MIAMI.- Tiene 38 años, nació en Miami pero se crio en Gainesville. Es el alcalde de Tallahassee, Andrew Gillum, que ahora tiene la meta de ser el candidato oficial del Partido Demócrata para competir por la gobernación de la Florida.

Sus primeros años los pasó en Richmond Heights, al sur del Condado Miami-Dade. “No teníamos mucha plata, pero éramos ricos en carácter, en espíritu, en unidad familiar y trabajo duro”, expresó Gillum en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.

Un 60% de la comunidad hispana en la Florida no lo conoce. Su carrera política la ha desarrollado en el norte del estado. Reconoce que ”tenemos mucho más en común de lo que nos separa: El mismo tipo de valores familiares que yo respeto mucho. No es nada distinto a la manera cómo crecí. Las presiones económicas que todos sentimos como poder pagar un jardín infantil para nuestros niños o tener los recursos para iniciar un nuevo negocio. Nosotros queremos que esas oportunidades sean posibles para todos”.

Dijo que el tema migratorio es “extremadamente” importante para él. Calificó de “esquizofrénica” la política del presidente Trump hacia Cuba. “Tengo la esperanza de que las relaciones diplomáticas den la opción a los cubanos de reconectarse con sus familias que aún están en la isla. Tenemos que ser vigilantes y duros contra el régimen castrista, y también trabajar muy duro para luchar contra la supresión de valores democráticos y libertades individuales”, indicó.

En relación con Venezuela, expresó la cantidad de veces que ha hablado de la libertad en ese país, de elecciones libres y la necesidad que esa comunidad pueda lograr un estatus migratorio temporal (TPS). Aclaró que ese beneficio debe extenderse a los haitianos por razones humanitarias y a los venezolanos por razones políticas “que terminan también siendo humanitarias”.

No tiene, ni de lejos, los recursos de sus oponentes dentro de su partido, como Philip Levine o Gwen Graham. En sus arcas no hay más de 25.000 dólares.

Sin embargo, su propia experiencia y la vida de su familia, las considera el cumplimiento del sueño americano. “Vengo de la pobreza, mis padres tuvieron empleos de bajos ingresos para tratar de sacar a flote una familia”, recordó. Con esa historia, y con una educación pública que recibió, pudo ser alcalde y aspira a ser el gobernador del Estado del Sol.

Tiene fe, por lo tanto, en que no es necesario exhibir “un apellido famoso o una chequera lo suficientemente abultada para pagar su campaña y ser la autoridad máxima del Estado”.

Pero su paso por el gobierno ha dejado serios cuestionamientos sobre su desempeño.

-Usted no está vinculado a una investigación que sigue en este momento el FBI en Tallahassee, pero sí lo han relacionado con cabilderos y constructores de gran poder en la ciudad, que supuestamente han influido en cambios en el código de zonificación y en las agencias comunitarias de desarrollo (CRA, por sus siglas en inglés). ¿Qué piensa al respecto?

La política de mi administración es que cualquier señal de corrupción debe ser desterrada y en eso hay que ser duro. Por eso he prometido mi apoyo al FBI a través del fiscal.

Sé que el CRA ha tenido una historia bastante complicada durante toda su existencia. Pero estoy muy orgulloso de su extraordinario desempeño en Tallahassee. He visto parte de mi comunidad transformada por la clase de inversiones que ha hecho. Ha estabilizado nuestra economía con la capacidad de crear nuevos negocios en nuestras áreas más abandonadas. Sé que ha habido incidentes de corrupción, pero no pasan sólo en nuestro CRA sino también en otros alrededores del Estado.

-¿Que política propone para manejar los CRA y, sobre todo, los códigos de zonificación, centro de la investigación del FBI?

El CRA tiene que trabajar de manera muy cercana con el Gobierno, en relación con las reglas y leyes de zonificación. Tenemos que ser muy estrictos y definir qué califica como áreas abandonadas o deterioradas.

-¿Cuál sería el mensaje fundamental del Partido Demócrata en la Florida, más allá de su oposición al presidente Trump?

Ofrecerles oportunidades a todo el mundo. Es un mensaje que cualquier persona puede entender y coherente con las políticas que ha defendido el partido. Pero seamos honestos: los candidatos son clave, los votantes deben confiar, creer en las palabras que están oyendo de un candidato y que si gana va a luchar por ellos. Y no por el dinero de las grandes empresas que tratan de quitarle el poder a la gente. Seis millones menos eligieron al actual presidente, menos de los que participaron en 2012 [segundo periodo presidencial de Barack Obama]. En lugar de fascinarnos con el efecto Trump, debemos centrarnos en el efecto demócrata, y eso significa ampliar la participación de nuestros votantes.

¿Cuál podría ser el papel de un gobernador en un estado en el que hay remanentes de monumentos confederados y una cultura segregacionista?

El gobernador, como líder del Estado, tiene la obligación moral de poner un tono más alto, de inclusión, en lugar de seguir una política de división como lo hemos visto de manera amplia y desafortunada por parte del presidente Trump.

Nuestro gobernador no ha querido distanciarse tampoco de esa política. Necesitamos un liderazgo más moderado que no tenga miedo de decir que los neonazis, el odio y el racismo no tienen un sitio en nuestra sociedad. Es 2017, y es ridículo el hecho de que estemos peleando sobre el tema confederado que sucedió después de la guerra civil, hace más de cien años. Lo que pueden esperar los votante de mi al llegar a la gobernación y tener esa tribuna, es alguien interesado en señalar las faltas donde las haya, que el odio no va a tener refugio bajo mi liderazgo como gobernador, y en lugar de eso vamos a hablar de la diversidad del Estado, lo que nos hace más fuertes y mejores”.

 

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