MIAMI.- Desde que una joven de 29 años después de visitar Italia se convirtió en el primer caso de coronavirus diagnosticado en Florida, el pasado 1 de marzo, el número actual de infectados en el estado, hasta el momento de cierre de este reporte, se acercaba a los 32.000 y la falta de restricciones severas a los vuelos domésticos ha convertido a los viajeros locales de “zonas calientes de contagio” en promotores clave de la transmisión del virus en este estado. Ese es el resultado que permite mostrar una investigación de datos consultados por DIARIO LAS AMÉRICAS.

Desde que el gobernador Ron DeSantis emitiera una orden ejecutiva, el 24 de marzo, requiriendo que las personas que llegan a Florida procedentes de Nueva York se sometan a 14 días de cuarentena, con multas por incumplir la medida, unos 1.900 vuelos con ese itinerario llegaron hasta la semana pasada a los tres principales terminales aéreos floridanos.

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Ante esta realidad, el gobernador DeSantis, antes de emitir su proclama, solicitó a la Casa Blanca la restricción de vuelos desde los estados con mayor número de infectados por coronavirus hacia Florida, señalando que el flujo de viajeros hacia el estado dificulta la contención del contagio, pero la petición del gobernador no ha obtenido respuesta.

La Agencia Federal de Aviación (FAA) es la única entidad facultada para suspender o limitar los vuelos internos, pero recibe sugerencias de las autoridades sobre esto.

Según revelan datos del Departamento de Salud estatal, consultados por DIARIO LAS AMÉRICAS, unos 1.130 casos del total de contagios reportados en el estado hasta el jueves, habían realizado viajes a Nueva York y Nueva Jersey, los índices más altos por desplazamientos fuera de Florida.

Para medir la dimensión del repunte, 141 de los casi 2,000 casos de coronavirus de Florida para el 25 de marzo se relacionaban con viajes a Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, incluido un 8% de los contagios en Palm Beach, publicó The New York Times.

Los últimos registros revelan que entre el primero y veinte de abril, 42% de los nuevos infectados de Florida, que reportaron viajes, lo hicieron en su mayoría a Nueva York, Nueva Jersey, España, Italia y México, residentes o no del estado.

Los floridanos, no obstante, apagaron los motores de sus vehículos y dejaron las autopistas para viajes largos de hasta 250 millas.

Hasta el 21 abril en 73,6% cayó la movilidad en las carreteras de la península, en parte por el confinamiento decretado y el chok económico, revelan datos del Índice de Viajes Diarios de Arrivalist, que mide los desplazamientos por carretera del país.

Un brote de aviones

A medida que en Washington, California, Nueva York y Nueva Jersey, los casos por COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, iban repuntando a un ritmo de 100 por día a inicios de marzo, los aeropuertos de Miami, Orlando y Fort Lauderdale -los de mayor tránsito de Florida- continuaron recibiendo pasajeros desde esas ciudades a un ritmo de 210 vuelos diarios.

Se sumaba a esto, turistas asiáticos y europeos, sobre todo de Italia y España --que ya representaban focos de la pandemia fuera de China--, aterrizando en el aeropuerto de Miami a un volumen de 595 vuelos entre el 1 de febrero y el 30 de marzo.

Los análisis de vuelos del software de aviación FlightAware, reportes del Departamento de Salud de Florida, y datos recientes del Gobierno federal analizados por DIARIO LAS AMÉRICAS, dejan ver que la ausencia de una medida drástica de las autoridades competentes frente a esta realidad, pudiera estar contribuyendo a una mayor aspersión del COVID-19.

El alcalde de Miami, Francis Suárez le envió una carta al presidente Trump en la que solicitaba suspender los vuelos nacionales e internacionales desde lugares afectados por coronavirus, que llegan al aeropuerto de Miami; sin embargo su solicitud no obtuvo el consenso del alcalde del condado Miami-Dade, Carlos Giménez.

“El alcalde [Giménez] no tiene la autoridad para cerrar el aeropuerto, sin embargo, cuando el gobierno federal impuso reglas para limitar los vuelos de Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut, y otros lugares con muchos casos de COVID-19, él estuvo de acuerdo”, respondió a la consulta de DIARIO LAS AMÉRICAS a través de un correo electrónico, Patricia Abril, asistente de la Oficina de Comunicaciones del alcalde Carlos Giménez.

Giménez mostró mayor unidad e interés cuando exhortó a la Casa Blanca a suspender, únicamente, los vuelos entre Cuba y EEUU, por los primeros casos de coronavirus reportados en la isla, aunque España e Italia eran focos mundiales de la pandemia, o Brasil escalaba en contagios diarios.

“La recomendación sobre los vuelos de Cuba se hizo conociendo, después de 60 años de dictadura, que no hemos nunca podido confiar en los datos que provee el gobierno cubano sobre la realidad que existe en la isla, incluyendo otros casos de epidemias que han existido”, aclaró la portavoz de la oficina de Comunicaciones del alcalde.

El comisionado de la ciudad de Miami, Joe Carrollo, dijo que “nuestra solicitud [la presentada por la ciudad de Miami] de limitar los vuelos, se adapta a una realidad alarmante: que la ciudad de Miami tiene un aumento acelerado de contagios y había que detener el flujo de potenciales viajeros positivos con coronavirus. El tiempo nos está dando la razón”.

Justin Williams, un ejecutivo hotelero en Florida, regresó de una temporada de trabajo en Holanda, vía Atlanta, el 19 de abril. Cuenta que en la terminal de ese enorme aeropuerto las autoridades no le tomaron la temperatura ni hicieron preguntas clave de salud. Solo recibió una forma del CDC con algunas preguntas y luego abordó su conexión a Fort Lauderdale en un vuelo que estaba repleto. “Mucho menos me preguntaron cuando llegué a Florida sobre mi estado de salud o me colocaron termómetro”, relata Williams a este periódico.

