La pandemia del nuevo coronavirus enfatizó la labor de los cuerpos de emergencia y del personal de salud. El agradecimiento de la población se hizo notar en muchos lugares del planeta. Sin embargo, un ejército de millones empleados anónimos, trabajando en condiciones básicas y de alto riesgo para su salud, permaneció incógnito.

Un nuevo estudio de la National Alliance for Caregiving (NAC) y AARP reveló que 53 millones de personas en Estados Unidos se dedican al cuidado de enfermos, discapacitados, personas de la tercera edad y familiares. Respecto a las estadísticas del 2015, el incremento es de 9.5 millones de cuidadores.

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Este fenómeno no solo se ha convertido en un importante sector subterráneo de ingresos fundamentalmente para hispanos indocumentados, sino para quienes necesitan un trabajo adicional que le dé un cierto equilibrio a sus finanzas individuales.

Un alternativa para los hispanos

De los 53 millones de cuidadores en EEUU, los hispanos representan –en registros oficiales- el 17%, sin embargo, ambas cifras podrían estar muy distantes de la realidad, cuando muchos inmigrantes ilegales optan por esa forma de empleo sin ser contabilizados.

“Esta pandemia ha puesto de relieve los obstáculos que enfrentan los cuidadores familiares mientras intentan mantenerse ellos y a sus seres queridos seguros”, dijo Yvette Peña, vicepresidenta de AARP para Liderazgo Multicultural y Estrategias para Audiencias Latinas/Hispanas. “Hemos visto lo que luchan en la actualidad los cuidadores hispanos, pues en estos tiempos sin precedentes, viven en hogares multigeneracionales y sobrellevan dificultades económicas y emocionales”, agregó.

El desarrollo económico, social y tecnológico facilita en la actualidad las formas de trabajo, una marcada diferencia en relación con décadas atrás donde el esfuerzo físico primaba y por consiguiente un mayor desgaste de salud.

Ese elemento caracteriza hoy la población de la tercera edad en el país; una generación que se dedicó a trabajar, a construir sueños y a fomentar una clase media que constituyó un eje en el desarrollo de Norteamérica, alejada de horas para esculpir cuerpos, dietas saludables y rutinas de ejercicios. Una generación que se ocupó más por avanzar que por cuidarse.

La encuesta

El Consejo Nacional sobre el Envejecimiento (NCOA, por sus siglas en inglés), United Healthcare y USA TODAY crearon la Encuesta sobre el Envejecimiento en Estados Unidos. Casi 80 millones de personas, nacidas después de la Segunda Guerra Mundial (“baby boomers”), han cumplido 65 años de edad o más.

Según el sondeo, 9 de cada 10 personas de la tercera edad desean vivir en sus hogares, mientras sea posible. Las motivaciones principales son: les gusta el lugar en el que viven (85%); están cerca de sus familiares y amigos (el 66%), entre otras razones.

Con la llegada de la pandemia, muchas de estas personas experimentaron síntomas o enfermaron, la mayoría terminó en hospitales por varias semanas y otros fallecieron.

Decenas de miles de cuidadores perdieron sus empleos tras la muerte de estas personas o se quedaron sin cobrar durante semanas hasta que sus clientes regresaron a sus viviendas.

La pandemia ha dejado una estela de calamidades para millones de estadounidenses, pero para los cuidadores de personas ha significado un golpe nefasto porque además de las afectaciones generales, muchos indocumentados dedicados a este oficio no recibieron las ayudas otorgadas por el gobierno federal. Pero el asunto va más allá de la parte financiera.

Un alto sacrificio y riegos para la salud

Un 23% de los cuidadores afirma que se les hace muy difícil atender su salud y otro 23% igual dice que la alta responsabilidad de proteger a una persona le ha afectado emocional y físicamente, según el más reciente estudio de la organización sin fines de lucro AARP, difundido a mediados de junio de este año.

Para un mejor análisis, podemos clasificar a los cuidadores en tres grupos principales: Los que se dedican a proteger a personas que no son familiares y perciben una compensación monetaria; los que requieren cuidar a un familiar cercano sin beneficio financiero y los que laboran oficialmente en centros de salud con un salario establecido.

Las estadísticas de los cuidadores que se tienen que ocupar de un familiar enfermo o con discapacidades son preocupantes porque como promedio emplean 24 horas semanales de sus vidas, algo que a mediano y largo plazo afecta de forma severa su estado psicológico y físico, con serias restricciones para llevar una vida estable y feliz.

Uno de cada cinco de ellos dedica incluso más de 40 horas a la semana en la atención de un familiar con interrupciones de las horas de sueño y diversas limitaciones para esparcimiento, descanso y la búsqueda de ingresos económicos.

Los cuidadores hispanos tienen 43.3 años de edad como promedio; son más jóvenes que los de otras razas o grupos étnicos. Usualmente están casados o viven en pareja, y a menudo tienen hijos menores de 18 años. También la investigación difundida indica que el 24% atiende a varias personas necesitadas, mientras que 6 de cada 10 cuidadores son mujeres y representan el 61%, con una edad promedio de 49 años.

Dedicar esa cantidad de horas por semana al cuidado de familiares que lo requieren, representa un desgaste peculiar y un empeoramiento sustancial de su situación financiera. Si no cuentan con otro miembro del núcleo de la familia que suplante este vacío monetario, la supervivencia se convierte en un túnel muy oscuro. Apenas el 31% de las personas que hoy reciben cuidados en sus casas cuentan con beneficios de atención profesional financiada en EEUU.

Los centros de salud

De los tres grupos clasificados, los cuidadores en centros de salud suelen ser los menos afectados debido a que son contratados por medianas o grandes compañías en este sector, y a pesar de que tampoco escapan a los riesgos, al estrés y a la alta responsabilidad, cuentan con un salario estable que depende de la cualificación del empleado.

Debido a la pandemia, todos los centros Adult Daycare que ofrecen servicios a personas de la tercera edad fueron obligados a cerrar de forma temporal en Florida para evitar el contagio del virus y aún muchos no han podido reabrir sus servicios, mientras que los Home Care tuvieron que hacer nuevas inversiones para reforzar las medidas sanitarias y así proteger a los pacientes.

En estos momentos, el incremento de contagios tras la reapertura empeora la difícil situación de los cuidadores y de los centros de salud para las personas de edad avanzada.

Si bien muchos cuidadores sienten que su labor le ha dado sentido o significado a su vida (51%), estas emociones positivas a menudo coexisten con sentimientos de estrés o presión.

En la parte económica, es significativo que 1 de cada 4 cuidadores ha contraído más deudas al estar a cargo de un familiar enfermo o con discapacidad, mientras que el 61% (6 de cada 10) afirma que trabajan al mismo tiempo que cuidan a alguien.

El trabajo agrícola, el doméstico y el cuidado de personas representan fuentes importantes de subsistencia para millones de inmigrantes en EEUU. Un repunte sustancial de los estragos de la pandemia significaría una catarsis sin salida inmediata para ellos, en el centro de una recesión económica aguda y niveles de desempleo sin precedentes. Y afectaría también, por supuesto, a la otra parte de este ejército anónimo de cuidadores en centros asistenciales para ancianos.

lmorales@diariolasamericas.com

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