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@JesusHdezHquez

MIAMI.- Hace ocho meses, cuando comenzó la pandemia de coronavirus, no imaginamos que duraría tanto tiempo. Ni que sería tan difícil en Florida y la nación ponernos de acuerdo para salvaguardar la salud pública y la economía a la par.

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Y ahora, que vuelve a brillar la esperanza de la vacuna, cuando aún no se sabe con seguridad cuando comenzará a ser aplicada, las cifras de nuevos contagios vuelven a impresionar. El tercer brote del COVID-19 ha llegado a sobrepasar los 150.000 casos positivos y los 1.700 fallecimientos por día en el país.

Florida reporta unos 30 nuevos casos de coronavirus por cada 100.000 personas, muy inferior aún a los 199 que anuncia Dakota del Norte estos días, el estado más afectado en estos momentos, o los 46 que denota el país, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Pero los nuevos contagios en Florida aumentan por día. Los reportes diarios denotan cifras que oscilan entre 4.000 y 8.000 casos, según la cantidad de test que se realicen. Las hospitalizaciones también aumentan, entre 25 y 28% respecto al mes de septiembre.

En cualquier caso, la acumulación de 18.000 muertes en Florida, desde que comenzó la pandemia, o cerca de 4.000 fallecimientos en Miami-Dade “son demasiados muertos”, estableció el doctor Javier Santos, especialista en enfermedades respiratorias.

Efectivamente, el país reporta más de 260.000 muertes, una cifra muy superior a las muertes ocurridas en batalla durante la Guerra Civil (140.414 decesos, según Congressional Research Service), camino a superar los 291.557 muertos de EEUU en la Segunda Guerra Mundial.

"Ha comenzado otro rebrote en Florida", subrayó la doctora Mary Jo Trepka, epidemióloga de la Universidad Internacional de Florida. “Sabemos que es mucho más fácil subir rápidamente que bajar. Hemos pasado dos veces por eso", añadió.

En Miami-Dade, el condado más afectado por la pandemia en Florida y segundo en el país, solo superado por Los Ángeles, en California, los nuevos contagios diarios han vuelto a rebasar los 2.000 reportados, mientras los fallecimientos oscilan entre cinco y 10 diarios. Cifras muy inferiores aún a las que fueron reportadas a principios de agosto, cuando llegaron a denotar más de 4.000 casos y 50 muertes en 24 horas.

La tasa de positividad, que tiene en cuenta el índice diario de pruebas y positivos, sube paulatinamente y se acerca al límite de 10%, que es la media recomendada por el Centro Nacional de Enfermedades Contagiosas (CDC).

La buena noticia sigue siendo que solo el 10% de los contagiados desarrollan síntomas o afecciones a tener en cuenta. Y por ello, los hospitales, aun teniendo en cuenta el incremento de admisiones, reportan 577 hospitalizaciones de los más de 10.000 nuevos contagios contabilizados los últimos días.

Opinión médica

Hace apenas un mes, científicos y médicos especialistas anticipaban la llegada de “otra ola”, tanto en el país como en Florida y Miami-Dade, y que no se debería desechar entonces ni el uso de la mascarilla ni la distancia física.

“Los especialistas coinciden en que habrá otra ola, probablemente en noviembre”, comentó en aquel momento el doctor John Fernández, nefrólogo y médico asesor del Coral Gables Hospital.

Y añadió: “Estamos listos para tratar otra ola. Hemos aprendido mucho durante los últimos meses. El equipo y los suministros están disponibles. Ahora entendemos mejor cómo funciona esta enfermedad. Y podemos comenzar el tratamiento a tiempo para evitar muertes innecesarias”, sostuvo.

Además de cierto relajamiento de medidas sanitarias y la innegable posibilidad de un repunte mientras no se aplique una vacuna, persiste el incumplimiento de reglas vigentes.

Hace apenas unos días, cientos de jóvenes se apiñaron en un concierto al aire libre en la barriada de Wynwood, en Miami, donde muchos no usaron mascarillas y la mayoría no cumplió la regla de distanciamiento físico.

En otras palabras, el reglamento existente para contrarrestar el contagio no se cumplió, ni se hizo cumplir. Ni el ayuntamiento de Miami ni el Gobierno condal se manifestaron públicamente al respecto.

"Más que todo, se trata de que hay gente que no cumple las medidas básicas de salud pública porque sienten una falsa sensación de seguridad", declaró la doctora Aileen Marty, profesora de Enfermedades Infecciosas de Florida International University y asesora del equipo de contingencia de Miami-Dade.

