Las denuncias hechas por el expresidente Donald Trump dieron lugar a una masiva protesta en Washington el 6 de enero, tomada por los demócratas y la extrema izquierda como la oportunidad de acusar al Trump de incitar a la violencia y de bandera política contra los valores conservadores.
Apenas la mitad de los encuestados expresan confianza en que habrá un recuento fiable de los votos en las inminentes elecciones legislativas del mes próximo. Sólo el 9% piensa que la democracia funciona “bien” o “muy bien” en EEUU, mientras que el 52% dice lo contrario.
El 68% de los republicanos afirma que el sistema democrático en EEUU se encuentra en peligro, comparado con el 32% hace dos años. La proporción de demócratas que ven mal el estado de la democracia cayó de 63% hace dos años a 40% en la actualidad.
Desinformación y censura
El poder de las tecnológicas y la censura en redes sociales, en particular a grupos conservadores y seguidores del expresidente Trump, son apenas una muestra del desmoranamiento creado por la izquierda respecto al sistema democrático en EEUU.
Las campañas de desinformación o desapego a la verdad de la gran mayoría de los grandes medios de comunicación estadounidenses, visiblemente voceros de una tendencia socialista que intenta expandirse, son otro punto contraproducente contra los valores democráticos en EEUU.
Muchos consideran que además de los errores en el sistema electoral, también hay sospechosas fisuras en el sistema judicial del país, con jueces y fiscales inclinados a favorecer una transformación del pensamiento político conservador hacia la mal llamada tendencia progresista (socialista).
Abogados del expresidente Trump y otros equipos independientes de investigaciones presentaron pruebas sobre un fraude generalizado, sin embargo, fueron desestimadas o archivadas por el sistema judicial. Todas las demandas sobre el tema también quedaron sin efecto.
Representantes y senadores republicanos han expresado sus intenciones de retomar estas investigaciones sobre el sistema electoral e incluso abrir procesos también contra instituciones federales.
La desesperanza sobre la democracia se ha agudizado en el país con el descrédito de la mayoría de los medios estadounidenses de prensa y una dictadura digital impuesta en las llamadas redes sociales. Silenciar y censurar al presidente de EEUU fue el tópico de una corriente de extrema izquierda decidida a callar las voces conservadoras en EEUU, respaldados por una élite de poder o Estado Profundo que gobierna tras las sombras.
Estas revelaciones de Trump incomodaron bastante a la izquierda y a la extrema izquierda que en los últimos años ha incrementado sus nexos y sus influencias con dictaduras o gobiernos de esta idelogía en Latinoamérica y con el régimen comunista de China.
Según este sondeo de AP, apenas un 25% de los adultos estadounidenses —las cifras son similares para republicanos y demócratas— expresan optimismo acerca de la manera de elegir a los gobernantes, mientras que 43% expresan pesimismo. El 31% no expresa estado de ánimo.
La encuesta halló que un gran segmento de los republicanos —58%— creen aún que la elección de Biden no fue legítima. En julio de 2021 era de 66%.
Y son precisamente la decepción política y el abtencionismo las armas principales de los sistemas socialistas y regímenes que han tomado el poder y luego no lo dejan. Utilizan cualquier medio posible legal o ilegal para mantenerse gobernando. Los ejemplos son Cuba, Venezuela, Nicaragua y por último el kirchnerismo en Argentina, catalogado de centro izquierda en documentos, pero en la realidad en un nuevo modelo de dictadura y autoritarismo.
Las firmas que elevaron las alarmas
La firma de más de 65 órdenes ejecutivas de Joe Biden en su primera semana en la Casa Blanca fue el más evidente anuncio del tipo de gobierno que llegaba a Washington; sin medias tintas y decidido a cumplir con una agenda de extrema izquierda (socialista) al precio y al costo necesarios, incluso, contra todo lo que oliera a oposición conservadora o de derecha.
Biden firmó su sentencia política semanas atrás cuando con tono despectivo y arrogante atacó a los seguidores Trump y conservadores, los tildó de "extremistas peligrosos para la democracia de Estados Unidos". Horas después quiso recomponer sus declaraciones dio cierta marcha atrás, pero ya era demasiado tarde.
Biden destruyó con toda intencionalidad y desprecio, en apenas días, el exitoso trabajo económico del presidente Trump, un caso sin precedentes en la historia política de Estados Unidos, porque fue a base de órdenes ejecutivas.
La encuesta halló que un gran segmento de los republicanos —58%— creen aún que la elección de Biden no fue legítima. En julio de 2021 era de 66%.
Según este sondeo de AP (de tendencia liberal), el 47% de los encuestados dijo tener “gran” o “bastante” confianza en que habrá un recuento preciso de los votos en las elecciones de mitad de mandato presidencial en noviembre.
Por supuesto, la mayor confianza viene del lado demócrata. El 74% expresa alta confianza, debido a que las críticas por la supuesta manipulación de cifras y votos fue contra los miembros de ese Partido. Y los resultados en el 2020, dentro de tanta incertidumbre, les beneficiaron.
Del lado republicano, según esta encuesta- el 25% expresa alta confianza, 30% confianza moderada y 45% poca o nula confianza.
La campañas para el sufragio por correo
Los votos por correo y los anticipados se convirtieron en la mayor controversia en el 2020. Videos sí revelaron claras irregularidades, que luego fueron desestimadas.
Hubo estados donde el conteo de votos en la madrugada a favor de Trump quedo congelado al tiempo que favorecían sólo a Joe Biden, lo que levantó las alarmantes e innumerables sospechas. Lo que sí fue demostrado fue la fragilidad de seguridad de las máquinas de votación y del sistema informático que utilizaron los estados en disputa electoral.
En 2020, la pandemia de COVID-19 provocó un gran aumento de la votación por correo, tras una insólita campaña demócrata para que las personas ejercieran su derecho en su casa y no en los colegios electorales. Otra de las acciones que incrementó las dudas sobre la autenticidad y las probalidades de fraude electoral.
En algunos lugares importantes de votación se les negó el acceso a los observadores o los ubicaban bastante lejos de las mesas de conteo de votos con una visibilidad casi nula. En otros colegios bloquearon la visión de los cristales con objetos o cartones.
Todo este tipo de acciones generaron falta de trasnparencia, confianza y el rechazo de millones de estadounidenses, en especial quienes emitieron su voto por el presidente Trump. Si las cosas se hacen correctamente, no hay nada que ocultar. De ahí, las enormes dudas creadas por el actual sistema electoral en diversos lugares del país.
En esta ocasión, bajo ningún pretexto de epidemia, los estadounidenses deben ejercer su derecho en los centros de votación y exigir transparencia en unas elecciones legislativas [muy decisivas para el destino de EEUU] y la economía de esta nación. Ha quedado demostrado que el conteo de votos consolida o destruye cualquier democracia.
La encuesta de AP se hizo entre 1.121 adultos y se realizó del 6 al 10 de octubre con una muestra del panel probabilístico AmeriSpeak de NORC, diseñado para ser representativo de la población estadounidense. El margen de error es de más/menos 3,8 puntos porcentuales.
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