MIAMI.- La asistencia de algunas caras conocidas de opositores cubanos fue uno de los hechos destacados por los medios durante el discurso del Estado de la Unión pronunciado por el presidente Obama. Rosá María Payá, hija del fallecido líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá Sardiñas, fue invitada al evento por el senador Marco Rubio.
Marlene Alejandre Triana, hija del piloto Armando Alejandre Jr., uno de los miembros de Hermanos al Rescate que perdió la vida cuando su avión fue derribado en aguas internacionales por el régimen de Castro, acudió de la mano de la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen.
También Jorge Luis García Pérez "Antúnez" y su esposa Yris Tamara Pérez Aguilera aceptaron la invitación del presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, John Boehner. Otros que se dejaron ver fueron Alain Gross y su esposa Judy. El exsubcontratista federal fue detenido en Cuba en 2009 y liberado recientemente tras cinco años de prisión.
Al margen de lo que a cada uno le pueda parecer el acuerdo alcanzado entre Barack Obama y Raúl Castro para cambiar el rumbo de las relaciones entre ambos países, es reconfortante ver en la casa de la soberanía popular, la Cámara de Representantes, a todas estas personas que han sido víctimas de la dictadura castrista y que en este momento pueden participar en una ceremonia que nace del más profundo sentimiento democrático.
Es una lección que debería ser escuchada en La Habana, donde el inmovilismo continúa y todavía estamos a la espera del más mínimo gesto en favor de la apertura, la libertad y el respeto a los derechos humanos.
No estaría de más que el Presidente se sentara a escuchar a las personas de origen cubano que ayer le escucharon a él en su discurso. Hasta ahora Obama maneja el asunto de la nueva relación con la isla de una manera excesivamente secreta y personalista.