sábado 21  de  febrero 2026
ANÁLISIS

Bienvenida la cordura

Luego de una disputa de dos años, el Juez de Circuito Charles Johnson ordenó que se levantaran las barreras colocadas en contra de las regulaciones condales en un barrio de la Ciudad de Miami
Diario las Américas | EMILIO J. SÁNCHEZ
Por EMILIO J. SÁNCHEZ

En estos tiempos hablar del poder judicial en Estados Unidos es bastante frustrante. Hoy día somos testigos de cómo se aplican raseros diferentes según personas u orientación política, cómo se cometen injusticias… en nombre de la justicia. A veces, sin embargo, prevalece la racionalidad, y entonces uno vuelve a tener fe en las leyes, los jueces y sus dictámenes.

El 5 de junio supimos que el Juez de Circuito Charles Johnson había dado la razón al condado Miami-Dade en larguísima disputa con la Ciudad de Miami sobre las barreras que esta colocó para cerrar un barrio e impedir el tráfico más allá del local. El juez Johnson instó al condado a resolver las preocupaciones sobre seguridad, pero a la vez ordenó que se levantaran las barreras. Después de 27 meses, estas podrían ser cualquier cosa menos “temporales”.

La zona en cuestión comprende desde Coral Way hasta la US1 y desde la avenida 17 hasta la avenida 13. Fue el comisionado Joe Carollo, del distrito 3, quien, por petición de algunos vecinos, accedió a promover la idea del cierre. Nunca hubo una consulta, casa por casa y mediante firmas, acerca de la propuesta. De repente, el barrio se vio cortado por barreras, anuncios lumínicos y policías en perseguidoras.

Quienes decidieron clausurar las entradas regulares al vecindario no previeron que podría perjudicar a otros vecinos. Las protestas de algunas familias no fueron escuchadas (¿acaso la democracia no supone, entre otras cosas, impedir el abuso de la minoría por la mayoría?).

Así pues, en casa nos sentimos aliviados y, más que todo, vindicados. Porque desde el principio discrepamos de la medida. Es cierto que, antes del cierre, una avalancha de vehículos, a toda hora y sobre todo en horarios pico, asaltaba el vecindario tratando de escapar de la congestión del tráfico. Hubo razones muy válidas para sentirnos por entonces molestos. Ciertamente, con las barreras disminuyó la circulación de vehículos y probablemente el 80 por ciento de los residentes se beneficiaron.

Sin embargo, la circulación, aunque disminuida, se concentró ahora en la 22 Terrace (única vía de entrada y salida). Ello afectó a los residentes de dicha calle (el 20 por ciento), donde la velocidad vehicular siempre excedió con mucho lo estipulado. Por esta razón en diciembre de 2021 escribí a la oficina del comisionado Joe Carollo a fin de que fueran instalados SPEED BUMPS. Repetí las cartas otras dos veces y no obtuve respuesta, hasta que en febrero de 2022 recibí la visita del jefe de despacho del comisionado. Este dijo comprender la preocupación y prometió ocuparse del problema. Lamentablemente, su promesa nunca se cumplió; tampoco dio seguimiento al tema.

Proseguí mi campaña en favor de SPEED BUMPS con nuevas cartas al condado y la ciudad. Ante mi insistencia, en noviembre de 2022 la coordinadora de Community Outreach and Engagement (oficina de Capital Improvements) de la Ciudad de Miami prometió un estudio de tráfico, como paso previo para la instalación de bandas de frenado. Durante varios meses me interesé por la fecha de comienzo del estudio (con copia a los implicados). La última carta la dirigí el 18 de abril de 2023 al City Manager Arthur Noriega. Ninguno me contestó: es decir, empleados cuyos sueldos provienen de los impuestos a los contribuyentes ni siquiera se permiten dar respuesta a una sencilla pregunta de un residente.

Los políticos, en tanto sirvientes públicos, no pueden tomar decisiones a la ligera; se espera de ellos decisiones racionales y razonadas.

Al inicio hablé de cordura y racionalidad.

Desde luego, como indicó el abogado David Winker, quien representó a un vecino inconforme, “las calles públicas son públicas y no deben cerrarse”. Elemental, Watson. Además, ¿se imaginan qué sucedería en este condado si cada barrio decidiera amurallarse ante la violenta irrupción del tráfico? Un análisis sensato, que ponga por delante los intereses comunes, y no la comodidad de un grupo de residentes, llegaría rápidamente a la conclusión de que tal opción es un completo dislate.

Ahora bien, el episodio deja también otras enseñanzas. Los políticos, en tanto sirvientes públicos:

- No pueden tomar decisiones a la ligera; se espera de ellos decisiones racionales y razonadas.

- Pueden equivocarse; por eso es recomendable que vuelvan sobre sus decisiones y verifiquen periódicamente su impacto.

- Tienen el deber de prever (en realidad, esa es la esencia de la política: PREVER); una decisión no puede tomarse sin reparar en sus potenciales efectos.

- Deben respetar a los contribuyentes y responder a sus demandas, quejas e inquietudes; y hacerlo de manera convincente y expedita.

La congestión de tráfico seguirá agudizándose, por cuanto Miami sigue siendo destino ideal de inmigrantes hispanos. Las autoridades (condado y municipalidades) deben afrontar el problema y ofrecer soluciones viables y racionales. Estas deben beneficiar a todos los residentes del condado; no exclusivamente a una ciudad o barrio específicos. Colocar barreras, alegando “temporalidad” —en la búsqueda de un “hecho consumado” que permitiera imponerlas como permanentes— fue una solución de fuerza a la que nunca debió recurrirse.

Ni Carollo ni los comisionados que aprobaron la propuesta del cierre del barrio imaginaron que el litigio duraría tanto tiempo, ni que ello implicara erogaciones de mil dólares diarios durante el tiempo en que hubo vigilancia policial y, más tarde, en el alquiler de las señalizaciones lumínicas. Por eso, si bien es justo eximirlos por ese imperdonable gasto, sería recomendable que aprovecharan la experiencia: ciertas propuestas no pueden aprobarse solo para complacer peticiones de vecinos. Se requiere de los políticos, y también de los abogados que los asesoran, algo más que la condescendencia y la búsqueda de votos. Hay que pensar, repensar y luego actuar.

Aún las barreras siguen en pie y, al parecer, nadie parece estar listo para levantarlas. Algunos vecinos intramuros, que disfrutaron de una situación de coto cerrado durante dos años, están inconformes y planean apelar la decisión del juez. “Errar es propio de cualquier hombre —expresó Cicerón (106 AC–43 AC) —, pero sólo del ignorante perseverar en el error”.

Confío en que la cordura prevalezca. Por cierto, el juez sugirió instalar SPEED BUMPS para controlar la velocidad de los vehículos. Espero que los políticos esta vez hagan caso.

Emilio J. Sánchez es periodista, conductor de Comentando, canal 17 WLRN, domingos 6 pm [email protected]

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