MIAMI.- El 11 de septiembre de 2001, mientras Estados Unidos y el mundo vivían un día cualquiera más, un grupo de terroristas sin rostro lanzó dos aviones de pasajeros contra las Torres Gemelas en Nueva York, mientras otras dos aeronaves apuntaban al Pentágono y la Casa Blanca en la capital de la nación.
En apenas 102 minutos, Estados Unidos sufrió el mayor golpe terrorista en su historia. Los dos inmensos edificios que señalaban el horizonte urbano de Nueva York se desplomaron, entretanto un avión de pasajeros caía a las puertas del Pentágono y otro sucumbía sobre los campos de Pensilvania.
Murieron casi 3.000 personas y de esta manera se inició una era en la que el país y el mundo cambió su manera de vivir.
Entonces, cundió el pánico y después la incertidumbre. Todos se preguntaban qué hacer para combatir un enemigo que no parecía tener rostro.
El Gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de George W. Bush, un presidente que apenas cumplía ocho meses en La Casa Blanca, apostó por medidas extraordinarias que recrudecieron la vigilancia en aeropuertos y ciudades.
Después se habló de Osama bin Laden y el grupo terrorista Al Qaeda, que se escondía en Afganistán con la protección del régimen talibán.
Los terroristas, escondidos en el país asiático, bajo el manto del gobierno talibán, se vanagloriaron de haber sido los autores del atentado, por odio y represalia por lo consideran injerencia en la discrepancia perenne entre musulmanes y judíos.
Entonces, el país norteamericano se conmovió y optó por ir en busca de quienes, desde tan lejos, se atrevieron a agredir el suelo estadounidense.
La Casa Blanca declaró que no se distinguiría entre organizaciones terroristas, naciones o gobiernos que les dieran refugio, y así fue.
Afganistán
Un grupo de ejércitos aliados, compuesto por Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia, Italia, Nueva Zelandia y Alemania, invadió Afganistán. El objetivo declarado era claro: encontrar a Osama bin Laden y otros dirigentes de Al Qaeda para llevarlos a juicio.
Cientos de aviones de guerra sobrevolaron el territorio afgano y en pocos días el régimen talibán se rindió. Muchos terroristas perecieron, otros fueron apresados o huyeron a otros países.
Un nuevo gobierno afgano fue creado, bajo el auspicio de países occidentales y la colaboración de varias naciones musulmanas, al mismo tiempo que se creó un programa multimillonario, con recursos económicos y militares, para reconstruir la infraestructura de Afganistán.
Dos años después la fuerza talibán logró reorganizarse y lanzar una ofensiva insurgente en zonas rurales con ataques esporádicos y suicidas, que poco a poco fueron avanzando hacia ciudades.
Entretanto, la coalición internacional entrenaba al Ejército afgano y exigía al gobierno del país hacer frente a la situación.
Bin Laden
Casi 10 años después, el 2 de mayo de 2011, Bin Laden fue capturado en un lugar de Pakistán, cercano a la frontera de Afganistán, donde se escondía tras la derrota de los talibanes, y su muerte fue anunciada a la nación y el mundo por el entonces presidente Barack Obama.
Estados Unidos celebró con júbilo el fin de Bin Laden. La gente salió a las calles en Nueva York, Washington y muchas ciudades de la nación, pero el dolor y el traumatismo de los atentando del 11 de septiembre de 2001 continúan latentes en el país.
A partir de entonces, las fuerzas aliadas comenzaron a retirarse de Afganistán y ante la falta de garantías del Gobierno y el Ejército afgano, el Gobierno del expresidente Donald Trump, ante la larga pérdida de hombres y el gasto de miles de millones de dólares, acordó la retirada.
Un año después, el Gobierno de Joe Biden ejecutó la salida de las tropas estadounidenses, que resultó ser un desastroso episodio que muchos no queremos recordar.
Hoy nadie puede asegurar que el peligro de Al Qaeda terminó. Continúan latentes las causas que lo provocaron: el extremismo islámico, las ansias de conquista y los reproches de millones que no ven con buenos ojos el aporte de los Estados Unidos a solucionar el conflicto árabe israelí.
Conmemoración
Con motivo del 21º. aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el Gobierno federal y las autoridades de la ciudad de Nueva York tienen preparados varios homenajes a lo largo del día, que están dirigidos a honrar a las 2.977 víctimas de los atentados y a los más de 6.000 heridos que lograron sobrevivir a la tragedia.
Otras ciudades, a lo largo y ancho de la nación y el mundo, también conmemorarán la fecha.