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La polémica reforma fiscal firmada por el estadounidense Donald Trump ha sido, sin dudas, muy politizada y es un fiel reflejo de la encarnizada lucha política que se libra en diferentes frentes desde que el magnate republicano llegó a la Casa Blanca.

Realmente es muy difícil reflejar todos los aspectos de nuestra vida que se verán trastocados -beneficiados o perjudicados- por la nueva ley porque nadie a ciencia cierta puede saber cuál es el alcance real de la medida. En los países con libre competencia, donde existe la libertad económica, justamente la Economía no es una ciencia exacta.

No obstante, DIARIO LAS AMERICAS ha querido hacer un pequeño análisis dejando fuera las pasiones políticas y prestándole atención a algunos asuntos que le pueden importar al común de nuestros lectores. Para ello, DLA conversó con un el experto en finanzas Alfredo Gutiérrez, banquero retirado de la banca internacional, quien ha estado de acuerdo en hablar de hechos y no de colores o bandos políticos en el tema de la reforma fiscal.

La Ley de Reducción de Impuestos se promulgó con el objetivo, según el propio presidente Trump, para “recortar los impuestos para la clase media, simplificar el código tributario, hacerlo más justo a los estadounidenses de a pie, recuperar los empleos y las riquezas que han abandonado el país y atraer inversiones foráneas”.

Individual

Desde el punto de vista de los ciudadanos comunes, las implicaciones de esta norma pueden ser diversas. La realidad es que existen tantos elementos de cambio en los impuestos individuales que el beneficio o el perjuicio de la ley dependerá mucho de la situación familiar de cada persona (estado civil, nivel salarial, cantidad de hijos o personas dependientes).

Los detractores de la ley plantean que está hecha a la medida de los ricos porque sólo ellos serán los más beneficiados. Y esto no parece del todo correcto, “la ley beneficiará a los contribuyentes en la medida de su aporte fiscal. Es decir si una persona gana millones, el beneficio va a estar en correspondencia con su aporte al fisco. Una persona con sueldos del orden de los 50.000 o 60.000 quizá se beneficie con 1.000 dólares al año. Lo correcto es pensar que es mejor recibir $1.000 o $50.000 que dárselo al Gobierno en impuesto como viene sucediendo hasta ahora. La diferencia en estas cifras se origina en la base impositiva de cada contribuyente en lo que previamente ha aportado. Pero si somos objetivos debemos reconocer que la mayoría de las personas a partir del primer trimestre del año 2018 va a registrar un incremento en la liquidez después de los descuentos de los distintos impuestos”, explicó Gutiérrez.

Muchos ponen el énfasis en que la ley de reducción de impuestos personales tiene fecha de caducidad. Nadie sabe qué va a ocurrir de aquí a ocho años. Tal vez exista una mejor idea. Pero si el resultado de la medida es ampliamente beneficioso, lo más seguro es que la renueven por otro período.

Derogación

La ley aprobada por el Congreso en uno de sus capítulos deroga el mandato individual que obliga a la compra de una póliza de un seguro médico a todos los ciudadanos estadounidenses. La Casa Blanca en su página oficial reconoció que en 2016, el 80% de los hogares con ingresos inferiores al $50.000 prefirieron pagar la multa a comprar un seguro de forma obligatoria. Muchos pueden pensar que esto constituye una liberación.

Gutiérrez explicó que “uno de los pilares del Obamacare es hacer que todo el mundo, principalmente los jóvenes saludables, tengan un seguro o paguen una multa por no adquirirlo. Al eliminar esa obligación legal, derriban un pilar fundamental de la Ley de Salud Asequible promovida por el presidente Obama. Es muy sencillo, cuando un joven saludable adquiere una póliza lo que hace en realidad es subsidiar a otras personas que tienen problemas médicos serios y permite el funcionamiento de los seguros. De no existir ese subsidio, se debilita la estructura del Obamacare.

Este es un golpe indiscutible a la actual ley sanitaria de Obama pero no significa que esta vaya a desaparecer, ya que la ley sanitaria posee diferentes medidas adicionales que la mantendrán a flote. Lo que sí está claro es que la nueva iniciativa estimula a los estados para que busquen la manera de compensar esta situación”

A la pregunta si esa compensación puede traducirse en una subida de las pólizas, Gutiérrez señaló que “en términos generales sí. Una de las maneras de mantener el costo de las pólizas es adaptarse a los riesgos reales que cubre. Y abandonar la idea de una póliza general que cubra todo”.

“Las aseguradoras son empresas que buscan lucro a toda costa y encontrarán la forma de mantener a sus clientes. Por eso no creo que vayan a subir las tarifas de las primas sin antes indagar maneras alternativas para mantener las primas lo más bajo posible, dotándose de flexibilidad para que las personas se mantengan en el mercado con nuevos deducibles o diferentes coberturas que resulten interesantes a ese segmento que constituyen los jóvenes saludables en edades de 25 a 35 años”, amplió.

“De hecho el Obamacare tenía una estructura muy rígida y el asegurado se tenía que cubrir de todo tipo de beneficios, aunque por su condición no los necesitase. La actual derogación puede servir de estímulo al mercado de salud y a las aseguradoras para ofrecer pólizas más enfocadas, más limitadas, una especie de prima más económica. Eso es lo que debe ocurrir.”

Pequeñas empresas

Todo el mundo sabe que el núcleo duro de la reforma ha sido la disminución del impuesto corporativo, que se reducirá del 35 por ciento al 21 por ciento. Por debajo del promedio de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, donde se coordinan las políticos económicas de las 35 principales economías del planeta) que es del 22,5 por ciento.

La pequeña empresa es uno de los mayores contribuyentes a la economía estadounidense. Es la principal fuente de empleo para las mujeres y las minorías de este país y una de las principales fuentes de creación de innovación tecnológicas en las llamadas startups.

Pues una de las medidas importantes en el paquete es que las pequeñas y medianas empresas van a ser gravada con lo que se llama el pass through, en vez de aplicarle la tasa impositiva individual (que podían ser tal altas como el 39%). Con la nueva ley recibirán una tasa especial mucho más baja.

“El asunto es que muchas personas que tienen su propio negocio, cuando declaran no hacen una división o separación entre los ingresos personales y el ingreso fruto de su pequeño negocio. Con la ley anterior las personas eran gravadas básicamente sobre el concepto del ingreso personal, no había diferenciación.

Ahora estas personas se beneficiarán con una reducción muy parecida a las de las grandes corporaciones. La reforma reconoce que el ingreso de estas familias no procede de terceros, sino es el fruto del trabajo de sus pequeñas empresas. Por lo tanto en realidad no es un ingreso ordinario como se venía tratando, es un ingreso si se quiere corporativo en minúsculas. Y como tal va a ser gravado”, explicó.

Algunos especialistas plantean que el nuevo impuesto para las pequeñas empresas será cercano al 23% por ciento. Lo que se puede traducir en que $415.000 millones irán a parar al bolsillo del pequeño y mediano empresario.

Ustedes pensarán entonces que todo el mundo se beneficiará con esta reforma de Trump. Pues nada más lejos de la verdad, muchos ricos de estados como California, Nueva York, Nueva Jersey e Illinois están entre los grupos de afectados. Pero eso será material para nuestra siguiente aproximación a esta interesante pero controvertida ley de reforma fiscal.

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