"Esto es extremadamente grave", subrayó.

Ponerse de acuerdo

Hace unos días, la alcaldía de Miami pidió al Gobierno estatal liberar las restricciones para penalizar a quienes no usen mascarillas en lugares públicos.

Efectivamente, el gobernador Ron DeSantis mantiene la orden de no multar por dejar de usar mascarillas, al mismo tiempo que prohíbe cerrar salones interiores de restaurantes o implementar medidas que “puedan impedir que una persona trabaje u opere un negocio”.

No obstante, el condado Miami-Dade, que atraviesa en estos momentos por el proceso de transición de mandos a la alcaldesa Daniella Levine Cava, mantiene en pie ciertas regulaciones, como aforo limitado en locales comerciales, el uso de mascarillas, la distancia física entre personas y un toque de queda a la medianoche, que está destinado a evitar fiestas y conglomeración de personas.

La alcaldesa señaló que “su prioridad es atender la salud pública” y que por ello nombraba al Dr. Peter Paige director médico “para liderar la respuesta al coronavirus y el esfuerzo de recuperación, a medida que aumentan los casos en Miami-Dade”.

“La alcaldesa Levine Cava y yo compartimos la idea de afrontar esta situación con la opinión de la ciencia médica y no de los políticos”, aseguró el Dr. Paige.

“Juntos trabajaremos para llevar a cabo una respuesta más sólida y eficaz para todos, residentes y empresarios", subrayó.

En efecto, la alcaldesa anticipó que se reuniría con los alcaldes de las 34 municipalidades que conforman la jurisdicción de Miami-Dade para “juntos trabajar contra la pandemia”.

Entretanto, alcaldes de seis municipalidades pidieron al gobernador de Florida, Ron DeSantis, tomar nuevas medidas para detener la propagación del coronavirus.

“El gobernador debe implementar el uso de mascarillas en todo el estado”, señaló el alcalde de Miami Beach, Dan Gelber.

"En otros estados, los gobernadores lo hacen", subrayó el edil.

En el interín, “el Gobierno estatal insiste en restringir el poder de las administraciones locales. No hablamos de establecer otro confinamiento, sino de penalizar a quienes no usen mascarillas. Algo hay que hacer. Nadie tiene derecho a enfermar a otro”, comentó el doctor Santos.

"Centrar las protecciones en las personas más vulnerables al virus es nuestra principal prioridad", señaló DeSantis hace unos días, al mismo tiempo que defendió la recuperación de la economía.

Al principio de la pandemia, DeSantis se resistió a establecer una orden estatal de confinamiento y nunca llegó a implementar el uso de la mascarilla, pero sí estableció más tarde varias restricciones, como el control del aforo en locales comerciales, cierre de bares y gimnasios, entre otras.

Las medidas fueron relajadas a principios de mayo, antes que la mayoría de los estados. Y un mes y medio después Florida sufrió su mayor aumento de contagios y muertes.

Entonces, nuevas medidas fueron aplicadas y tras la disminución de casos a principios de septiembre, el Gobierno estatal convocó la aplicación de la fase 3, lo que muchos consideraron “reapertura total”.

En Miami-Dade, el entonces alcalde condal Carlos Giménez, cuestionó en privado, según reportaron varias personas cercanas a su entorno, la despenalización a quienes no usen mascarillas en lugares públicos. Y por ello optó por mantener la orden de cubrir nariz y boca, aunque no se multe, así como el toque de queda a partir de la medianoche y ciertas restricciones a locales comerciales.

Grover Robinson, el alcalde de Pensacola, elogió la manera que DeSantis asume la crisis de la pandemia, pero considera "contraproducente" limitar la actuación de los gobiernos locales.

De cualquier manera, la tasa de mortalidad de Florida por COVID-19 es más baja que otros estados, como Illinois, que adoptaron confinamientos más rigurosos. En ese apartado, el llamado Estado del Sol ocupa actualmente el puesto número 14, según Worldometer: unos 826 fallecimientos por cada millón de habitantes, superior a la tasa de 776 que denota la nación.

“No queremos confinamiento. Mucho menos dañar la economía. Pero si queremos usar mascarillas, mantener la distancia física, controlar la aglomeración de personas y restringir ciertas actividades por el bien de todos y el bien de la economía”, recalcó el doctor Santos.

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