sábado 28  de  febrero 2026
Opinión

Un análisis radical de la crisis humanitaria en Cuba

Antes de la revolución comunista de 1959, entre 1952 y 1958, el suministro de alimentos de Cuba era altamente productivo, ocupando el tercer lugar en América Latina en consumo diario de calorías

Por JOHN SUÁREZ

La crisis humanitaria persiste en Cuba, desde antes de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump del 29 de enero de 2026, que impuso aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba, directa o indirectamente.

Ayer, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la intención de la administración Trump de permitir que las compañías energéticas vendan combustible a empresas privadas en Cuba, manteniendo al mismo tiempo estrictas sanciones contra el régimen cubano.

Cuba ha padecido una crisis humanitaria permanente desde 1961, impulsada por dos factores principales: las ineficiencias de su sistema comunista y las sanciones económicas estadounidenses.

La pregunta crucial es: ¿Cuál contribuye más al actual desastre económico?

Antes de la revolución comunista de 1959, entre 1952 y 1958, el suministro de alimentos de Cuba era altamente productivo, ocupando el tercer lugar en América Latina en consumo diario de calorías.

Este éxito se derivó de políticas nacionalistas que promovían la autosuficiencia agrícola para satisfacer la demanda del mercado.

Esto terminó bajo el régimen de Fidel Castro, que confiscó y colectivizó propiedades, prohibiendo a los agricultores vender sus cosechas a entidades no estatales. Para 1964, el sistema gubernamental Acopio controlaba todos los productos agrícolas, estableciendo cuotas de producción y exigiendo las ventas al Estado. La reciente ley agraria cubana (Decreto Ley 358 de 2018) mantiene estas prohibiciones a las ventas privadas.

El racionamiento de alimentos comenzó en 1962 como mecanismo de control y persiste en la actualidad; los productos están subsidiados, pero son insuficientes para el sustento de las personas.

Como informó el periodista de Reuters Marc Frank en 2010, el sistema centralizado cubano obliga a los agricultores a vender cultivos fijos al Estado a cambio de suministros, lo que a menudo provoca la descomposición de las cosechas y la escasez de insumos como piensos, pesticidas y fertilizantes. Estas ineficiencias, ajenas a las sanciones, se derivan de la ausencia de mecanismos de mercado.

Medios como Diario de Cuba (18 de marzo de 2021) y 14ymedio (15 de junio de 2021) documentan la pudrición de tomates, cebollas y verduras debido a los retrasos en la recolección de Acopio.

Los agricultores se enfrentan a multas, detenciones o prisión por intentar vender de forma independiente.

En consecuencia, Cuba importa entre el 70 % y el 80 % de sus alimentos, incluso durante períodos de fuertes subsidios soviéticos o ayuda venezolana (por ejemplo, de 2011 a 2014, sin escasez de combustible). El racionamiento continuó sin cesar.

Desde el año 2000, gran parte de estos alimentos proviene de Estados Unidos. En 2025, Cuba importó 810,8 millones de dólares en productos estadounidenses. Hoy en día, el pollo cubano proviene principalmente de Alabama y Misisipi. Según el Observatorio de la Complejidad Económica, en 2024, las importaciones de aves de corral de Cuba fueron lideradas por Estados Unidos (298 millones de dólares), seguido de Brasil (39 millones de dólares), Países Bajos (21 millones de dólares), Polonia (9,67 millones de dólares) y Paraguay (510.000 dólares).

La nación sujeta a amplias sanciones multilaterales por parte de Estados Unidos y gran parte del mundo fue la Sudáfrica del apartheid. Los expertos señalan que, a pesar de afectar a los productos agrícolas, estas sanciones tuvieron un impacto mínimo en el suministro de alimentos del régimen, ya que Sudáfrica, al igual que Cuba, eludió eficazmente las restricciones.

No puede decirse lo mismo de los efectos devastadores de la planificación económica comunista en la seguridad alimentaria. Las mayores hambrunas del siglo XX se derivaron de la colectivización forzosa comunista: en la Unión Soviética, las políticas de Stalin condujeron al Holodomor de 1932-1933 en Ucrania, donde la confiscación de granos para la exportación causó entre 6 y 10 millones de muertes; en China, el Gran Salto Adelante de Mao Zedong (1959-1961) provocó la hambruna de más de 30 millones de personas, incluso mientras China exportaba alimentos a Cuba. La crisis humanitaria de Cuba no se debe a las sanciones unilaterales de Estados Unidos, sino a la adhesión de La Habana a este modelo fallido.

Desde 2022, el Centro por una Cuba Libre ha instado a la comunidad internacional a establecer un corredor humanitario que lleve la ayuda directamente a los cubanos necesitados, eludiendo al régimen cleptocrático de La Habana.

En febrero de 2026, el Departamento de Estado anunció 6 millones de dólares adicionales en ayuda humanitaria para Cuba, que se suman a los 3 millones entregados con éxito en enero a Cáritas, la organización de la Iglesia Católica. Los testimonios confirman que la ayuda inicial llegó directamente a las víctimas, lo que eleva la distribución total de la ayuda estadounidense a 9 millones de dólares.

El Centro también respalda el llamamiento de Human Rights Action Group y Espacios Democráticos, ambas ONG canadienses, que piden a Canadá que presione a La Habana para que legalice a la sociedad civil independiente para una distribución eficaz de la ayuda.

John Suarez es el director ejecutivo del Centro para una Cuba Libre. Fue oficial de programas para América Latina en Freedom House. Ha testificado sobre temas de derechos humanos en Cuba ante el Congreso de los Estados Unidos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington, DC

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