Introducción:

El Diccionario Real de la Lengua Española describe la palabra ego como derivada del latín cuyo significado es ‘yo’; también es definida en la filosofía y la psicología como la conciencia del individuo; pero la empleamos constantemente cuando nos referimos a una persona arrogante, engreída, soberbia, fatua o presuntuosa.

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I movimiento: Allegro agitato

*Permítanme aclarar que para dividir las secciones de este artículo he seleccionado la estructura de la forma musical Allegro Sonata (forma encontrada habitualmente en el primer movimiento de las Sonatas, las Sinfonías y los Conciertos), para así, de una forma grata acercarlos a esta gloriosa forma de arte musical que vivió su esplendor en el Clasicismo y en el Romanticismo, abarcando el siglo XX hasta nuestros días. Compositores tales como: Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Brahms, Scriabin, Bartok, Prokofiev y Ginastera, cultivaron esta forma musical estricta o libremente.

Exposición, tema primario:

Nunca me había arriesgado a escribir sobre este enemigo, a veces íntimo, a veces expuesto a flor de piel, visto por todos como una obra de arte grotesca de nuestro propio ‘yo’; naciente y creciente en las situaciones más diversas de nuestras vidas. El ego crece a la par de nuestro cuerpo, puede llegar a sobrepasar nuestra estatura e incluso, puede coquetear con la Luna y besar a Venus; también puede ser alimentado con cada proeza y con cada Titán imaginario que vencemos en el jardín de nuestra quimera.

Este tópico merece un análisis profundo y extenso como una novela, o quizás semejante a una película con varias sagas; o cómo una sinfonía de cuatro movimientos, o una ópera en tres actos, pues no es un tema simple para abordar. Tampoco se asemeja a una melodía de corta duración y nada atractiva; por el contrario, tiene mucha tela por donde cortar y confío que en la brevedad de este escrito todos podamos conocerlo a cabalidad, aprendiendo a encarcelar a este felón personaje que tacha a muchos en las artes. A un tiempo Allegro agitato, como se escribe en italiano, y traducido al español: Alegre agitado, comenzamos este viaje por el mundo del ego, formulando las siguientes preguntas: ¿Tendré yo ego? ¿Han tenido ustedes asomos de ego?, o, ¿han sido fustigados por el ego de alguien que lo padezca crónicamente?

Exposición, tema secundario:

Sí, sí tengo ego, lo admito y me avergüenzo de ello; he vivido el ego en primera persona, pues ha sido un visitante que esporádicamente ha robado mi sueño; ha fingido fantasías de mi realidad, de mi persona y de mi entorno, me ha hecho especular que la tierra gira a mi alrededor. Por consiguiente, este amigo indeseable de nuestra propia personalidad, ha hecho que de una manera inconsciente haya levantado mi nariz, apuntando al sol, inflando el pecho como si fuera el general que más batallas haya ganado en su carrera.

No, no recuerdo que permitiese que esta sombra de mi personalidad permaneciese por mucho rato a la luz del día. De hecho, me convertí en un férreo represor y carcelero de este inmundo personaje, alguien que no deseaba ver, ni con el que compartiría un café en La Rotonde de París, ni unas tapas en un bar de Madrid.

Creo que todos, de una forma u otra hemos tenido asomos de ego. Algunos visten de él como la prenda más valiosa que puedan mostrar, hurtando el asombro de todo aquel que reciba las palabras de grandeza y esos mitos construidos por este charlatán.

También de una manera nada fastuosa, hemos sido empañados por el desprecio de algunos colegas, amigos, y personas extrañas con ego, siendo sumergidos en las profundidades de ese océano de inseguridades que ellos reflejan de sí mismos. A estos humanos ya los conocemos, pues se tornan impredecibles y son con los que debemos lidiar diariamente de una forma u otra.

Codetta:

Mi travesía personal y musical me ha permitido navegar, sortear desde huracanes a motines, y llegar a nuevos puertos, y en ellos anclar mi arte; he acumulado vivencias, experiencias, éxitos y reveses, como todo ser humano, aprendiendo así de cómo el ego se manifiesta y actúa en nosotros mismos y en los demás.

Segunda parte: Desarrollo

Haber conocido, interactuado y trabajado con muchos artistas, músicos e intelectuales me ha permitido ver cómo estos gigantes comparten algo en común: el sentido de la modestia, de la superación, y sobre todo su espiritualidad. Estas estrellas han logrado llegar a la cumbre de sus carreras, convirtiéndose en ídolos de generaciones completas y, aún así, se mantienen agradecidos por el don que Dios les concedió, por lo que poseen y por lo que han conquistado, sabiendo al mismo tiempo que nada es eterno e infinito, y nunca obviando la sombra que nos acompaña a todas partes, pues todo se puede tornar oscuro de un día para el otro.

