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Las personas que huyen de un conflicto armado, de las garras de un régimen totalitario; los hostigados por ejercer la libertad de expresión, quienes pierden todo en una catástrofe natural, los acosados por profesar su religión y llegan a las fronteras de este país implorando socorro y son acogidas legalmente como refugiados, deben ser protegidas e incorporadas a la sociedad de la forma más humana y digna posible.

Estados Unidos es una tierra con una larga trayectoria de amparo a refugiados, venidos de todos los confines del mundo. Aquí encontraron protección aquellos peregrinos perseguidos en la Europa de principios del siglo XV, fueron bienvenidos los armenios sobrevivientes del primer genocidio moderno, los rusos que huyeron de la revolución bolchevique, refugiados italianos, judíos, chinos, árabes, cubanos, guatemaltecos que han huido de cuanto conflicto humano sucedido en este planeta.

Pero los refugiados no solo reciben, agradecen y engrandecen su patria de acogida, imponiendo en ella una nueva pátina cultural, social, y de riqueza humana.

Miami-Dade es una muestra de un núcleo urbano establecido, desarrollado y habitado por refugiados, que para potenciar la simbiosis surgida entre la comunidad y quienes llegan creó REVEST, el programa educativo de entrenamiento vocacional nacido para integrar socialmente a los recién llegados.

REVEST, “surgido en 1996 con el fin de ayudar a refugiados haitianos y cubanos, expandió el criterio de elegibilidad y así incluir a protegidos de todas partes del mundo”, explicó a DIARIO LAS AMÉRICAS Eduardo Chávez, director ejecutivo del programa, quien compartió en exclusiva los beneficios aportados por dicha iniciativa y los peligros latentes en su horizonte.

“Lo que hacemos aquí y en otros dos centros que tenemos es enseñarles durante el proceso de asentamiento para que aprendan inglés y una vez alcanzado un nivel determinado, comenzamos los cursos vocacionales donde certificamos que pueden desempeñar algún oficio o profesión de su agrado”.

Los programas de entrenamiento son más de 30, pueden durar desde una semana, como el curso de agente de seguridad, o ser más largos y sofisticados como farmacia, asistentes médicos, computación e informática. “También les preparamos como contratistas de obra donde aprenden diferentes materias vinculadas a la construcción, carpintería, electricidad, plomería y códigos de edificación”.

El programa es patrocinado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, la Oficina de Refugiados y administrado el Departamento de Niños y Familias. “Son gratis, pero tienen un costo que fluctúa entre los $1.000 y $6.000 por año y alumno. En el caso de inglés, estamos hablando de $350 por semestre y alumno que incluye los libros, los laboratorios de idioma y las clases”.

“Muchos refugiados vienen con magnificas carreras laborales o universitarias, si invierten un año o dos en educación puede significar la diferencia entre una persona completamente dependiente de la ayuda pública o alguien capaz de comenzar a trabajar en una oficina de médicos con toda la experiencia alcanzada en sus países donde muchos han ejercido de médicos, cirujanos o enfermeros”.

“Con este proyecto todos ganamos, gana el refugiado porque obtiene la herramienta útil para alcanzar una buena posición laboral, y gana la comunidad porque se enriquece”.

Recortes

El programa en su mejor momento operó con presupuestos de $10 millones y atendía a unos 10.000 estudiantes al año. Así crearon varios centros que ahora han comenzado a cerrar por diferentes causas.

“Primeramente, la administración Obama eliminó la política de Pies Secos y Pies Mojados y eso tuvo un gran impacto en la emigración de cubanos. Luego la administración Trump redujo la cuantía máxima de refugiados a aceptar por año en EEUU”

Desde el punto de vista presupuestario, REVEST se ha visto afectado también por los recortes. “Nosotros funcionamos por contratos anuales. El pasado año nos recortaron un 10% el presupuesto, este curso un 23%, es decir cada año vamos a menos y lamentablemente desconocemos qué pasará con el siguiente curso”.

Miedo a las ayudas

Desde el punto de vista subjetivo, existe una atmósfera de incertidumbre con respecto a las implicaciones que pueda tener para un refugiado recibir algún tipo de ayuda pública. Hemos visto que muchas personas que se podrían beneficiar del programa no están viniendo por temor a que su proceso de legalización, residencia o de ciudadanía se vea afectado por recibir tales ayudas”.

“Es algo de lo que se está hablando, pero no hay nada escrito, no hay nada firmado que uno pueda concretar”.

SOS

Miami recibe un capital humano que bien gestionado se pude convertir en riqueza y oportunidad de expansión. Un programa como REVEST diseñado a partir de un proceso eficiente de costo y entrenamiento, debería seguir brindando sus frutos a esta comunidad.

“No sé hasta dónde los comisionados del Condado y los alcaldes [de todos los municipios y el] de Miami- Dade deberían estar preocupados por el destino de un programa que tanto beneficia a sus comunidades. Si a nivel federal se está recortando, y a nivel estatal sucede lo mismo, el compromiso queda a nivel local.

Ahora mismo en Miami-Dade hay 40.000 refugiados, el próximo año entrarán unos 15.000. Si esas personas no acceden a este tipo de programas quizá veamos un incremento en las solicitudes de ayudas públicas.

“Yo llevo 20 años en esta ciudad y nunca he visto a cubanos, venezolanos o haitianos indigentes, pidiendo dinero en las calles. Esa agradable realidad se debe a mecanismos y recursos como REVEST que se revierten en la comunidad en un tiempo muy efectivo. Pero, qué pasaría en nuestra comunidad si estos programas dejan de existir”, concluyó.

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