Una de las propuestas al gobernador DeSantis desde la alcaldía de Miami fue “que se enviara a la Guardia Nacional para ejercer más controles sanitarios a los viajeros en los aeropuertos, en vista de que no están funcionando correctamente”, sugirió el comisionado Carrollo.

Por cielo y tierra

El 11 de marzo se conoció el primer caso por coronavirus de un viajero de Nueva York que asistía a la semana de motocicletas de Daytona Beach, un hombre de 56 años, que fue aislado para evitar contagios.

Sin embargo, al día siguiente, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, declaraba el estado de emergencia de la ciudad, con los cálculos de que en las dos semanas posteriores podrían surgir 1.000 nuevos contagiados. Las predicciones fueron acertadas, y, a pesar de esto, los vuelos continuaron aterrizando en Florida procedentes de ese destino.

Según DeSantis, solo de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut llegan a diario más de 190 vuelos directos.

Cuando la administración Trump decretó la interrupción de los viajes desde China, en vigor el 2 de febrero, la medida no tuvo mayor alcance sobre Florida al no existir vuelos comerciales directos desde el país asiático.

La suspensión por 30 días de los vuelos desde la zona Schengen (26 países europeos) anunciada por el Presidente, a partir del 13 de marzo, y luego Reino Unido e Irlanda, sí repercutió en la llegada de viajeros a Florida, aunque ya los primeros casos de coronavirus se estaban extendiendo, sobre todo, a los condados de Miami-Dade y Broward. Si el día 18 de marzo había 314 casos en todo el estado, para el 22 eran 830.

Solo por el Aeropuerto Internacional de Miami llegaron 937 vuelos desde el espacio Schengen y Reino Unido entre el seis de febrero y el 16 de marzo, y 10.000 a todo el país, según registros de FlightAware. Para entonces Europa estaba convertida en epicentro mundial de coronavirus.

Desde la entrada en vigor de la restricción a los vuelos europeos, para el 16 de marzo, hasta el 23 de abril, llegaron a la terminal de Miami 302,971 pasajeros de todas partes, pero han salido 393,661, notificaron las autoridades aeroportuarias para este reporte.

Cadena de contagios

En lo que muchos expertos de la comunidad científica y médica de Florida coinciden, es que la enfermedad pudo estar “incubándose” durante varias semanas en ciudades del estado antes de conocerse el primer caso, el 1 de marzo, con agentes contaminantes de cualquier lugar. El virus que causa el COVID-19 se propaga muy fácilmente y de manera continua entre las personas.

Conforme los contagiados y asintomáticos mantuvieron su ritmo de vida, el virus se pudo propagar afectando, primero, a los más vulnerables, y de allí una larga cadena que ha convertido a EEUU en zona cero de la pandemia, con 890 mil casos hasta este viernes, y 51.000 muertes, 1050 de ellos en Florida, según la Universidad John Hopkins.

“No va a importar de dónde vino el brote, porque la gente viaja. Hay muchas introducciones de virus en la comunidad. Al momento que este salió de China, todo fue inevitable, iba a pasar. Sino se controló en la fuente del brote, era complicado después”, advierte el doctor Michael Lauzardo, subdirector del Instituto de Patógenos Emergentes de la Universidad de Florida y prominente investigador de enfermedades infecciosas.

En el caso de Florida, dice Lauzardo, “no tenemos todavía la capacidad para decir de dónde vino exactamente el virus, porque las muestras son pequeñas, pero los estudios están en proceso para determinar la exactitud”. Tras el cultivo de la bacteria y “construir el árbol filogenético, podremos saber de dónde vino, cómo, y los modos de transmisión en una comunidad”.

Una nueva investigación, publicada a comienzos de abril, por la Escuela de Medicina Icahn en el Mount Sinai de Nueva York, reveló que el coronavirus comenzó a circular en el área metropolitana de Nueva York a mediados de febrero, semanas antes del primer caso confirmado, y que los viajeros trajeron el virus de Europa, no de Asia.

Muchos gobiernos estatales se han negado a compartir datos sobre la procedencia de sus primeros casos, pero algunos, como Nuevo México, Kansas, Dakota del Norte e Idaho, confirmaron que sus primeros contagios tenían vínculos con Nueva York o el noreste de EEUU, de acuerdo con The Intercept.

Los datos de ubicación y geoespaciales de X-Mode y Tectonix, expusieron el mes pasado una gran concentración de personas que estando Fort Lauderdale durante las vacaciones de primavera partió a Nueva York, Chicago, Filadelfia o Texas.

Esos viajeros, muchos estudiantes en universidades de Florida, dieron luego positivo por coronavirus, lo que indicó que la movilidad entre estados no hizo nada para ayudar a aplanar la curva. Por esto preocupa que una pronta reapertura de playa y parques, como proponen el gobernador DeSantis y algunos alcaldes, haga repuntar las infecciones.

Florida es el principal puerto de entrada a Estados Unidos en lo que va de año con 952.000 visitantes extranjeros en el último trimestre, desbancó a Nueva York por primera vez en una década, según datos de la Oficina Nacional de Viajes y Turismo, y solo entre enero y febrero llegaron 798.000 personas de 150 nacionalidades a los 20 principales aeropuertos del estado, un solo ejemplo que ilustra razones por las que esta pandemia se propagó vorazmente por el mundo y el “estado del sol” es una víctima más.

@franchuterias

Este reporte es de DIARIO LAS AMÉRICAS en alianza con el proyecto de periodismo ITEMP (Investigación de Temas Periodísticos)

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