MIAMI- Muchos creyeron que las [tardías] acciones del gobierno de Joe Biden o la marcha atrás en fecha reciente de parte de las restricciones impuestas a la industria estadounidense del petróleo, desde el 20 de enero del 2021, cambiarían como chasquido de dedos la grave crisis de precios y la peor inflación en casi 50 años.
Nada más lejos de la realidad con una guerra innecesaria en Ucrania que ha acuñado la descabellada política de la Casa Blanca.
El gran pretexto que pudo ser la invasión de Rusia -para encubrir los errores y desviar la atención de los estadounidenses de su estado de irritación- se ha pulverizado frente al caos socioeconómico en Estados Unidos (EEUU), fomentado por la actual administración.
Los precios del petróleo y la gasolina en las nubes
El precio promedio nacional de la gasolina se encuentra en 4.67 dólares, al tiempo que el precio del barril de crudo estadounidense en la Bolsa de Nueva York el 1ro de junio cerraba a 115.26 dólares y al día siguiente a 116.87 dólares, un máximo desde principios de marzo cuando se dispararon las acciones de los combustibles a solo días de comenzar el conflicto bélico en Ucrania.
Biden finalizó acuerdos petroleros con Canadá, impuso restricciones al crudo estadounidense y regresó al país a la dependencia energética exterior, bajo el control de naciones productoras del "oro negro".
El 2 de junio, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEP y OPEP+) acordó subir una cifra [irrisoria] de su producción. De 432.000 barriles adicionales diarios en meses anteriores, ahora entregará 648.000 barriles por día al mercado internacional.
La decisión confirma que se abstiene de frenar los altos precios del combustible cuando las ganancias actuales viven otra gran luna de miel, lo que entorpece aún más la efectividad de alguna medida de Washington en su intento [retardado] de contener la inflación en EEUU.
Pero los altos precios de los combustibles no solo ahogan a los clientes, sino a las grandes compañías como las aerolíneas, en especial las de bajo costo, obligadas a reducir la cantidad de salidas y horas de vuelos a sus tripulaciones en busca de la rentabilidad. Una de las medidas incluye la cancelación de viajes cuando la aeronave no está casi al máximo de su capacidad, tanto en vuelos nacionales como en internacionales. Todo se traduce en menos servicio y menos ingresos.
Ninguna de las “prometedoras y firmes” declaraciones de Biden acerca de las medidas de su gobierno para contener el precio de la gasolina han surtido algún efecto favorable para los consumidores. Por el contrario, la impotencia y el descontento de los consumidores son bastante notables en las gasolineras y en el resto de las cadenas minoristas del país.
La incapacidad es cada vez más evidente
Lo más alarmante es la [incapacidad] del gobierno demócrata o bando azul en Washington para solucionar alguna crisis; incluso, ni en un tema tan sensible como la leche de fórmula para los bebés.
Altos funcionarios y el propio Biden se reunieron el 1ro de junio en Washington con los fabricantes ByHeart, Bubs Australia, Reckitt, Perrigo Co. y Gerber. El gran ausente, sin ninguna explicación de la Casa Blanca, fue Abbott Nutrition, la compañía cuya planta de Michigan fue obligada a cerrar en febrero debido a sospechas por el fallecimiento de dos bebés que se alimentaban con leche de fórmula procesada por esa empresa, lo que [agudizó] el desabastecimiento que ya existía por la baja producción, escasez de materias primas y falta de empleados en las fábricas.
Las investigaciones arrojaron [supuestamente] que no existía ninguna relación entre el producto y la muerte de los infantes… según un comunicado del propio gobierno que acaba de reiterar que, pese a las importaciones desde Alemania, la crisis continuará durante varios meses.
Y esto es solo el más reciente capítulo del dramático desempeño de la nueva izquierda en el poder, adherida a la agenda de los progresistas (socialistas) en Washington.
Así de extensa es la lista de desaciertos en Washington D.C.: Decenas de órdenes ejecutivas (75) para revertir los éxitos económicos del expresidente Donald Trump; la caótica salida de Afganistán, donde casi 1 billón de dólares en armamento moderno de EEUU quedó en manos de los talibanes, la descontrolada inmigración en la frontera sur, inflación récord de 8,5%; la fallida guerra contra la industria del petróleo estadounidense por el cambio climático, el fiasco del uso de más del 25% de la Reserva Estratégica de Petróleo de EEUU para [intentar] bajar los precios, el cierre de los oleoductos desde Canadá; la crisis de los semiconductores en la industria automotriz; la falta de mano de obra y 11,4 millones de empleos disponibles en el país durante año y medio; el inexistente acuerdo nuclear con Irán, que posee ya 18 kilogramos de uranio enriquecido al 60%; el incremento de la delincuencia y la violencia en los estados gobernados por demócratas; la imposición de las vacunas sin la erradicación de la pandemia; la incitada guerra en Ucrania con miles de millones de dólares de gasto (más de 60.000 millones en total hasta ahora) y sus consecuencias a nivel mundial; además de las controversiales concesiones a los regímenes de Cuba y Venezuela a cambio de nada, entre otros descalabros.
