MIAMI.- Por lo menos en cuatro ocasiones sonoras carcajadas inundaron el ambiente del Bank United Center de la Universidad de Miami durante el primer debate presidencial de cara a las elecciones de noviembre.

Y todas las sonrisas tuvieron que ver con el contendiente republicano, el magnate Donald Trump. Cuando dijo que Estados Unidos es un país "del tercer mundo", que el mejor rasgo de su personalidad es "el temperamento" – a lo cual su rival demócrata Hillary Clinton comenzó contestando con un "oh, Donald..." –; fue de particular comicidad al presentar su solución para hacer volver al país las inversiones en el exterior – "la única forma de traerlas de vuelta es evitar que se vayan" -, pero aún más impactante en la audiencia de todos los cuadrantes políticos fue cuando el empresario expuso la esencia de lo que, de inmediato comenzó a ser llamado en las redes sociales como 'Trumpismo'. O sea, algo así como si 'disparas un arma eres un chico malo, si no pagas impuestos eres el bueno de la película'.

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"Eso muestra lo inteligente que soy", dijo Trump, cuando Clinton le recordó que apenas en dos oportunidades ha pagado impuestos federales.

El público que asistió al debate, en un evento organizado por la firma encuestadora Bendixen & Amandi fue, pese a todo, bastante heterogéneo, aunque de mayoría demócrata. De tal modo que en el salón de los VIP había una foto de la exsecretaria de Estado en tamaño natural, donde los invitados se fotografiaban, pero no se veía ninguna de Trump por allí. "Nadie la trajo", explicó uno de los voluntarios, algunos de los cuales distribuían carteles de la campaña demócrata.

Durante las casi dos horas de debate, la audiencia se manifestó acorde a sus simpatías políticas. Los demócratas deliraron en particular con la forma como su candidata 'toreó' al republicano en todos los temas que se sentía frágil, como el caso de los correos electrónicos del Departamento de Estado, mientras desmenuzaba con una autoridad, casi catedrática, las 'pifias' de su adversario y enfatizaba como, en su opinión, Trump no está preparado para gobernar. En particular en materia de política exterior y seguridad interior. "Ella le tiró el anzuelo y él se lo tragó. Totalmente. Barrió el piso", comentó el exalcalde de Hialeah, el demócrata Raúl Martínez.

En contrapartida, el público republicano deliró en particular cuando Trump la puso contra las cuerdas en el tema de los acuerdos de comercio exterior, un asunto donde Clinton ha dado bandazos, ora diciendo que estaba contra y después a favor. Lo aplaudieron bastante cuando el republicano recordó que ella "solo comenzó a criticar el Tratado de Libre Comercio después que él lo criticara". Pero tuvieron que aguantarse los ímpetus cuando el magnate explicó su postura sobre la forma como los tratados deben ser renegociados y acusó a la exsecretaria de Estado de estar detrás de la mayoría de ellos. "Eso, claro que sí, únase al debate diciendo más tonterías", contestó la candidata republicana. Otra carcajada demócrata en el recinto de la Universidad de Miami.

Y cuando él siguió insistiendo en la supuesta responsabilidad de ella y su esposo, el expresidente Bill Clinton, en lo que considera "el desastre económico" de Estados Unidos, Hillary le disparó: "Bueno, Donald, tú vives tu propia realidad, pero esos no son los hechos". Nuevas risas en la sala.

Uno de los detalles que a la audiencia, de ambos lados, le pareció gustar en particular fue posiblemente cuando los dos candidatos se enfrascaron en un diálogo directo, como muy raramente se ve en los debates políticos estadounidenses. Durante los largos minutos del rifirrafe parecía que el moderador no era necesario. No quedó claro si Lester Holt, de la cadena NBC, lo hizo a propósito o perdió el control del debate. Pero fueron momentos que electrizaron a la audiencia en la Universidad de Miami y, quizás, en el resto de los 100 millones que asistieron al debate.

Y dio a origen a muchas interpretaciones. "Hay que enfatizar que el debate fue muy bien moderado, pero más allá de la forma en que fue dirigida la discusión, quedó claro una vez más que en este país los extremos no ganan elecciones. Ambos candidatos lo saben, y en todo momento se dirigieron a esa masa de votantes que se mueve en el centro, políticamente, y no se afilia a ningún partido. Y según la capacidad demostrada en la discusión, para ganarse a dichos electores independientes, se debe catalogar al vencedor y perdedor", explicó el analista Alejandro Armengol, presente en el recinto de la Universidad de Miami.

De hecho el vencedor del debate no fue un tema difícil de escrutar al final del debate. En un sondeo informal, la mayoría de la asistencia se inclinó por Clinton, algo que terminó secundado por los voceros republicanos habituales que, en las ondas radiales de la ciudad, hablaban de 'empate técnico', una expresión que en el lenguaje político del sur de Florida, poco habituado a las derrotas republicanas, significa claramente una admisión de victoria demócrata.

"Por encima de todo Hillary ganó el debate como política experimentada. En esto, sus dos logros mayores fue no lucir fría y calculadora, de lo que siempre le han acusado, sino alguien sensitivo y perteneciente a la clase media baja norteamericana, algo que no lo es actualmente pero es su origen de clase. (...) Al mismo tiempo demostró capacidad sobrada para en muchas ocasiones mantener a Trump a la defensiva, hacerlo hablar demasiado y pasar por alto las críticas que en resumidas cuentas considera que no lo van a afectar entre los votantes decididos", y para ello, asombrosamente, "desplegó ese maquiavelismo bajo diferentes disfraces: abuela, defensora de los humildes, servidora pública, abogada de los pobres", enfatizó Armengol.

En la noche de este lunes en la Universidad de Miami se vivieron momentos interesantes. El público siguió con atención el debate, los políticos tradicionales del sur de Florida, pese a estar invitados, no se vieron por ningún lado y, al final, algunos de los asistentes terminaron regresando a casa con una pizza Dominó debajo del brazo, la empresa que se encargó de mantener gratuitamente el estómago lleno de los presentes durante toda la jornada.

 

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