Esta puede ser la historia de muchas madres que mueven cielo y tierra para reunirse con sus hijos. Se ha contado de diversas maneras: desde ásperas regiones fronterizas, en zonas controladas por los narcos, y también en los sueños perdidos en el estrecho de la Florida.

Mientras el mundo padece los efectos de una pandemia y las calles se llenan de pancartas y voces, hay madres aferradas a un teléfono para escuchar a sus hijos en llamadas de 10 minutos desde centros de detención para migrantes en Estados Unidos.

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Una de ellas es Veltraida Matos, quien entró en contacto con DIARIO LAS AMÉRICAS tras leer un reportaje de este medio en torno a un joven cubano que recibió asilo político.

Emocionada, con la voz temblorosa, Veltraida cuenta desde Houston, Texas, las vicisitudes por las que ha atravesado para estar con su hijo Yasiel Cruz Matos.

“Lo más importante es tener a mi hijo a mi lado, y disfrutar de los momentos que nos quedan pendientes. Él siempre me dice: ‘mami, tú eres mi faro’, y yo me siento así de verdad”, relata Veltraida, especialista en Medicina General Integral y Máster en Asesoramiento Genético, que trabaja en EEUU como asistente de médico.

“La pesadilla” comenzó cuando Veltraida abandonó la misión médica en Brasil. Ella fue “una de esas batas blancas con las que el régimen de Cuba involucra al mundo cuando habla de internacionalismo. Fui víctima de esclavitud moderna en pleno siglo XXI. Firmé un contrato donde entregaba más del 70% de mi salario a Cuba”.

En febrero de 2016 solicitó en el consulado de EEUU en Brasil “el Cuban Medical Professional Parole Program, aprobado para mí y negado para mi hijo, por ser mayor de edad”. No pasó mucho tiempo antes de que las autoridades de Cuba supieran que ella había pedido protección a EEUU.

“A partir de ese momento fui considerada como una ‘desertora’ por el régimen de los Castros y comenzaron las represalias contra mi hijo en Cuba”, dice con un tono amargo.

Yasiel, de 25 años, se pone en contacto con DLA a través de una operadora desde La Palma Correctional Center, en Arizona, donde se encuentra desde el 12 de octubre de 2019, fecha en que entró desde México. Al fondo se escuchan voces de otros detenidos y falta poco para que comiencen a repartir el almuerzo. Se apresura a contar su historia en pocos minutos y agradece que se hable de su caso, “porque somos muchos esperando justicia”.

Para Yasiel, crecer en Cuba fue “irme dando cuenta de las mentiras y las violaciones”. Todo comenzó desde que a su abuelo “le quitaron las tierras cuando triunfó Fidel en el 59”. De ahí que su padre “tuviera una marcada posición en contra del régimen”.

En su infancia se hizo una costumbre “el miedo constante a expresar lo que sentía, a denunciar lo que estaba mal. Cuando estaba en la escuela me decían que si no participaba en los actos políticos me iban a llevar a una escuela de conducta, y me obligaban a ir a los desfiles”.

“Uno va creciendo con odio, con miedo, además de que en la escuela es obligado el estudio de la política y la Historia, todo tergiversado, como ellos quieren, para transformarte la mente a favor del comunismo”, dice Yasiel.

Y como era de esperar, decir lo que pensaba le costó caro. Bien lo saben los activistas, periodistas independientes que enfrentan a diario la represión del régimen cubano. La Policía Política le mandó cartas de advertencia, citaciones, y lo enfrentó directamente.

“Estuve dos veces en detención. Usaron la fuerza, me dieron golpes con todo lo que se les ocurrió, con los ‘batones’ [bastón policial], el zambrán [cinturón del uniforme]”, narra el joven.

Certificado médico tras golpes. Cortesía/Veltraida Matos junio 2020jpeg
Certificado médico emitido en 2018 donde se documenta el estado de Yasiel Cruz tras una golpiza.

Certificado médico emitido en 2018 donde se documenta el estado de Yasiel Cruz tras una golpiza.

“También decían que iban a buscar a mi papá: ‘nosotros sabemos que tu papá es diabético, él puede sufrir un accidente en cualquier momento’, me decían. Me amenazaban con que me iban a desaparecer y que otros presos se iban a hacer cargo de mí”, recuerda Yasiel.

Le siguió la expulsión de la Universidad Agraria de La Habana Fructuoso Rodríguez, en San José de Las Lajas, provincia Mayabeque, donde estudiaba Ingeniería Informática. “Me dijeron que no era un estudiante integral porque mis expresiones a veces criticaban al Gobierno. Acabaron conmigo”.

Más tarde, “cuando había conseguido un trabajo como profesor de Informática en un instituto preuniversitario, seguían los obstáculos. Tenía que pertenecer al Sindicato [de la Central de Trabajadores de Cuba], afiliarme al PCC [Partido Comunista de Cuba], participar en reuniones políticas, y yo me negaba”. Todo eso dio al traste con su separación del centro laboral en 2017.

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Documento con la medida de separación definitiva del Instituto Preuniversitario “Comandante Octavio Hernández”, en 2017, centro donde Yasiel Cruz impartía clases de Informática.

Documento con la medida de separación definitiva del Instituto Preuniversitario “Comandante Octavio Hernández”, en 2017, centro donde Yasiel Cruz impartía clases de Informática.

“Y eso con mi mamá en EEUU en la distancia sin poder hacer nada”, recalca Yasiel, a quien se le hicieron comunes los encuentros con oficiales del Departamento Técnico de Investigación (DTI) de la Seguridad del Estado, el Jefe de Sector Pablo Corbo Cado, el Capitán Ernesto Piloto y el Mayor Yosvany Suárez Betancourt.

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Citación a la Policía para Yasiel Cruz, en 2018.

Citación a la Policía para Yasiel Cruz, en 2018.

Advertencia por expresarse en contra del Gobierno- Yasiel Cruz junio 2020.jpg
Advertencia oficial emitida por el Ministerio del Interior de Cuba, para Yasiel Cruz, por

Advertencia oficial emitida por el Ministerio del Interior de Cuba, para Yasiel Cruz, por "expresarse en contra del Gobierno".

En marzo de 2019 logró salir de Cuba con una visa de turismo para Nicaragua. Una serie de viajes en autobús atravesando fronteras le llevó a México, desde donde cruzó a EEUU.

Yasiel sueña con obtener “la protección que tanto necesito, sentir que se hace justicia. Mi objetivo es proteger siempre a mi familia, ser otra de esas personas que estudia y entrega su talento para hacer más grande a este país”.

El próximo 28 de julio su petición de asilo se discute en una corte de Inmigración. Lo defiende el abogado William Schnebly, del bufete Bighorn Law, en Arizona. De ser aceptado por EEUU, Yasiel podrá celebrar un cumpleaños doble junto a su madre, el 18 y el 23 de octubre, respectivamente, y podrán darse un abrazo en libertad, por primera vez.

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