sábado 28  de  febrero 2026
Análisis

El riesgo de que los medios aspiren a convertirse en activos financieros

Hasta hace poco, el periodismo intentaba anticipar el futuro con tendencias, análisis y datos. Ahora, empujado por la urgencia de monetizar tras haber perdido buena parte de su publicidad en internet, se adentra en el mundo de las apuestas

Por Ricardo Trotti

Los medios juegan a la ruleta rusa de la desconfianza: Cristo fue el único que predijo el futuro con acierto. No le creyeron y lo mataron. Nostradamus y George Orwell tuvieron algunos aciertos. Stephen Hawking, ya veremos. Predecir el futuro nunca fue destreza humana, y mucho menos negocio de los medios de comunicación. Hasta ahora.

Contra todos los pronósticos, los medios se están metiendo en el terreno resbaladizo de las predicciones y las apuestas. Tanto The Wall Street Journal como CNN, ESPN, Fox Sports o la cadena Globo en Brasil invitan a sus usuarios a entrar en un amplio casino donde noticias y pálpitos se confunden. ¿Qué película ganará el Oscar? ¿Cuánto durará la guerra contra Irán? ¿Quién ganará el Mundial? ¿Cuál será la inflación a fin de año?

Hasta hace poco, el periodismo intentaba anticipar el futuro con tendencias, análisis y datos. Ahora, empujado por la urgencia de monetizar tras haber perdido buena parte de su publicidad en internet, se adentra en el mundo de las apuestas. Las noticias aparecen integradas con códigos QR, gráficos de proyección y un botón que empuja al usuario a apostar sobre el desenlace de lo que acaba de leer.

Sin debate ético amplio en la industria, se ha debilitado la regla de oro del periodismo: la distancia. Durante décadas, el valor de un medio residía en su independencia, en informar sin ser parte del negocio que cubría. Al sellar alianzas con plataformas de predicción y apuestas como Polymarket, Kalshi o Bet, el medio deja de ser solo observador para convertirse en facilitador de apuestas, a cambio de una comisión por cada usuario que deriva a ese mercado.

Si la rentabilidad depende del volumen apostado sobre un evento, el rigor informativo queda bajo sospecha, o al menos su apariencia, que es donde se sostiene la confianza. Cuando dramatizar una noticia puede aumentar las apuestas, la tentación es evidente. El riesgo es que la información empiece a tratarse como un activo financiero.

No es la primera vez que el dinero erosiona la independencia. La publicidad estatal fue siempre un hierro caliente, usado por gobiernos para presionar líneas editoriales. Luego vinieron los vinos, las enciclopedias y las promociones. Más tarde el contenido patrocinado y los foros que los propios medios cubren con indulgencia. La frontera se fue moviendo. Pero nunca se había visto un cruce tan directo hacia el negocio que se informa.

Estas alianzas con plataformas de apuestas abren una caja de Pandora. ¿Puede un medio cubrir con plena autonomía el debate sobre la expansión del juego o la regulación de un casino en su comunidad? ¿Qué ocurrirá cuando la línea editorial afecte directamente a su socio comercial?

El conflicto puede no ser explícito, pero el lector lo percibe. Cuando la información se convierte en insumo de un mercado de predicciones, la lógica cambia. El medio no controla los hechos, pero sí el clima que los rodea. Y si obtiene ingresos de ese mercado, la independencia deja de ser un principio y pasa a ser una variable de negocio.

La sostenibilidad de los medios es esencial para la democracia. Pero la forma de alcanzarla define su credibilidad. Al mezclar información con apuestas, los medios juegan a la ruleta rusa. La única bala en el tambor es su independencia. Si la disparan, no quedará nada que sostenga la confianza. Y sin confianza, no hay negocio que sobreviva.

www.ricardotrotti.com

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