MIAMI.- La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) pronosticó una temporada de huracanes en el Atlántico por debajo del promedio para 2026, con entre 8 y 14 tormentas con nombre, en una previsión atribuida principalmente al desarrollo de un patrón climático conocido como El Niño que, de intensificarse hasta convertirse en un “súper El Niño”, suprimiría la formación de ciclones tropicales justo cuando la actividad alcance su punto máximo entre agosto y octubre.
La temporada comienza el 1 de junio y se extiende hasta el 30 de noviembre, con el período de mayor actividad concentrado entre mediados de agosto y mediados de octubre, y septiembre como el mes históricamente más activo.
Los expertos insisten en que la cifra global de tormentas no elimina el riesgo para Florida, ya que un solo ciclón que toque tierra basta para convertir una temporada estadísticamente tranquila en una catástrofe para una comunidad determinada.
Qué es un “súper El Niño”
El Niño es un patrón climático natural que se origina en el océano Pacífico, cuando las aguas cercanas al Ecuador en la zona oriental se calientan al menos 0,5 grados Celsius por encima de los promedios de largo plazo. Cuanto más se calientan esas aguas, mayor es su efecto sobre la actividad tropical a escala mundial.
El término “súper El Niño” describe los episodios más extremos: para clasificar como tal, las temperaturas en el Pacífico ecuatorial deben mantenerse al menos 2 grados Celsius por encima del promedio durante un período de tres meses.
Algunos modelos de largo alcance sugieren que las aguas del Pacífico podrían calentarse hasta 2,5 grados Celsius hacia finales de año, lo que ubicaría el evento entre los más intensos observados en más de 140 años.
Estos episodios son poco frecuentes: solo se han registrado cinco desde 1950, el último entre 2015 y 2016, además de los de 1997-98, 1991-92, 1982-83 y 1972-73.
El investigador Phil Klotzbach, de la Universidad Estatal de Colorado, llegó a apodar al fenómeno de este año “Jurassic El Niño” para describir su posible magnitud, en alusión al sobrenombre “Godzilla” que recibió el episodio de 2015.
Por qué frena los huracanes en el Atlántico
El mecanismo es atmosférico. Durante los episodios de El Niño, las aguas más cálidas del Pacífico generan vientos de mayor altura, conocidos como cizalladura vertical, que se desplazan sobre la cuenca atlántica.
Esa cizalladura desorganiza y desgarra los sistemas tropicales antes de que logren formarse o fortalecerse, lo que reduce el número y la intensidad de las tormentas, según expertos.
En el Pacífico oriental, el efecto es el contrario, con vientos más débiles y condiciones más propicias, razón por la cual la NOAA prevé una temporada por encima del promedio en esa cuenca.
La previsión federal contempla entre 3 y 6 huracanes, de los cuales entre 1 y 3 alcanzarían categoría mayor (3 o superior). Una temporada promedio en el Atlántico produce 14 tormentas con nombre, siete huracanes y tres huracanes mayores.
La estimación de la NOAA coincide con la de la Universidad Estatal de Colorado, que en abril proyectó 13 tormentas, seis huracanes y dos de categoría mayor.
La firma privada AccuWeather, en cambio, se mostró menos conservadora, con una lista de 11 a 16 tormentas con nombre y la expectativa de entre tres y cinco impactos directos en territorio estadounidense.
Qué significa para Florida
Para Florida, el regreso de El Niño durante los meses centrales de la temporada se considera una noticia favorable, ya que podría traducirse en menos ciclones tropicales en las semanas de mayor actividad. A ello se suma un efecto adicional sobre las trayectorias: los episodios de El Niño tienden a desviar hacia el Atlántico abierto los huracanes que llegan a formarse, alejándolos de la costa este de Estados Unidos.
Los meteorólogos, sin embargo, recalcan que un pronóstico de baja actividad no equivale a un escenario seguro. La historia ofrece advertencias contundentes: el huracán Andrew, de categoría 5, que arrasó el sur de Florida en 1992, se produjo en un año de El Niño en el que apenas se formaron siete tormentas con nombre.
La temporada de 2025, por su parte, registró tres huracanes de categoría 5, a uno solo del récord histórico, pese a haber sido cercana al promedio en número de sistemas.
“Es muy importante que todos, desde el sur de Texas hasta Maine, se preparen por igual para cada temporada de huracanes, independientemente del pronóstico oficial”, advirtió Alex DaSilva, experto principal en huracanes de AccuWeather.
“Incluso si se espera una temporada ligeramente por debajo del promedio, aún podemos ver grandes impactos en Estados Unidos”, agregó.
Debate de los meteorólogos
La discusión técnica no gira en torno a si El Niño se desarrollará, sino a cuándo y con qué fuerza. El Centro de Predicción del Clima emitió una vigilancia de El Niño el 12 de marzo, mientras aún persistía La Niña, algo inédito en registros de unos 15 años.
El propio Klotzbach calificó su llegada como “una apuesta bastante sólida, no algo seguro, pero una buena apuesta”, y subrayó que se basa en una amplia coincidencia de modelos.
El punto más delicado del debate es el calendario. Si el fenómeno alcanza su mayor intensidad cerca del pico de la temporada, la supresión de huracanes sería más marcada en la segunda mitad.
La incertidumbre la resumió el director del Servicio Meteorológico Nacional de la NOAA, Ken Graham. “Aunque el impacto de El Niño en la cuenca atlántica a menudo puede suprimir el desarrollo de huracanes, todavía hay incertidumbre sobre cómo se desarrollará cada temporada”, sostuvo.
“Solo se necesita una tormenta para que una temporada sea muy mala”, dijo en tono de advertencia.