es cierto, no era nada especial, pero veías que se movía diferente”, dijo Andres Nocioni, otro ex NBA que brilló con la camiseta albiceleste.

Y así fue conquistando cada una de sus metas. Cuando llegó a Italia, a finales de los noventa, no convencía a sus coaches. “Hacía cosas sorprendentes en las prácticas, pero no se sabía si podía hacerlo también en los juegos”, evocó Ettore Messina, técnico del Bologna italiano. Y terminó haciéndolo. De hecho, ganó dos premios al Jugador Más Valioso y se llevó también el MVP en las Finales de la Euroliga.

Cuando llegó a San Antonio, tras el draft de 2002, tampoco gozaba de la confianza del cuadro texano. Durante las prácticas sus compañeros lo pusieron a prueba una y otra vez hasta que logró convencerlos gracias a su capacidad de no ceder nunca. En el primer choque de Ginóbili ante los Lakers, Kobe Bryant le pidió a Bruce Bowen, alero de San Antonio, que le hablara del “chico blanco”. Bowen respondió: “Vas a ver. No es un chico blanco, puede hacer muchas cosas”.

Tantas cosas que era incontrolable. Popovich una vez llegó a confesar que pensó que no iba a poder dirigirlo. Gradualmente, Ginóbili probó que era un jugador fuera del molde.

“Sencillamente se dio permiso de jugar como quisiera”, recordó Tim Duncan, el mejor jugador en la historia de la franquicia. “Nos derrotó. Pop [Popovich] se arrancaba el pelo, pero eventualmente nos dimos cuenta de que Manu veía las cosas con más antelación que los demás”.

La leyenda

Ya convertido en figura, Ginóbili dio otra lección más que, sin saberlo, terminaría de cimentar su leyenda en San Antonio. A principios de 2007, Popovich decidió enviar al argentino a la banca. No fue por rendimiento, sino por una cuestión de estrategia, y en vista que en la titularidad también estaban Duncan y Tony Parker. La ofensiva de la segunda unidad, sencillamente, era ineficiente. Ginóbili aceptó el reto pese a que ese movimiento le costaría la obtención de logros individuales.

“Sabía que iba a jugar menos”, recordó. “Pero en esos minutos que me tocaba iba a ser yo la principal opción. Y al final estábamos ganando. Nos estábamos divirtiendo. Me encantó el rol”.

Ese año, los Spurs se llevaron el título y una temporada después el suramericano fue elegido el Mejor Sexto Hombre.

Ginóbili se volvió un ejemplo de tenacidad y de sacrificio, una leyenda dentro de los mismos Spurs, una estrella que se niega a apagar, pese a sus 40 años.

“No quiero que se retire jamás”, señaló Popovich en una mezcla de broma y seriedad. “Quiero sacarle al máximo provecho”.

Con un contrato para esta campaña y para la siguiente, los Spurs seguirán manteniendo a su “abuelo” en la cancha. Cuando decida que ya es tiempo del retiro, dejará un legado que perdurará para siempre en la historia de la franquicia y en el baloncesto latinoamericano.

Conquistas fuera de la NBA

*Ganó la medalla de oro olímpica con la selección argentina en 2004. En 2008 se llevó el bronce.

*Es uno de solo dos jugadores en la historia, junto con Bill Bradley, en ganar un título de la Euroliga, uno de la NBA y un oro olímpico.

*Fue invitado al Juego de las Estrellas en Italia en tres temporadas.

*Fue el Más Valioso de la liga italiana en dos ocasiones, y una vez fue el MVP de la Euroliga.

*Fue elegido al Todos Estrellas del Mundial de baloncesto de 2002 junto con Yao Ming, de China, Dirk Nowitzki, de Alemania y Peja Stojakovic, de Yugoslavia. En ese torneo, Argentina ganó la plata.

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