MADRID.dpa
El exintegrante de las agrupaciones Los abuelos de la nada y Los Rodríguez habla de su necesidad de cantar, sus referentes musicales y su compatriota el papa Francisco.
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El músico argentino Andrés Calamaro se define como "un músico de rock iconoclasta" y lo deja muy claro en Paracaídas y vueltas, su nuevo disco, donde recopila desde impresiones musicales a poemas, artículos de opinión, letras inéditas y fotografías de su álbum personal.
Tras un ajetreado 2014 sobre los escenarios y el reciente lanzamiento de Hijos del pueblo, que recoge su gira conjunta con Enrique Bunbury, Calamaro comparte ahora con sus fans los momentos, personas y lugares que marcaron su trayectoria.
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En una entrevista con la agencia de noticias dpa, el exintegrante de las agrupaciones Los abuelos de la nada y Los Rodríguez habla de su necesidad de cantar, sus referentes musicales, su conocida defensa de los toros o qué opinión le merece su compatriota el papa Francisco.
--Paracaídas y vueltas reúne textos que escribió hace años. ¿Qué fue lo que le ha llevado a publicarlos precisamente ahora?
También reúne textos recientes que no podría publicar antes porque -entonces- eran páginas en blanco. Después de las idas y vueltas que casi todos los proyectos tienen, estaba preparado para asumir un compromiso editorial, elegir textos, seguir escribiendo y corregir. Pensarlo más era pensar demasiado.
--Se ha decantado por un formato muy ecléctico, distinto al de las memorias al uso. ¿Por qué?
No era mi intención escribir confesiones escandalosas para demostrar la intensidad de mis batallas ni mis memorias de 'happening' rockero... Presumo de olvidos. Nadie debería contar mi vida, ni siquiera yo.
--En Incorrecciones recoge un texto sobre el papa Francisco, al que califica como el "JFK de los Papas". Desde que lo escribió ha pasado un año. ¿Qué opinión le merece el pontífice?
El papa tiene muy buena cintura. No tengo relaciones carnales con el Vaticano ni con el credo. Tampoco me consta que la comparación con JFK sea del agrado de todos. Son dos de los católicos que más simpatías han despertado en los últimos 20 siglos... y monedas.
--"Siempre estoy descubriendo y aprendiendo del toro", escribió en uno de los capítulos que dedica a la tauromaquia, que tanto ha defendido. ¿Cuáles son esos descubrimientos y aprendizajes?
Fuera de la tauromaquia y el flamenco, todo parece superfluo y frívolo. En estos términos, todo el tiempo estoy aprendiendo. Soy un isleño... un extranjero. La liturgia tiene muchos detalles para ver y hay que aprender a sentir. El arte es un dios confiable.
--Entre sus iconoclásicos habla de Hendrix, Dylan, Elvis, los Stones y Gardel. ¿En qué medida los considera referentes y por qué?
Son referencias de libertad y de gloria humana. Artistas eternos de la música. En estos casos.
-- ¿Cuáles son sus fuentes de inspiración, tanto a nivel textual como rítmico?
Soy de la idea que las canciones no necesitan contarse ni explicarse, pero sí cantarlas porque es inevitable. Alguien tiene que cantar. Tampoco puedo revelar mis fuentes, son confidenciales.
-- Sus canciones han calado en varias generaciones y, sin embargo, rehúye de la etiqueta de cantautor. ¿Qué es lo que le molesta del término?
No soy especialista en canciones, soy un músico de rock iconoclasta. No me molesta el término, pero tampoco me corresponde. Escribí buenas canciones pero sometidas a tratamientos inconfesables. Puedo pasarme años sin escribir una canción. No es un mérito, pero tampoco me desespera la aparición de la próxima.
-- Acaba de salir a la venta Hijos del Pueblo, junto a Enrique Bunbury, y este verano volverá a subirse a un escenario junto a Dylan. Mientras tanto, ¿Qué hace Andrés Calamaro?
Publicar un libro y estrenar el disco en una misma semana, es un estado formidable. Se me ocurren mejores cosas pero dentro del ámbito de la estricta intimidad. Quiero estar donde hay que estar.
