miércoles 1  de  julio 2026
BIENAL DE LA HABANA

Desencantados, desentendidos... Y la prensa

Una persona que quiero mucho los divide en desencantados y desentendidos. No son categorías filosóficas pero ayudan a entender. Porque nos dan una idea del daño que la apatía y no participación pueden ocasionar a un proceso de formación de una nación que es lo único común que tenemos (y la nación se funda todos los días, cada día, cada momento, no es necesaria una situación especial, política, ideológica o social que lo provoque).

Diario las Américas | JOSÉ LUIS RUMBAUT LÓPEZ
Por JOSÉ LUIS RUMBAUT LÓPEZ

Después de otra ronda de conversaciones y en medio de una Bienal que reboza La Habana de cultura y oportunidades de recreo visual, el país parece que continúa una normalidad indescriptible.

Tal vez sea que queremos que ocurra algo, que la gente participe, actúe, compela a favor de acelerar los acontecimientos, y que por alguna vez podamos decir: SÍ, PASA ALGO. Pero lo he notado por años, he sentido la apatía y el distanciamiento de grandes sectores que podrían ser sujetos de cambio, impulsores del debate del cual me gustaría que saliera la silueta del próximo país que fundemos.

Pero no sucede. Las mayorías siguen ajenas al acontecer y solo se pegan a la noticia corta de los noticieros. ¡La prensa, oh, la prensa! Pero es tema de más adelante. Aquí quiero entender qué mueve o no mueve a mis coterráneos, qué nos detiene en el tiempo y sea tal vez un tema histórico o uno concreto de los tiempos que vivimos.

Una persona que quiero mucho los divide en desencantados y desentendidos. No son categorías filosóficas pero ayudan a entender. Porque nos dan una idea del daño que la apatía y no participación pueden ocasionar a un proceso de formación de una nación que es lo único común que tenemos (y la nación se funda todos los días, cada día, cada momento, no es necesaria una situación especial, política, ideológica o social que lo provoque).

Los desencantados pululan entre los que en un momento fueron activos practicantes, de uno u otro lado. Pero, sobre todo, los que han apoyado el proceso y han sido defensores del gobierno. Los desencantados llegan a ese estado por una terrible coincidencia de factores que desembocan en el distanciamiento de los postulados políticos y/o sociales que marcaban su actuar.

No confundir un desencantado con un defenestrado, con alguien que chupó de la ubre del sistema, se benefició mientras pudo de las mieles del poder y en un momento, por alguna razón personal, colectiva o incluso jurídica, fue apartado a cargos de menor cuantía donde su buen vivir resultó afectado. No confundir con los simuladores que durante media vida (e incluso más) ondearon una bandera que no estaban verdaderamente dispuestos a defender.

Los desencantados son en su mayoría personas de una firme convicción ideológica, que no encuentran en las soluciones actuales ni en las posibles futuras la razón de sus luchas, de sus prédicas y de sus muchos anhelos. Los desencantados son aquellos que sufren el conteo de una vida llena de privaciones propias de la militancia real, de participar en la construcción de un país que entendieron y quisieron fuera la plataforma de felicidad prometida.

Los desencantados no son peligrosos para nadie, solo dejan de actuar, no compulsan otras ideas sino que se declaran perdedores en un esquema donde sus propias convicciones no les permiten estar en contra. Pero el mayor daño a la nación, lo hacen quienes dejan de luchar, porque los que nunca lo han hecho no figuraron jamás entre aquellos que el poeta dictaminó como imprescindibles.

Los desentendidos nunca tocaron la piel del sistema. Los desentendidos crean su propia burbuja y sacuden el cuerpo como lo hace el perro mojado, hasta el mismo extremo del rabo con tal de quitarse cualquier vinculación, toda la responsabilidad y ninguna contribución a la solución de los problemas comunes.

El desentendido es un guerrillero solitario que tiene su feudo a su alrededor y evita el contacto con toda realidad que lo obligue a pensar en los problemas, evitando de ese modo cualquier tipo de participación. Los desentendidos no hacen un daño importante al status quo porque nunca han interactuado con él. Son simples números, estadísticas que, como zombis, deambulan por el espacio sin tener un contacto material con sus actores.

Y está la prensa, que no menciona ni a uno ni otro grupo, actuando como desentendida y fría reproducción de los valores ausentes, tanto de desencantados como desentendidos. Porque no reflejar esta situación que agrupa a una importante cantidad de personas no ayudará a sanear la epidermis de la sociedad ni a ahondar en sus soluciones. Sin mencionar que la actitud de los que no cuentan en las estadísticas del sistema contribuye decisivamente a obviar tal vez el principal problema que ataca la formación de un país colectivo que necesitamos.

La prensa (y no los periodistas, que en muchos casos han demostrado ser mejores que sus medios) juega un peligroso rol en la conversión de las personas activas en entes zombis que no contribuyen, que no opinan con el humor ni con el cotidiano intercambio de información (a veces conocido como chismes) que caracteriza el encuentro entre cubanos. Sería oportuno que los hacedores de las políticas informativas vieran el efecto y el impacto de redes que analizan el mundo nuestro con humor y con el sarcasmo que cada situación demanda. Podría sugerirles los escritos de Siro Cuartel, El Lumpen, mi Cocoliso, y un largo etcétera.

Pero ni con desencantados ni mucho menos con desentendidos nuestra cosa común podrá ir adelante. No importa que hagamos centenares de “respetuosas y profesionales” rondas de negociaciones para implementar mejorías de las relaciones entre enemigos históricos; no importa si Barack Obama se toma por fin el mojito en los jardines del Hotel Nacional.

La cuestión del país se resuelve con una activa participación de las mayorías; impulsarla es la tarea que debíamos trazarnos todos. No importa si en rondas de negociación entre contrarios, o con el humor sonriente después de leer la verdad mejor dicha en algún artículo sobre la problemática nacional.

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