MIAMI.- J. GONZALO
MIAMI.- [Este es el artículo en español, galardonado con el premio GLAAD, un reconocimiento a los trabajos periodísticos por la defensa de los homosexuales, bisexuales y transexuales].
MIAMI.- J. GONZALO
@jangelgonzalo
Cada día, a la hora de dormir, Francisco se da media vuelta, se acerca y besa a su pareja para desearle una buena noche. Por más de cuatro años, Francisco, de origen cubano, ha repetido con devoción esta ceremonia para demostrarle su amor y entrega a la persona con la que comparte su vida.
Juntos han constituido una familia: como las que viven a su alrededor. Los dos trabajan y ambos pagan sus impuestos, aunque más elevados que los de muchos de sus amigos. Porque Francisco y Juan, por ser una familia homosexual, no pueden acogerse tras la aprobación en 1996 de la ley DOMA a más de 1.000 prestaciones y derechos (entre ellos ventajas fiscales), reservados al u201cmatrimonio tradicional u201d. n
Al igual que ellos, en Estados Unidos existen, al menos, 646.000 parejas, según los datos del último censo, compuestas por miembros del mismo sexo que observan perplejos cómo sus derechos se ven cercenados simplemente por el hecho de amar a alguien de su mismo sexo.
La comunidad homosexual estadounidense mira con atención estos días hacia la Corte Suprema, donde comienza esta semana una deliberación histórica sobre los derechos de las minorías sexuales. La máxima instancia judicial escuchó ayer los argumentos en el caso u2018Hollingsworth v. Perry u2019, que ha impugnado la Propuesta 8 de California y que desde 2008 impide que en este estado se sigan celebrando matrimonios entre personas del mismo género. Hoy miércoles, será el turno de la ley DOMA, aprobada en 1996 y que limita el matrimonio y numerosos beneficios a las parejas heterosexuales.
Gais y lesbianas están viviendo con mucha atención e ilusión, pero también con cautela, estas audiencias que pueden marcar un nuevo capítulo de la historia de los derechos civiles en este país: u201cEs difícil predecir qué va a pasar. Deseamos que se declare inconstitucional pero existen varias posibilidades u201d advierte Hugo Ovejero, desde Nueva York, donde ejerce como director de programas en la asociación Latinos Commission on AIDS.
DOMA, ESE OBSTÁCULO
"Todo el mundo está muy esperanzado pero hay que ver bajo qué argumento se declara inconstitucional", remacha Ovejero. Y es que la decisión, que se espera para el mes de junio, puede abrir nuevos escenarios dentro de esta larga carrera por la igualdad, una carrera que comenzó allá por 1971 en Minesota, cuando se produjo el primer intento de unión legal entre personas del mismo sexo.
En el caso hipotético de que DOMA sea considerada como contraria a la Carta Magna, no se abriría automáticamente la puerta al matrimonio homosexual en EEUU sino que sería potestad de los estados el poder regularlo. Sin embargo, sería un hito que sin duda quedaría inscrito en los libros de historia junto al fin del esclavismo o la aprobación del voto femenino.
Al contrario que Francisco, hace ya casi 10 años que Frankie duerme solo en su cama. El 30 de septiembre del 2000 conoció a la persona u201cque sé que está hecha para mí u201d. Durante tres años, Frankie, de origen puertorriqueño, y Adrián (nombre ficticio), brasileño, forjaron una vida en común.
Desgraciadamente, Adrián excedió la visa con la que entró en territorio estadounidense y volvió a su país natal para arreglar su situación migratoria. A su retorno, se vio detenido por las autoridades migratorias. Tras pasar seis horas retenido, Frankie recibió una llamada que le anunciaba que su novio había decidido u201cvoluntariamente u201d deportarse.
u201c u00c9l tuvo que salir para buscar una solución a su situación migratoria porque no había ninguna opción al ser una pareja gay. Si hubiéramos sido heterosexuales simplemente hubiéramos tenido que ir a la alcaldía u201d, lamenta Frankie al otro lado del teléfono durante su viaje a Washington DC, donde se ha manifestado frente a la Corte Suprema para exigir ser tratado con igualdad ante las leyes estadounidenses y no ser discriminado porque decidió hacer su vida junto a otro hombre.
