WASHINGTON.- Scott Pruitt, el ya exjefe de Medioambiente del presidente, Donald Trump, nunca ocultó que quería desmontar las regulaciones contra el cambio climático, pero no esperaba que sus extravagantes gustos por los viajes y sus supuestas prácticas corruptas acabaran con su carrera en el Gobierno.

Escéptico del cambio climático y defensor de la industria de los combustibles fósiles, Pruitt fue escogido por Trump como brazo ejecutor de sus políticas medioambientales al considerar que compartían la misma fijación: acabar con el legado del gobierno de Barack Obama (2009-2017).

Pruitt aplicó desde que llegó al cargo, en febrero de 2017, una forma paradójica de ver la protección medioambiental, alejada de las luchas y regulaciones ecologistas y alineada con los planteamientos de Trump, que se ha mofado en repetidas ocasiones del cambio climático.

Su trabajo, una apisonadora contra las protecciones medioambientales, le ha llevado a ser considerado el ojito derecho de Trump, quien le había defendido a ultranza en los últimos meses pese a la incesantes aparición de casos que cuestionaban su valía.

"Los científicos siguen en desacuerdo sobre el grado y alcance del calentamiento global y su conexión con las acciones de los seres humanos", dijo Pruitt en una entrevista con la revista National Review en 2016.

En su primer año al frente de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) confirmó ser el alma gemela que Trump buscaba para el puesto.

Pero ha terminado cercado por los conflictos de intereses con las empresas de combustibles fósiles, el uso de dinero público en vuelos de primera clase, subidas salariales o el uso del cargo para beneficio familiar.

Entre los escándalos más destacados se encuentra el alquiler de un apartamento en Washington, muy por debajo del precio de mercado y cuya propiedad estaba vinculada a un grupo de presión del sector de los combustibles fósiles, industria que regula su agencia.

Ese incidente fue el principal detonante de una tormenta perfecta que ha acumulado múltiples casos de prácticas aparentemente corruptas y que ha finalizado con su renuncia.

Pruitt ha sido investigado por instituciones federales como el organismo interno de la EPA, la Casa Blanca o el Congreso.

Destacan los viajes en primera clase a distintas localizaciones y con fines controvertidos, así como los frecuentes vuelos a Oklahoma, donde Pruitt reside y ha desarrollado su carrera política como fiscal general estatal desde 2010.

Solo en los primeros días de junio de 2017, un conjunto de vuelos en primera clase, la utilización de un avión militar y el pago de alojamientos en diversos lugares -entre ellos Roma- costaron a las arcas públicas al menos 90.000 dólares, según The Washington Post.

Ese medio desveló que el equipo de Pruitt, de 49 años, se planteó en 2017 el alquiler de un avión privado cuyo coste estimado era de 100.000 dólares mensuales, pero finalmente se descartó.

Los extravagantes gustos del alto cargo también quedaron patentes en la instalación de una cabina insonorizada para un "teléfono seguro" en su oficina, que costó más de 40.000 dólares y requería la aprobación previa del Congreso, que no tramitó.

Ante la mayor parte de estos gastos, Pruitt y el propio Trump han alegado que era una respuesta ante las amenazas recibidas y con objeto de garantizar su seguridad.

Sin embargo, este argumento no sirvió para justificar las informaciones de las últimas semanas de que se había servido de su puesto para buscarle trabajo a su mujer.

Como fiscal general de Oklahoma, Pruitt había demandado al Gobierno de Obama por sus normas protectoras del aire y el agua un total de 14 veces, en 13 de las cuales lo hizo junto con empresas de la industria afectada por esas regulaciones.

Oklahoma es uno de los principales estados productores de petróleo y gas, especialmente gracias al desarrollo de la fracturación hidráulica ("fracking").

A comienzos de 2018, el medio especializado Politico informó que Pruitt aspiraba a ocupar el puesto de fiscal general, el máximo responsable de la cartera de Justicia, y el propio Trump se vio obligado a negarlo.

En Washington, Pruitt es conocido por su amplia ambición política en las filas del Partido Republicano.

Dentro de su actuación al frente de la EPA han destacado las decisiones de derogar el Plan de Energía Limpia, para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, y relajar las exigencias de control de emisiones contaminantes y consumo de combustibles para los automóviles que habían sido aprobadas por Obama.

Pero si una acción ha resaltado en materia medioambiental durante este tiempo ha sido la salida del Acuerdo del Clima de París, que ha convertido al país en el único del mundo fuera de ese pacto, una decisión en la que Pruitt jugó un papel fundamental.

FUENTE: EFE

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