Más problemas desde Europa
Exacerbada por la Casa Blanca y bajo la euforia desmedida frente a la [evitable] guerra en Ucrania, la Unión Europa anunció que dejará de comprar el 90% del petróleo de Rusia. Lo que no aclara el informe es cómo lo hará cuando la propia Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP y OPEP+) confirmó en fecha reciente que no tiene la capacidad para sustituir los más de 7 millones de barriles diarios que pone Rusia en el mercado internacional. Y la preocupación de Vladimir Putin sobre el tema es nula. Tanto China como India le comprarían todo el petróleo que logre exportar.
En medio de una galopante inflación, Biden intenta rearmar a un ejército ucraniano sin la capacidad [visible] para una sólida resistencia y menos para una victoria sobre Rusia. Entre una primera partida de fondos de 16.400 millones y otra de 40.000 millones, la Casa Blanca está decidida a seguir regalando el dinero de los contribuyentes estadounidenses sin ninguna supervisión, sin respaldo de valor y sin la más [real preocupación ni responsabilidad] por la crisis inflacionaria, y mucho menos por la deuda.
Los billetes navegan en la capital estadounidense. El gasto es desorbitante y la deuda pública ni se menciona después de cruzar el umbral de los 30 billones de dólares, gracias al descomunal gasto, los innecesarios paquetes de estímulo en el 2021 (uno de $900.000 millones y otro de $1,9 billones) y la cuestionable gestión económica.
Llueve el dinero en Washington D.C.
En el 2021, el gobierno actual imprimió 6 billones de dólares. Junto al exceso de estimulación económica sin producción, escasez, bajas exportaciones, déficit comercial récord y el enfrentamiento al petróleo estadounidense llevó la inflación al 8,5%, la mayor en casi cinco décadas.
Antes de sentarse en la Oficina Oval, Biden adelantó que se alejaría de la industria del petróleo: “la industria petrolera contamina significativamente y tiene que ser reemplazada por la energía renovable”. Y trató de cumplir su promesa a toda costa con resultados catastróficos.
Antes de la guerra de Ucrania, el nivel inflacionario de EEUU era de 7,9% y el precio del petróleo fluctuaba entre los 96 dólares y 100 dólares. El conflicto bélico solamente reforzó la crisis que ya existía, sin una salida viable e inmediata.
La Reserva Federal, también responsable por la inflación
Respecto a la Reserva Federal, veremos quizás en algún momento también retractarse a su presidente, Jerome Powell, como lo acaba de hacer su colega y secretaria del Tesoro, Janet Yellen, sobre la magnitud [ignorada] de la inflación y sus lamentables consecuencias para el pueblo estadounidense, que ahora paga el doble o el triple por el mismo producto que adquiría en el 2020. Si se compara con el 2018 o 2019, el margen es mayor.
Ahora, la Reserva Federal (Fed) o Banco Central de EEUU se halla atrapada en una encrucijada que creó. Las opciones en estos momentos son reducidas con la política de extrema izquierda en la Casa Blanca.
Las subidas de tasas de interés (0.25% y 0.50%) han desacelerado la economía estadounidense mucho más desde que comenzó el proceso a finales de agosto del 2021, a consecuencia de los errores del gobierno de Biden. La próxima subida de 0.50% o 0.75% se ha anunciado para mediados de mes y otra a finales de julio, en las venideras reuniones de la Fed. Así lo confirmó la vicepresidenta del Banco Central, Lael Brainard.
La confianza de los consumidores ha ido en picada mes tras mes desde noviembre del 2021, al tiempo que los expertos auguran un futuro inmediato todavía más oscuro para los consumidores en el 2022 y mitad del 2023.
Los graves errores en economía se pagan caro, engendran mucho [dolor] durante un [largo tiempo] a quienes viven de un salario o ingresos mermados de su negocio, frente a un costo de vida insostenible. Pero, al parecer, esos tradicionales escarmientos económicos en la era moderna fueron obviados por el bando azul en el poder, que sigue adelante con la misma plataforma de [extrema izquierda] que está carcomiendo el país más próspero del planeta.