Hay grandes cantantes con una voz única e inquebrantable, plenos de éxitos que bien conocen de la fragilidad humana; no obvian que la voz y el canto están suspendidos por débiles cuerdas vocales, que al menor cambio climático o cansancio se pueden resquebrajar. También saben que el conflicto emocional afecta de manera terrible el desenvolvimiento de sus carreras. Ellos bien conocen que son frágiles, que no son Dioses, y siempre dan gracias primero.

Los músicos geniales, estrellas consagradas por décadas a estudiar y a ejercer su arte noble, no ignoran que cada músculo, tendón y articulación en nuestras manos está a la merced del frío, de golpes y de accidentes imprevistos; reconociendo que, de un día para otro la profesión se puede esfumar como el aire que nos acaricia las mejillas, y que no podemos atrapar con nuestras manos. Ellos también aprecian y agradecen, pues bien saben que son frágiles, tan frágiles como los demás.

Actores de teatro de alto calibre, con trayectorias incomparables, también saben que, a pesar de su grandeza y su habilidad de representar cualquier personaje que les den, dependen de su memoria, y si esta falla, las líneas se les pueden olvidar en plena función teatral, quedando en ridículo ante todo aquel que los ve. Por lo que ellos también aprecian y agradecen, pues no son Dioses, y son tan frágiles como los demás.

Los pintores de éxito, a pesar de exponer su arte en las más afamadas galerías del mundo y de tener ventas millonarias, entienden y asumen que la precisión de sus manos está a la merced de enfermedades que destrozarían ese agraciado trazo en el lienzo que los catapultó una vez a la fama. Comprenden que son frágiles, y que no son Dioses, sabiendo que agradecer es lo primero.

Bailarines que en puntas bailan los más famosos ballets del repertorio, en las más prestigiosas compañías de baile, comprenden que un músculo lastimado del pie podría acabar con su sueño de vida. Saben que agradecer es lo primero, también son frágiles.

El que desconoce que mañana podría amanecer un cielo nublado, aquel que ignora que los cambios y transformaciones se suceden de una forma inesperada y expedita, todo aquel que crea que su maestría es superior y que por tener prestados ciertos talentos temporales (que caducarán a medida que los años se asienten sobre nuestra cabellera color nieve) son los ‘elegidos’, entonces encontrarán a este fecundo personaje, ese ‘yo’ y sólo ‘yo’, llamado ego, que los hará zarpar en un mar lleno de experiencias impredecibles.

He tenido a mi lado a grandes seres humanos, muchos me han dado la mano. Aún sabiendo que conocen más que yo nunca me hicieron sentir mal, por el contrario, me enseñaron a que debemos mejorar siempre y nunca detenernos, buscando la excelencia y sobre todo la humildad.

He conocido a otros seres humanos que su ego me hizo sentir como una hormiga que huye para no ser pisada en cualquier momento. Estos que tienen ego crónico, deben entender que siempre existe otro ser humano con el mismo o quizás más talento y genialidad que ellos. Son como vitrales de un solo color, color ego, y existen como un rayo fugaz, todo puede esfumarse. Es deseoso que sepan que con un aura reparable hay salvación a este mal.

Tercera parte: Recapitulación y Coda

Una vez confesado que yo he tenido el ego rondando por mi cabeza, también he aprendido a controlarlo con una simple solución, una verdadera y eficaz respuesta a esas inseguridades que todos podemos mostrar en ciertos momentos de nuestra existencia, y de la cual somos vulnerables.

El estudio es mi mejor receta para todos. El aprender a determinar de qué carecemos. Saber cuánto desconocemos aún, encender ese bombillo de lucidez que poseemos para regresar a la esencia del crecimiento y del desarrollo humano. También ayuda cultivar la humildad como ejercicio diario y poner a dieta extrema a ese archienemigo que se presenta en los momentos más inesperados.

Te propongo que cuando tomes un lápiz y lo acomodes en tu mano, en una hoja de papel escribas todo lo que añoras hacer. Escribe lo que sueñas y en dónde quisieras estar el día de mañana, y no me refiero a un safari en África o a tomar el sol en una playa tropical. Hablo de verdaderos proyectos personales de crecimiento, de esa búsqueda profunda interna de nuevos horizontes y de expansión.

Descubrirás que todo tiene solución, pues existe un camino que recorrer, piedras que apartar de tu camino para llegar a ese punto de inflexión en donde tu conocimiento sea tal que el ego no renacerá ni florecerá, pues llevarás a tu espalda enciclopedias llenas de conocimiento. Te sentirás tan pequeño, tan humano y tan sumamente frágil que tu ego caerá al abismo infinito.

Concluyo que: siempre hay mucho que aprender y avanzar. Debemos mantener a raya este otro ‘yo’ que siempre está al acecho para secuestrar nuestra personalidad y hacerse dueño absoluto de nuestras acciones. Mientras más brille la luz de nuestro conocimiento, más se apagará nuestro ego, acercándonos así a la célebre frase de José Martí: “Ser culto es el único modo de ser libre”. Libre de ego.

Yalil Guerra, M.M. MUSIC CONSULTANT

Ph.D Candidate | Master in Music | Latin Grammy Winner - 8 times Latin Grammy Nominee Composer

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