Más de la mitad de la población que vive en el condado de Miami-Dade nació en otro país. El 54,5%, según las estimaciones de la Oficina del Censo de Estados Unidos para el periodo 2020 a 2024. Y en tres de cada cuatro hogares se habla un idioma distinto del inglés.
Basta con sentarse un rato en cualquier café de la ciudad para ver lo que esas cifras significan en la práctica.
En la mesa de al lado hay una mujer con el pelo recogido en un moño perfecto y los labios rojos a las diez de la mañana. Dos mesas más allá, otra con la cara lavada, gafas oscuras y una camisa de lino arrugada a propósito. Ninguna está mal vestida. Simplemente vienen de lugares distintos y traen ideas distintas sobre lo que significa estar arreglada.
Melanie Jovanovic llegó a esa mezcla con una idea propia, bastante clara.
Lo que viene de allá
La influencer, que también trabaja como asesora de imagen, nació en Venezuela y hace su vida en Miami. Sobre lo que su país dejó en su manera de entender la belleza, no duda.
“La cultura venezolana tiene una relación muy particular con la belleza. A la mujer venezolana históricamente le gusta arreglarse, cuidar su cabello, vestirse bien y sentirse femenina. Esa cultura definitivamente está presente en mi manera de entender la belleza”, afirma.
Quien haya crecido en Venezuela, o tenga una amiga venezolana, sabe de qué habla. El secador encendido antes de salir, aunque sea al mercado. Las uñas hechas. El cuidado del pelo, casi como un asunto de familia. No se trata de vanidad, o no solo. Es una costumbre que se aprende temprano y que se lleva puesta adonde una vaya.
La mezcla
Lo interesante vino después.
“Miami, en cambio, me enseñó a mezclar eso con muchísimas culturas y estilos diferentes. Aquí conviven mujeres latinas, americanas, europeas y de muchísimas partes del mundo. Eso amplió muchísimo mi visión”, cuenta Melanie Jovanovic.
El verbo que elige es ampliar, y no es casual: lo venezolano sigue ahí, solo que ahora tiene más compañía. Para alguien que trabaja con la imagen de otras mujeres, eso tiene consecuencias muy concretas: en una misma semana puede tocarle una clienta que quiere el brillo y el volumen de toda la vida, otra que busca algo casi invisible y una tercera que no sabe bien qué quiere pero tiene claro lo que no. Atender a las tres obliga a ensanchar el ojo.
Ella lo describe como una suma.
“Creo que mi estilo termina siendo precisamente esa mezcla: la feminidad y el cuidado por los detalles que tenemos las venezolanas, combinados con una visión mucho más internacional y moderna que me ha dado Miami”, explica. “Creo que mi estilo termina siendo precisamente esa mezcla: la feminidad y el cuidado por los detalles que tenemos las venezolanas, combinados con una visión mucho más internacional y moderna que me ha dado Miami”, explica.
La frase tiene algo que se reconoce en mucha gente que se fue de su país. Uno no deja de ser de donde es. Pero tampoco vuelve a mirar las cosas exactamente igual después de vivir en otro lugar, rodeado de otras costumbres y otras maneras de ponerse frente al espejo.
En el caso de Melanie Jovanovic, eso se nota en cómo habla de su propio estilo. Lo femenino y el cuidado por el detalle siguen ahí, intactos, pero ahora conviven con una idea mucho más amplia de lo que puede ser una mujer arreglada.
Dos acentos
Hay migrantes que sienten que tienen que elegir: o conservan todo lo de antes o se adaptan del todo a lo nuevo. Su manera de contarlo sugiere otra salida, la de quedarse con las dos cosas y dejar que convivan.
Es un poco como el acento. Con los años se le pegan palabras de aquí y de allá, cambia el ritmo, aparece alguna expresión nueva. Pero cuando habla de belleza, a Melanie Jovanovic se le sigue notando enseguida de dónde viene.
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