UN PASO HACIA ATRÁS
En una situación aún más kafkiana se hallan unas 18.000 parejas que contrajeron matrimonio entre junio y noviembre de 2008, antes de que la Propuesta 8, aprobada en referéndum, pusiera fin al matrimonio gay en California.
Juan Rivera y Eric Manrique no solo son dos californianos que se han visto atrapados en ese vacío legal. Decepcionados porque sus amigos y conocidos ya no pueden gozar de un derecho que ellos sí pudieron ejercer, ambos desean que la Corte ponga fin a la doble discriminación que han vivido: Juan es un inmigrante ilegal que, como sostiene, ha tenido que salir dos veces del clóset: "primero como gay y segundo como ilegal".
Su compromiso a la hora de dar a conocer su caso es doble: defender la dignidad de los homosexuales y exigir una solución para las miles de parejas binacionales que viven en su misma situación. u201cTengo mucha esperanza. Yo estoy en la lucha porque sé que vamos a conseguir algo bueno u201d confiesa entre resignado y precavido. Su caso, sin DOMA, hubiera sido el de una pareja simplemente feliz.
MITOS DERRUMBADOS
En relación a esta cuestión, existen en la sociedad algunos mitos que ya han quedado destruidos: la mayoría de latinos no muestran ninguna oposición al reconocimiento de estos derechos para la comunidad homosexual. Según una encuesta publicada por el Pew Hispanic Center en 2012, el 59% de los hispanos cree que la homosexualidad debe ser aceptada sin reservas.
Ese apoyo llega hasta el 68% cuando se trata de segundas y terceras generaciones. n nUn estudio reciente del Public Religion Research Institute muestra que la mayoría de los estadounidenses (52%) se encuentran a favor del matrimonio gay, mientras que el 42% se opone. Además, el 50% se manifiesta a favor de las uniones homosexual en todo el país. Entre los menores de 30 años, el apoyo es mayoritario: el 70%.
Igualmente, las creencias religiosas no son un obstáculo. Según la encuesta del PRRI, el matrimonio gay no representa ningún problema para los judíos (81%), los que no tienen afiliación religiosa (76%), los católicos hispanos (59%), los católicos blancos (58%) o los protestantes (55%). Por el contrario, sí que se muestran contrarios de forma apabullantes los blancos evangélicos (71%), los protestantes hispanos (65%) y los protestantes negros (57%).
Y si hay un tema controversial en todo este asunto es la adopción o crianza de niños en hogares homoparentales: hace menos de una semana, la American Academy of Pediatrics (Academia Estadunidense de Pediatría), el grupo pediátrico más influyente en el país, hacía público un informe en que se recogía que la orientación sexual de los padres no influye de ninguna manera en el desarrollo de un niño. nPara apuntalar todos estos datos, una encuesta de la prestigiosa consultora Gallup de diciembre, señaló que el 53 por ciento de los estadounidenses está a favor de la legalización de los matrimonios homosexuales.
¿Cómo es posible que una sociedad que hasta hace pocos años era tan conservadora en este tema haya dado un giro copernicano en esta materia?
Mónica Trasandes, directora de comunicación en español de la asociación GLAAD, pone de manifiesto que "la televisión, la educación y los modelos sociales, es decir, la gente que sale del armario, han favorecido la aceptación social de los derechos de los homosexuales".
Estos factores son los que están empujando, según Mónica, a que el u201cpueblo diga que no es justo escoger un grupo y tratarlo diferente por su orientación sexual u201d. Igualmente se ha producido un cambio en la percepción de los derechos de gais y lesbianas: "Este tema ha dejado de ser un asunto abstracto para pasar a ser una realidad que afecta a los familiares, a los vecinos, a los amigos de la gente, y ellos desean que tengan los mismos derechos".
Seguramente, muy pronto, tal vez el próximo mes de junio, todas esas 646.000 parejas formadas por miembros del mismo sexo puedan volverse hacia el lado y besar a su pareja para desearle una buena noche, como hace Francisco cada noche. Eso solo está en las manos de los nueve jueces de la Corte Suprema. Ellos deben ahora simplemente juzgar una ley, pero deben ser conscientes de que a ellos la historia los juzgará.
