MIAMI.- Daniela Hernández vive en Hialeah, se graduó de High School y ha sido aceptada a estudiar en Carnegie Mellon, una de las universidades más prestigiosas del mundo. Para ser exacto ocupa el 25 lugar en el ranking mundial y su facultad de Ciencias de la Computación solamente admite a cinco de cada 100 aspirantes que llaman a su puerta. Este año entre los aceptados está la joven Hernández, que tiene honor de pertenecer a la hornada de graduados en tiempos de pandemia.

Historia

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Pero la meteórica historia de su vida comenzó a fraguarse hace 17 años en Cuba, cuando Daniela era una bebita de tan solo un año de edad, y su padre, Normando Hernández, periodista independiente, fue injustamente encarcelado durante la ola represiva conocida como la Primavera Negra, condenado a 25 años de privación de libertad y, tras siete largos años en las cárceles cubanas, desterrado. Estas circunstancias influyeron en la temprana experiencia escolar de Daniela, quien cargó con el estigma de ser la hija de un contrarrevolucionario. El sueño que hoy materializa por méritos propios hubiera sido imposible en su isla natal, donde el mérito más importante para que un estudiante acceda a la universidad es ser revolucionario.

Paso a paso

Por eso, es fácil entender que a Daniela jamás le pasara por la mente, al llegar a EEUU, que tendría la posibilidad de ingresar en una de las universidades de mayor renombre del país. “Esa posibilidad jamás pasó por mi mente. Pero la lección que se podría extraer de mi experiencia es que en la vida hay que ir poco a poco. Al llegar a este país, la primera idea era aprender inglés. Después, mejorar la comprensión lectora. Más tarde, me dediqué a mejorar mis notas, hasta llegar al punto de preocuparme qué debía hacer para ingresar en las mejores universidades”.

Daniela cursó estudios de bachiller, junto con créditos universitarios, en un programa para niños avanzados llamado Dual Enrollment. “Mientras que estamos en High School, también recibimos clases universitarias en el Campus de Miami-Dade College. Tomamos las clases del college por las mañanas y por la tarde las materias de high school”, explicó. “Si no fuera por el coronavirus, habría obtenido primero un diploma universitario antes que el de high school, pero la pandemia hizo que se retrasara la graduación del college”, sostuvo sin esforzarse por esconder su frustración.

La pandemia

Daniela, quien se auto cataloga como alguien aplicado, persistente, con un gran poder de concentración y perfeccionista, considera que estudiar en tiempos de coronavirus, a las puertas de graduarse, fue extremadamente difícil. “Hay un sentimiento que aflora cuando uno está a punto de culminar esta fase importante de la vida. En ese momento, supuestamente todo el trabajo debería estar realizado y ese gran peso que hemos cargado sobre los hombros, durante tantos años de estudios intensos, debería haber desaparecido. Sin embargo, sucedió lo contrario. Aumentó el nivel de estrés por varias razones: pandemia y estudio a distancia”.

Los profesores, tratando de dar una imagen de normalidad en plena crisis del coronavirus y adaptándose ellos también a esta realidad de la educación a distancia, nos cargaron de trabajos y tareas que dificultaron bastante esta última etapa.

“Por otra parte, no todas las casas tienen las condiciones idóneas para estudiar vía internet. Y menos la mía, que es la típica casa cubana. Tengo un hermano pequeño que también recibe sus clases a distancia, están mis padres, que ambos teletrabajan, y mi abuela. Cada vez que me iba a examinar les pedía a todos que no utilizaran internet y que salieran al patio, había que evitar que la forma de hablar nuestra pudiera interpretarse como que me estaban ayudando, era bastante estresante”.

Graduación virtual

“Además, desde el punto de vista emocional, nos ha influido negativamente la cancelación de la ceremonia de graduación”.

Daniela recuerda las conversaciones con sus amigas sobre el peinado y el vestido de ese gran día. “Ahora vamos a tener una graduación virtual y no es lo mismo. Este era el momento tantas veces soñado, la imagen de la culminación de un gran esfuerzo, el día tan esperado de salir al escenario, que los padres orgullosos escucharan nuestro nombre y nos vieran caminar por el estrado hasta recibir el diploma. Eso no va a suceder. Todas las expectativas que nos hemos creado durante high school y el premio al sacrificio, que iba a ser simbolizado en esa ceremonia casi litúrgica y cargada de tradición, no va a suceder”.

Entiende muy bien el enorme impacto que tiene la pandemia en la sociedad y en el mundo. Pero expresa la frustración íntima de unos jóvenes muy sacrificados que, en el instante de ser reconocidos públicamente, son relegados al mundo virtual por la pandemia.

Carnegie Mellon

Un año de estudio en Carnegie Mellon cuesta unos 78.000 dólares. Pero Daniela no tiene de qué preocuparse, ella se ganó una beca que le cubre toda la carrera.

A la pregunta de porqué eligió estudiar en Carnegie Mellon, Daniela respondió: “Elegí ir a esa universidad porque está considerada la número uno de Ciencias de la Computación en EEUU. Y porque las oportunidades que tienen allí los estudiantes para desarrollarse como programadores son increíbles. Después del primer semestre ya están todas las empresas tecnológicas, como Google, IBM, Snapchat o Facebook, buscando estudiantes. Lo que abre oportunidades inmensas incluso antes de mi próxima graduación. Por otra parte, Carnegie acepta mis créditos y no habré tirado por la borda el esfuerzo realizado al estudiar grados universitarios en mi etapa de high school".

El futuro

Daniela irá a una universidad que no ha visitado jamás. Todo lo que sabe de ella, lo ha leído o se lo han contado. No obstante, ya tiene sus compañeros de cuarto, incluso ya crean sus planes de cómo organizarse para comer y estudiar.

“Lo que me aterra es la posibilidad empezar el primer semestre desde casa. Los estudios en Carnegie son muy intensos y el primer semestre en básico para un programador. En la universidad existen un montón de recursos para ayudar a los estudiantes y es muy improbable tenerlos en casa. Comenzar desde aquí sería triste y desventajoso”.

Sobre la nueva normalidad, reflexionó: “Ahora, cuando ves en una película que las personas se saludan, se besan o se dan la mano, te produce un cierto sobresalto. Esa reacción es la que mejor define a la nueva normalidad. Nada será igual en el futuro hasta que no se halle la vacuna contra el coronarivus. Una vez más, la ciencia tiene la última palabra”.

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